Cooperativismo | CÓRDOBA

Objetivo: salir adelante

La cooperativa de Barrio Muller alberga a una veintena de jóvenes en proceso de recuperación de adicciones. Las herramientas: empleo y educación.

La parroquia. El grupo construye objetos de uso cotidiano y viviendas a partir del reciclado de plástico.

A cuatro kilómetros del centro de la ciudad de Córdoba está Barrio Muller, donde un conglomerado de ecocasas, que rodean una fábrica propia de madera plástica, contiene a una veintena de jóvenes en proceso de recuperación de adicciones, a la Cooperativa JSA (Jóvenes Saliendo Adelante) y a la Fundación Mundo Muller, cuyo referente es el cura párroco Mariano Oberlin. El sacerdote recibió a Pablo Tissera –jefe del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, filial Córdoba– para dar a conocer el trabajo realizado desde la economía social con triple impacto: empleo y rehabilitación; reciclado de residuos; y educación e inserción comunitaria.
«Vine acá en 2010, a la parroquia Crucifixión del Señor a la que pertenecen dos barrios: Muller y Maldonado y también seis villas cercanas –explica a Acción Mariano Oberlin mientras trabaja al aire libre entre los jóvenes convivientes en la fundación–, todos lugares con problemas muy graves en los hogares, como la falta de plata, comida e hijos con abuso de consumo», rememora Oberlin. Luego enumera cómo fue acompañando para ayudar a la comunidad: «Entendí que había que construir de inmediato proyectos de vida a través de espacios de trabajo; la creación de la fundación fue una herramienta importante en este proceso y en términos laborales e ideológicos, armamos una cooperativa».
Las primeras labores de esta incipiente cooperativa integrada por jóvenes en recuperación estuvieron vinculadas con la construcción de objetos de uso cotidiano y viviendas a partir del reciclado de plástico. Una casa prototipo de dos pisos realizada en la localidad serrana de Agua de Oro –a partir de una estructura con botellas compactadas y terminación tradicional– fue muy importante para sellar el compromiso a largo plazo del grupo cooperativo. Así lo recordó el padre Oberlin: «Para estos chicos que construyeron esa casa con productos reciclados fue algo muy fuerte, porque ellos mismos se sienten elementos descartados de la sociedad y al comprobar que esos elementos descartados como basura, las botellas plásticas por ejemplo, pueden hacer un hogar habitable y confortable, cambia todo», asegura Oberlin marcando este hecho como un hito a partir del cual lograron sistematizar el esquema de construcción y empezaron a crecer desde el trabajo colaborativo.
«La obligación de los chicos de trabajar todos los días durante ocho horas diarias fortaleció al grupo y fuimos logrando tener nuestros camiones y pala mecánica –remarca el párroco, quien asume el cargo de gerente cooperativo– y fuimos construyendo estas cinco casas que tenemos acá, para que vivan veinticuatro personas en proceso de recuperación y se sustenten fuentes laborales».
También lograron crear la Fundación Moviendo Montañas, a partir de la cual, con la SEDRONAR y la municipalidad de Córdoba, construyeron el Centro de Acompañamiento Comunitario, donde brindan atención psicológica, imparten talleres, actividades físicas y recreativas, cursos y estudios hasta nivel universitario.

Pasar la abstinencia
«Llegué a la Fundación Mundo Muller porque me trajo de la mano mi hijo de siete años, ¿se entiende el estado en que estaba?», comenta a Acción Matías Mercado, presidente la Cooperativa Jóvenes Saliendo Adelante, mientras hace una visita guiada por las casas ecológicas que construyeron y la fábrica de madera plástica de la que salen juegos para niños, postes, bancos de plaza, listones para deck, etcétera.
Mercado fue uno de los primeros en impulsar el trabajo cooperativo y hoy es un gran referente de la comunidad Mundo Muller, y relata: «Lo primero que me pasó cuando entré a la fundación es que me curaron la lastimadura interna que tenía; me dieron un techo, ropa, comida y empecé a trabajar en el galpón de carpintería, allí pasé la abstinencia», recuerda Mercado, quien resalta que al estar «limpio» logró terminar el secundario y empezar una carrera universitaria. «Después creamos la fábrica de madera plástica y ahora con la Cooperativa Jóvenes Saliendo Adelante, en convenio con la municipalidad de Córdoba, nos dedicamos los siete integrantes al mantenimiento de los espacios verdes. También vamos sumando otras iniciativas, como la de recuperar el monte nativo que rodeaba el barrio; tenemos un vivero y queremos ir poniendo bancos y juegos para niños», dice Mercado. También sueñan «con hacer una ciclovía e iluminar hasta la puerta de los colegios de la zona, la cooperativa es la gran contención de nuestras vidas», asegura.
Al finalizar el recorrido por Barrio Muller y Maldonado, para conocer los alcances del trabajo colectivo, Pablo Tissera expresa: «El IMFC y la filial San Vicente del Banco Credicoop se vincularon hace más de cinco años con la obra del padre Oberlin, cuyo objetivo es la inserción sociolaboral de jóvenes con problemas de adicciones, mediante el amor, la solidaridad y el trabajo cooperativo. Esto nos demuestra que otro mundo es posible».


Texto y foto: Bibiana Fulchieri