Cooperativismo

Experiencia señera

Fue una de las cientos de cajas que florecieron durante la década de 1960, impulsada por la intensa actividad del IMFC. Gracias a su labor, otras entidades se fundaron en la localidad bonaerense.


En la prensa. Lo primeros pasos de la caja, reflejados por los medios locales.

 

En 1965, un grupo de vecinos de Trenque Lauquen lanzó una alternativa de desarrollo local a través de la creación de la Caja Popular de Crédito Cooperativa, con el respaldo del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. El movimiento solidario se amplió en la comunidad (donde ya existían cinco cooperativas) a través de esta institución y generó posibilidades de crédito frente a las dificultades que encontraban pequeños y medianos comerciantes, profesionales, artesanos, clubes e  instituciones intermedias en el circuito bancario tradicional.
El 4 de mayo de 1965, en el local de la Cámara de Comercio, se reunió un grupo de comerciantes con el fin de formar una cooperativa de crédito auspiciada y asesorada por el IMFC. La entidad abrió sus puertas el 19 de setiembre de ese mismo año. El presidente del consejo de administración, Eduardo Devoto, señaló en dicha ocasión los propósitos y finalidades del organismo. «No venimos a competir con nadie, ni vemos enemigos en nadie», señaló. Y remarcó que tanto él como los demás integrantes del cuerpo directivo tenían conciencia de las dificultades que habría que enfrentar en la operatoria de la flamante caja, pero que habían asumido la responsabilidad de su conducción, con la certeza de que se emprendía con ello «una obra de positiva utilidad para Trenque Lauquen». Por parte del IMFC estuvo presente Nelson Giribaldi, entonces consejero de la entidad.
«Éramos un grupo de vecinos muy idealistas, soñábamos con lograr el bienestar general, y poníamos toda nuestra energía en lograr el progreso de la comunidad. Era una época donde la palabra dada valía. En algunos casos de vecinos muy conocidos, no se necesitaban firmar papeles ni garantías. Simplemente lo charlaban los miembros del Consejo local y el gerente, y concedían el préstamo», afirmaba Ramón Nazar, uno de los integrantes de la caja, en una entrevista del año 2012. Las palabras de César Conesa, otro de los integrantes, también traslucen la confianza depositada en la caja y también la animosidad que había generado la situación económica posterior a 1955: «Era un despertar de la sociedad. Era otra cosa. Los bancos eran muy selectivos. Recuerdo el tiempo como una epopeya, un sueño realizado».
A pocos meses de su creación, la caja ya contaba con 12.111.633 pesos en préstamos directos e indirectos otorgados. El éxito no era solo de ellos: idéntica situación se observaba en la vecina localidad de Pehuajó, que había emprendido el mismo desafío en paralelo y que llegó a contar con 1.000 socios antes del año de su funcionamiento.
El acceso al crédito era fácil en función del conocimiento que se tiene de las personas en las comunidades chicas, pero algunos autores señalan que a veces esta confianza jugaba una mala pasada a las Cajas, porque, sin poner en duda la solvencia moral de las personas, no siempre podían hacer frente a sus obligaciones y se debilitaba todo el sistema. Una situación de este tipo sucedió en Trenque Lauquen. «No se podía ser una sociedad de beneficencia», dice Conesa, sin soslayar otras condiciones que también ayudaron a su desmoronamiento: Trenque Lauquen se mostró activo frente al acecho de aquellos que querían poner freno a la expansión del crédito cooperativo y que obstaculizaban el ímpetu inicial. En palabras de Ángel Petriella: «La Asociación de Bancos de la República Argentina y la Asociación de Bancos del Interior reclaman medidas y toman una serie de decisiones que afectan a las cajas de crédito cooperativas. El Banco Nación dispone, mediante circular de su directorio, prohibir a sus clientes la negociación de cheques librados por las cajas, la supresión de servicios a éstas e incluso el cierre de sus cuentas corrientes. La inmediata respuesta del movimiento cooperativo será la de rodearse de organizaciones sociales y personalidades para defender la continuidad de la experiencia cooperativa».

 

Tiempos difíciles
 El 8 de agosto de 1965 se realizó un imponente acto en el Luna Park, al que asistieron representantes de las diversas ramas de la cooperación, del movimiento obrero, gobernadores, legisladores e incluso el entonces vicepresidente de la Nación, Carlos Perette. El acto fue multitudinario y la voz de Perette, defensor tenaz del cooperativismo, se hizo sentir: «Queremos quebrarle el espinazo a los explotadores del pueblo argentino», expresó.
La ofensiva llegó con un nuevo golpe militar. El gobierno de la «Revolución Argentina» encabezado por Juan Carlos Onganía inició, a poco de tomar el poder, un doble ataque al movimiento cooperativo: puso en vigencia una normativa restrictiva de su operatoria y acentuó la campaña difamatoria contra las autoridades del IMFC en los medios de prensa, lo que originó una crisis de confianza con la consiguiente «corrida» entre los ahorristas. Pese al esfuerzo realizado para revertir la situación, hacia 1973 solo sobrevivían aproximadamente 400 entidades. Entre las cajas que no superaron esa etapa, se encuentra la de Trenque Lauquen.
El 24 de agosto de 1968, ante la natural inquietud de los asociados, el consejo de administración brindó –a través de una solicitada– explicaciones en las que se reflejaba tanto el desencanto como la ilusión de solucionar el conflicto. En el escrito se expresaba que «la Caja de Crédito ha cumplido una innegable función social poniendo al servicio de sus asociados todos sus escasos recursos financieros. Son conocidas las dificultades de diverso orden que debió sortear desde su nacimiento, comenzando por la falta de un real y efectivo apoyo, y concluyendo con las trabas impuestas por normas oficiales que en lugar de posibilitar su crecimiento cercenaron su operatoria». Asimismo, señalaba que se habían celebrado reuniones con los asociados informando de su marcha y sus problemas. «El 5 de mayo de 1968, fecha de la última asamblea ordinaria, se designó un nuevo Consejo que no logró hacerse cargo al conocer la delicada situación financiera de la institución». Luego de algunos meses se resolvió liquidar la operatoria de la caja, dando cuenta al Banco Central con acogimiento al artículo 27 de las normas básicas del decreto-ley 16.898. También se informaba que el consejo de administración había elaborado un plan de devolución de los depósitos. «En la Asamblea recogimos el aliento de personas e instituciones para esa recuperación. Por ello confiamos en la posibilidad de su reapertura», señalaba la solicitada.  Como expresó Juan Ramón Nazar: «La gente tenía miedo. Nos consideraban “peligrosos”. No existía una conciencia entre la población que los moviera a defender esto que era de todos y para todos».  
Sin embargo, la semilla cooperativa que la caja plantó volvió a brotar dos décadas después. «El banco de los socios y para los socios ahora también al servicio de Trenque Lauquen y su zona de influencia», anunciaba la publicidad del Banco Local Cooperativo Limitado, filial de la entidad con casa central en Chacabuco, que abrió sus puertas el 26 de marzo de 1982. En 1995, la entidad pasó a formar parte del banco Coopesur y finalmente, en 1997, el Banco Credicoop, siguiendo la orientación del Instituto Movilizador, incorporó a su membresía a dicha entidad, preservando de esta forma la presencia de la banca cooperativa en Trenque Lauquen.

*Nota elaborada en base al artículo «El crédito cooperativo en Trenque Lauquen», de María Cristina Goires y Gabriela Ibarzabal, publicado en el número 209 de la Revista Idelcoop (año 2013).

Asesoramiento histórico: Daniel Plotinsky
Fotos: Archivo Acción