Cooperativismo

Emblema de Pompeya

Fue una de las entidades que dio origen a la regional Buenos Aires del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Nacida en 1958, hoy es una de las filiales del Banco Credicoop.


Actor central. La actividad de la caja tuvo un gran impacto en las empresas del barrio.

 

Creada en 1958, poco antes de la fundación del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Chiclana Sociedad Cooperativa de Crédito Limitada fue una caja emblemática del barrio porteño de Pompeya. Desde un pequeño espacio en la calle Alagón e impulsada en sus comienzos por integrantes de la colectividad judía, la entidad construyó, con el correr de los años, una amplia trayectoria apoyada en el ideario cooperativo y en su andar solidario y abierto a la comunidad. «Teniendo como meta los principios de Rochdale y como necesidad del barrio el buscar una solución a los urgentes problemas de un nutrido grupo de la población en el terreno de la economía, en 1958 fundamos nuestra entidad con todo entusiasmo», decía en 1973 a Acción Andrés Soto, vicepresidente de la cooperativa, que fue además una de las cajas que dio origen a la regional Buenos Aires del IMFC.
«Nuestro crecimiento fue vertiginoso», explicaba Soto sobre la operatoria de la cooperativa que, como muchas otras, permitía obtener crédito a distintos sectores sociales que no accedían a los grandes bancos. La década del 60 fue un momento en el que, con el impulso del IMFC, la tarea del crédito cooperativo impactaba de manera contundente en las comunidades populares. Se multiplicaban las entidades en todo el país y se ampliaba la cantidad de asociados. La de Chiclana fue una de las cajas que estuvo desde los momentos iniciales de ese proceso que luego iba a convertirse en un periodo de expansión consolidada del movimiento de las cooperativas de crédito. «Eran tiempos en que, cada semana, cada quince días, llegaba la inauguración de otras cooperativas, era un auge tremendo», recordaba Alberto Simón, dirigente de la caja, en una entrevista brindada al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito.

 

El pilar de la confianza
Chiclana buscaba insertarse en el barrio como un actor principal para mejorar la situación de sus habitantes. Para ello, y de acuerdo con el ideario cooperativo de sus dirigentes, el trato con sus asociados era singular. Según explicaba Simón, «había casos de gente que no era muy solvente para pagar los créditos que pedía, pero, por la convicción de que con ese pequeño crédito podía avanzar, se lo otorgábamos». Confianza y solidaridad motorizaban el transcurrir diario de la relación de la entidad con sus asociados. «Se quería hacer algo para el barrio. En fin, que tuviera trascendencia, que pudiera ayudar y que pudiera impulsar a la pequeña y mediana empresa», agregaba el cooperativista.

 


Cultura para todos. Charlas, torneos y conciertos eran parte del quehacer cotidiano.

 

Durante varios años la caja de Pompeya permaneció en el local de la calle Alagón. En 1964 el deseo de tener un edificio propio pudo concretarse y la entidad comenzó a operar en su nuevo establecimiento de avenida La Plata. Ese cambio permitió expandir la actividad cultural y social de la caja, otra de las metas de las cooperativas de crédito de aquellos tiempos. Conciertos –Mercedes Sosa y Horacio Guarany, entre otros artistas notables– campeonatos de ajedrez y truco, charlas –con el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE) o el IMFC–, festivales deportivos y aportes a distintas instituciones de bien público eran parte de la tarea que llevaba adelante la caja Chiclana, insertada en un contexto territorial donde prevalecía el interés social. «En esta zona la inquietud social de los habitantes ya es tradición», explicaba, en el mencionado artículo de Acción, Pedro Birman, presidente de la caja. «Una vez visto el accionar de la cooperativa, que no discriminaba, que no se imponía nada, venían y se acercaban y quizás con más fervor que otros», reafirmaba Simón sobre el perfil de una organización de puertas abiertas.

 

Ofensiva dictatorial
Luego de transitar los duros periodos que implicaron para el cooperativismo de crédito la ofensiva de las dictaduras de 1966 y 1976, la caja Chiclana se convirtió en lo que hoy es la filial Pompeya del Banco Credicoop. Tras el proceso de fusión que dio origen al banco cooperativo, muchos de los dirigentes de las cajas permanecieron, ya con otras responsabilidades, en el quehacer cotidiano de Credicoop. Lo hicieron con la misma convicción y los mismos valores que guiaron la labor que iniciaron con sus entidades originarias de crédito. Es el caso de Samuel Dawidson, que fue uno de los pioneros de la caja del barrio de Pompeya y que comentaba en 1997 al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito: «Nosotros pensamos siempre que somos cooperativa, porque nuestro lema es la solidaridad. Hay momentos que se puede aplicar correctamente y hay otros momentos que son más difíciles. Pero yo pienso que el principal lema de nuestra actividad es la solidaridad. O sea, que no debemos dejar de presentarnos como una institución financiera con principios solidarios. Caso contrario, dejamos de ser lo que fuimos y para lo que nos fundamos».
La experiencia de las cajas de crédito dejó una huella profunda en la vida de sus dirigentes. Los formó y los transformó. «Tengo que reconocer mi agradecimiento al movimiento cooperativo pues me permitió hacer muchas cosas y hasta elevarme intelectualmente, por la gente que venía y que viene a las comisiones. Después, por hacerme sentir que, en fin, he podido colaborar para hacer algo de bien, no solo pensar en mi provecho personal, sino en mejorar la situación de los demás y del país», confesaba Alberto Simón. Y Dawidson culminaba, por su parte, sobre la consigna principal de un cooperativismo cimentado en el aporte trascendental que implicó el desarrollo de las cajas de crédito: «Se trata de una filosofía humanitaria, de solidaridad, que es nuestra filosofía. Si no hay solidaridad el ser humano es una bestia, se comen el uno al otro y chau. El problema de las soluciones humanas reside en una democracia efectiva y en una cultura, en un desarrollo en el cual el hombre sea la primera figura, y no el dinero».