Cooperativismo | EJÉ LIVERA

Para cuerpos reales

En la Villa 31, tres mujeres conforman un grupo precooperativo que produce lencería inclusiva. Con gran demanda a través de las redes, buscan sumar nuevas integrantes.

Sin discriminar. «Si te gusta, hacemos que te vaya», el lema bajo el cual trabaja Ejé Livera.

JORGE ALOY

Sentirse libre. Ese es el leitmotiv de Ejé Livera, la cooperativa textil especializada en ropa interior inclusiva de la Villa 31 (CABA), creada en la Casa de la Mujer y las Disidencias de la organización social La Poderosa. Para sus integrantes, no hay diferencia entre la gorda o la flaca, la cis o la trans: todas tienen posibilidad de conseguir la lencería que deseen, y si no hay en stock se realiza a medida.
Con una mirada feminista y a favor de la inclusión y la diversidad, antes de lanzarse a fabricar decidieron hacer un estudio de mercado. «Nos conocimos y empezamos a charlar sobre cómo y dónde capacitarnos, cómo organizarnos y pagamos un curso que me permitió traer los moldes y la información. Fue así que empezamos a definir con qué telas íbamos a trabajar, cuál iba a ser la imagen de la cooperativa y de la marca, y a qué público nos dirigiríamos», relata Gabriela Domínguez, una de las integrantes, y continúa: «Para ello elaboramos unas preguntas que les hicimos a varias conocidas. Esta consulta mostró claramente que a muchas mujeres que no cumplen con el estereotipo socialmente impuesto de belleza se les complica conseguir lencería que les guste y que les quede linda. Y fuimos por ese lado». Junto a Ana María Barrientos y Karen Escalante, son las responsables de llevar adelante el emprendimiento.
Si bien aún no están constituidas legalmente como cooperativa, funcionan con esa forma de gestión a partir de un reglamento interno. Cada fin de mes, con lo recaudado, evalúan cuánto es necesario reinvertir y cuánto distribuyen. «Nos conocimos las tres en La Poderosa», relata Domínguez, que está al frente de la contabilidad, el sitio de Instagram, de recibir los pedidos y realizar los envíos. «Yo hice un curso de costura y siempre me interesó la lencería y ella (por Ana Barrientos) estaba terminando el Bachillerato Popular en el Che Guevara. Como siempre estuvo la idea de armar una cooperativa de ropa interior, la sumamos a Karen y arrancamos».
La marca es un sello que las distingue: «Aquí hay mucha gente binacional, entonces, le pusimos un nombre en guaraní, Ejé Livera, porque nos pareció que era una forma de unificar las culturas. Se le ocurrió a una compañera del bachi y nos encantó», cuenta Ana Barrientos, encargada de cortar los moldes y hacer los breteles. La tercera pata de la textil, Karen Escalante, es la que domina las máquinas de coser, equipos que consiguieron gracias al préstamo que les dio el taller de capacitación Innoves. Otras dos máquinas las pudieron adquirir por otro préstamo, en este caso del Banco Credicoop.

Un éxito inmediato
El lanzamiento de la cooperativa textil fue en el 34º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias, realizado en La Plata en 2019. «Fue impresionante lo que vendimos, nos quedamos sin ropa. De hecho, hay gente que nos sigue haciendo pedidos y nos dice que nos conocieron en La Plata», cuenta Barrientos.
La pandemia, con todas sus dificultades, tuvo aspectos positivos para la cooperativa ya que, si bien cerraron el local donde funcionaban, el trabajo tuvo continuidad desde las casas y a través de las redes sociales. «Estuvo bueno porque nos aumentó la venta, ya que nosotras antes solo íbamos a ferias. Al no poder salir la gente estaba todo el tiempo con el Instagram y compraba», narra Gabriela Domínguez. Con casi 5.500 seguidores en esa red, se puede ver allí a las modelos: sus madres, tías, cuñadas o hermanas luciendo los conjuntos, identificados con nombres de flores como clavel, camelia, alelí, lirio, amapola o margarita. A través de Instagram también han realizado colaboraciones con celebridades de la talla de Natalia Oreiro. «Nosotras no vamos a discriminar. No importa cómo sea tu cuerpo: si te gusta, hacemos que te vaya», sostienen.
Como La Poderosa, Ejé Livera también tiene un grito, el de poder sumar cada vez a mayor cantidad de compañeras «porque muchas son víctimas de violencia de género y sostenes de hogar y queremos capacitarlas para que no dependan de un hombre, así como también sumar a compañeras travestis y trans», concluye Ana María Barrientos. En otras palabras, expandir la libertad que da el trabajo asociativo.


Beatriz Chisleanschi