Cooperativismo

Convicción y honestidad

Nacida en 1965, llegó a tener 7.000 asociados y motorizó importantes obras, convirtiéndose en un emblema de Mar del Plata. Hoy es una de las filiales de Credicoop en la ciudad balnearia.

1973. La comisión de jóvenes fue uno de los rasgos distintivos de la entidad. En la foto, marchan a un acto por el Día de la Cooperación.
El 20 de junio de 1965 nacía una de las experiencias pioneras del cooperativismo de crédito de Mar del Plata. Ese día, en asamblea constitutiva, comerciantes, empresarios y vecinos fundaban la Cooperativa de Crédito Juan B. Justo, una entidad que se convirtió en emblema del desarrollo comunal y en símbolo de los valores cooperativos aplicados con convicción y honestidad.
Bajo esa línea de conducta, Tomás Fanchi fue un dirigente ineludible cuando se aborda la historia de «la Juan B Justo». Fue su impulso inicial el que permitió lanzar, junto a otros cooperativistas, una caja de crédito solidario que, al poco tiempo, se instalaría en la ciudad como un actor principal para la economía de una zona en la que prevalecían los pequeños y medianos empresarios, los comerciantes y los trabajadores. «Confianza recíproca y solidaridad social han dado calor humano a todos nuestros esfuerzos», decía Fanchi, en un artículo de Acción de abril de 1972, sobre los pilares de una cooperativa que comenzó con poco más de 400 asociados y que llegó a alcanzar los 7.000. Ese crecimiento estuvo dado por las características de una entidad que se diferenciaba de los grandes bancos. Sus dirigentes eran vecinos del barrio, el crédito era amplio e inclusivo y su andar no solo beneficiaba a quienes pedían préstamos, sino que impactaba en la comunidad con obras y ayuda a organizaciones sociales. «En ese entonces –1965– nos conocíamos prácticamente todos y teníamos la suerte de que los que tuvieron la visión de crear la cooperativa, además de ser excelentes vecinos y de probada moralidad, tenían un gran poder de convocatoria, tanto es así que gracias a esa gente pudo crecer la cooperativa en forma muy rápida», contaba Julio del Río, dirigente de la caja, al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito.
 
Un sueño cumplido
«Para hacer una cooperativa primero tiene que haber un conocimiento previo de la vecindad, que va a poner en marcha una herramienta para construir sueños, porque de eso se trataba», explicaba, al mencionado archivo, Ramón Quiroga, otro de los dirigentes de la Cooperativa de Crédito Juan B. Justo. Y muchos sueños personales se cumplieron. La entidad marplatense contribuyó a la puesta en marcha de numerosos proyectos de vecinos que anhelaban un mayor bienestar. «Tenemos el orgullo de haber podido ayudar a mucha gente que con un pequeño comercio y, a través de los créditos cooperativos, fue creciendo hasta que llegaron a ser, en algunos casos, empresarios. Eso ocurría con mucha frecuencia. Numerosas familias se independizaron y se hicieron fuertes comerciantes a través del apoyo crediticio de la cooperativa», afirmaba Quiroga.
Casa propia. Tras 5 años de trabajo, se logró tener un imponente edificio.
Pero no solo eran sueños personales. Estaban los sueños institucionales de la propia cooperativa y las aspiraciones sociales de una comunidad. En sus 14 años de existencia, Juan B. Justo construyó un caudal de logros destacado. A los cinco años de su nacimiento ya tenía un importante edificio, fue una de las primeras entidades del cooperativismo en aplicar procesos informáticos a su operatoria, creó Tesón, su propio medio escrito informativo, formó la Asociación Mutual Intercooperativa y también tuvo participación en la fundación de Acooperar (órgano que nucleaba a varias cooperativas de Mar del Plata y zonas cercanas). Como parte de una preocupación por el barrio que iba más allá de lo financiero, la cooperativa desplegó parte de su trabajo social con un hito relevante que fue contribuir a la construcción del Hospital de la Comunidad. Sus fundadores, un grupo de médicos locales, llegaron a la entidad para solicitar un crédito que permitiera iniciar el proyecto. Esto fue además el puntapié para un convenio de asistencia médica al que podían acceder todos los asociados, con el costo de ingreso a cargo de la cooperativa.

Valor social
A estas realizaciones se sumaban otras como la pavimentación y el contacto y colaboración permanente y conjunta con clubes, sociedades de fomento y parroquias, entre otras organizaciones vecinales y comunales. «Había que mejorar el barrio pero no había manera de financiar y eso fue ayudando a crear conciencia en la gente y a agruparse a través de la cooperativa que lo hacía posible», recordaba Quiroga al archivo cooperativo. «No solo se trataba de crear una herramienta crediticia y demostrarle a los bancos, que en ese momento no le daban un peso a la pequeña y mediana empresa, que nosotros nos podíamos manejar solos, sino que también la cooperativa tenía la inquietud de lo social, cultural, de lo educativo, de lo recreativo», expresaba también Agustín Bergés al archivo cooperativo.
La cooperativa también contaba con una activa agrupación de jóvenes «de una gran potencialidad», según recordaban los dirigentes. «Incluso se compró un ómnibus Mercedes Benz para recorrer el país y conocer a la gente, una práctica que se complementaba con el campamentismo; había carpas para que ellos disfrutaran haciendo un campamento en Sierra de la Ventana, era una cosa muy linda», recordaba Quiroga. También rememoraban las fiestas de la entidad, donde a veces se reunían «más de 1.000 personas.
«Todo movimiento popular que, de alguna manera, afecta a ciertos intereses siempre encuentra resistencia y, bueno, las primeras dificultades las tuvimos al poco tiempo», decía del Río sobre los ataques al sector. La caja marplatense estuvo en la mira de las dictaduras de 1966 y 1976. En rigor, todo el movimiento del cooperativismo de crédito sufrió los embates dictatoriales que tenían como fin desarticular esa forma de economía popular, un obstáculo al lucro de los emporios financieros. Juan B. Justo sobrellevó el ataque de 1966 y para finales de la década del 70 tuvo que convertirse en banco cooperativo. Se transformó en  Banco Oceánico, integrado junto a las cajas de crédito Monolito y Necochea. Hoy es una de las filiales del Banco Credicoop en Mar del Plata, heredera de aquella gesta popular. De hecho, se levanta sobre el edificio original que ocupaba la caja, en Independencia 4412.
Tras esas reconfiguraciones, la vida de la caja marplatense pasó a ser un ejemplo de «tesón cooperativo», como pregonaba su diario. Además de los dirigentes mencionados, otros como Osvaldo Petruchi, Diego Soria y Juan Carlos Chini son parte de su memoria. Su valor principal estuvo encarnado en personas con un compromiso férreo con el bienestar social y la gente del barrio. «Los primeros dirigentes –concluía Bergés– siempre tuvieron una conducta muy prudente, nunca dieron un paso en falso y supieron conducir en todos los tiempos, a pesar de las distintas dificultades. Realmente se defendieron muy bien los intereses de los asociados y esa conducta fue acrecentándose, de manera que nuestra cooperativa fue una casa de mucho prestigio».