Cooperativismo | MILGE

Mucho más que telas

La cooperativa textil de Córdoba recibió la visita de dirigentes del IMFC y funcionarios públicos locales. Entramado solidario para generar oportunidades.

Sinergia. Las asociadas encabezaron un recorrido por las instalaciones de Santa Isabel.

Una visita institucional a la cooperativa de trabajo Milge en su fábrica textil del Barrio Santa Isabel, Córdoba, reunió a Pablo Tissera, jefe de la filial Córdoba del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos; Nadir Nifur, director de Cooperativas y Mutuales de la ciudad de Córdoba; y a Martín Giesenow, subdirector del Parque Educativo Sur de la ciudad. Fueron recibidos por Edith Perea, tesorera; Graciela Rojo, presidenta; y Nancy Rosales y Silvia Bravo, asociadas; junto a otras integrantes de dicha cooperativa. Durante la jornada de trabajo se realizó un fructífero intercambio de información y proyección a través de programas para realizar en conjunto: «Desde el IMFC acompañamos a Milge con el programa de microcréditos –dijo Tissera– con fondos destinados a la compra de insumos, específicamente de telas, para la producción de prendas de vestir. Creemos relevante el respaldo a esta producción cooperativa y más en tiempos de crisis, pues es una gran generadora de puestos de trabajos, principalmente para mujeres».
Giesenow, funcionario de uno de los espacios de aprendizaje y contención para la inclusión de la Municipalidad de la ciudad de Córdoba, afirmó: «Desde este parque educativo promovemos el asociativismo entre cooperativas y empresas, con el objetivo de fortalecer el empleo y la cuestión social, haciendo hincapié en lo educativo-formativo, con la finalidad de generar oportunidades concretas».

Los comienzos
La cooperativa, nacida en 2009, fabrica marroquinería y productos textiles. «Fue fundamental para nosotras haber recibido el dinero para nuestra primera máquina desde un programa social de la municipalidad –aseguró Graciela Rojo–, como también las líneas de fomento para microcrédito y todo el asesoramiento de cooperativas, mutuales y empresas sociales». Edith Perea recuerda que todo comenzó cuando con un grupo de mujeres comenzaron a hacer disfraces y trajes para las clases de patín de sus hijas e hijos. «Sentimos el deseo de crecer e incorporar a mujeres que tuvieran nuestras mismas necesidades, es decir, ganar el dinero responsablemente pero con flexibilidad horaria y sin sufrir maltrato, así fue que nos asociamos seis y empezamos a conformar la cooperativa marroquinera de carteras artesanales, con la idea de convertirnos en una empresa textil de indumentaria».
Con asistencia técnica de la Municipalidad de Córdoba y un programa de Nación que les permitió comprar máquinas de coser, le dieron forma a la iniciativa. «Lo que más nos entusiasma es que esta cooperativa nos permite negociar cuestiones personales; en mi caso, vivo lejos de este taller y tengo hijos muy pequeños, entonces puedo llevar el trabajo a mi casa y así producir muy a gusto», dice Rosales.
Apenas se ingresa a la sede de Milge, la recepción es un gran muestrario de las diversas prendas textiles y objetos varios que fabrican en la cooperativa de trabajo. «Acá tenemos chaquetillas, pantalones cargo, ropa de trabajo para municipalidades, que se nos paró un poco por efectos de la pandemia –dice Silvia Bravo–, así que empezamos a producir uniformes escolares y remeras sublimadas, camisas de vestir, tazas, almohadones y objetos que pudiéramos vender en ferias».
El trajín en el sector de producción de Milge es continuo, los turnos finalizan pero los puestos –en cada una de las 30 máquinas de coser– nunca quedan vacíos en el transcurso de la jornada: «Tenemos capacidad para fabricar muchas más cosas, cómo camisas ignífugas y overoles con guantes; también mochilas hídricas para bomberos», explica Rojo. Entre los proyectos está el de conseguir empresas como clientes fijos para poder mejorar el ingreso a todas las asociadas y crear un taller de capacitación para jóvenes, la franja etaria más aquejada por la falta de empleo.


Texto y fotos: Bibiana Fulchieri