Cooperativismo

Parte de la comunidad

Nacida para ayudar al centro cultural, deportivo y educativo Itzjak Leib Peretz, la histórica entidad pronto se convirtió en un emblema del barrio ubicado en el partido bonaerense de San Martín.

Progreso. Pocos años después de su fundación, la caja consolidó su actividad.

 

En 1951, Abraham Epsztein, Samuel Grinberg y Jaime Grunvald decidieron fijar las bases de una cooperativa de crédito nacida al amparo de una de las instituciones más reconocidas de la localidad bonaerense de Villa Lynch (partido de General San Martín), el recordado centro cultural, deportivo y educativo Itzjak Leib Peretz. Allí, en la entidad que congregaba a una porción importante de la colectividad judía de la zona, los tres pioneros dieron impulso, desde una de las aulas de la institución, a lo que más tarde sería, ya en forma definitiva, Villa Lynch Cooperativa de Crédito Limitada.
Según explica Nerina Visacovsky en el libro Un caso emblemático: el Peretz de Villa Lynch, la caja de créditos nació con la misión inicial de ayudar a sostener su actividad educativa. «Los fondos que aportaba a la escuela fueron fundamentales cuando esta dejó de recibir el subsidio de Vaad Hajinuj –institución promotora de la educación judía– en 1953», indica la autora. Durante sus primeros tiempos, la caja de créditos atendía solo dos veces por semana y otorgaba mayormente préstamos a tejedores de bajos recursos que los utilizaban para la compra de telares.
Raúl Guelman, dirigente de la cooperativa de crédito de Villa Lynch, sostenía en una entrevista de 1996 perteneciente al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito: «Como no había atención crediticia y financiera para los pequeños y medianos empresarios, íbamos constituyendo en cada zona una entidad cooperativa. Nuestra cooperativa se armó (…) con motivo de las necesidades económicas de la escuela y las necesidades económicas y financieras de la gente que se vinculaba». El 21 de julio de 1961 la caja conformó su primer consejo de administración, formalizándose por completo. Ese consejo estuvo presidido por Jacobo Blutrach, otro dirigente emblemático que cumplió funciones durante más de 20 años en la entidad. El cooperativista recordaba al citado archivo que los textiles depositaban su dinero en la caja por la confianza que tenían en las personas que la conducían, y aseguraba que muchos de ellos pudieron construir sus casas a partir de los préstamos que se otorgaban desde la caja. «La confianza y la palabra eran la única garantía», afirmaba Blutrach sobre el aporte de Villa Lynch Cooperativa de Crédito Limitada a los trabajadores, empresarios e instituciones de la localidad.

 

Papel determinante
Hasta mediados de la década del 60 y tras la fundación, en 1958, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, el sector de las cajas de crédito creció de manera notable en todo el país, y en particular Villa Lynch cumplió un papel determinante en el mejoramiento de las condiciones sociales y económicas de su zona. Su intervención era crucial en el desarrollo de los emprendimientos que planificaban los distintos actores de la comunidad. Sociedades de fomento, centros culturales y otras instituciones sociales eran parte del vínculo cercano de la caja. Fue esa relación e intervención comunitaria la que, según Guelman, permitió también a la entidad cooperativa sobrellevar los embates hacia el cooperativismo de crédito provocados por las dictaduras de 1966 y 1976: «Eso nos permitió subsistir, porque además de la defensa de la entidad por parte de su conducción y de sus asociados, también se manifestaban en defensa todas las instituciones con las que la caja tenía relación». Cuando aparecían los momentos difíciles, recuerda el dirigente, estas mismas entidades defendían a la entidad «enviando también telegramas, notas a los diarios, comunicados y demás, solicitando que se permitiese a la entidad cooperativa seguir desarrollando el objetivo que tenía».

 

Observados
Casi 30 años duró la experiencia de la caja de créditos de Villa Lynch que, en 1979, integró el grupo de entidades que dio origen al Banco Credicoop. A lo largo de su historia, fue un ejemplo de actuación solidaria y defensa de los principios del sector. Durante la última dictadura cívico-militar, tal como recordaba Guelman, la de Villa Lynch fue una de las entidades con mayor cantidad de dirigentes «observados». Ese término era el eufemismo que utilizaba la dictadura para perseguir a aquellos cooperativistas que no se ajustaban a las direcciones del plan económico del proceso militar. Asimismo, en cuanto a su actitud solidaria, la cooperativa de crédito se caracterizó por ofrecer asistencia a diversas cajas que veían peligrar su operatoria. «Siempre hemos intentado estar vinculados con el movimiento cooperativo, nunca fue una cosa individualista. Siempre supimos que el hecho de estar agrupados, el de generar una fuerza mayor, nos permitiría seguramente alcanzar objetivos mayores».
La de Villa Lynch fue una de las muchas cajas de crédito cooperativo que impulsó el crecimiento de empresas, instituciones y el bienestar de numerosas familias de trabajadores. Su finalidad inicial de ayudar al desarrollo de la escuela de I.L. Peretz se convirtió con el tiempo en un objetivo de mayor envergadura. Villa Lynch, con una amplia intervención económica y social de su legendaria caja, avanzó. Tal vez ese objetivo deba su fundamento al aspecto diferencial que tuvieron las cajas de crédito solidario ante otras opciones. «Fue una entidad sin fines de lucro, una entidad que no tenía intereses privados, que sus intereses eran los de la comunidad. No había dueños, había directivos que acompañaban el grado de desarrollo de la entidad», concluía Guelman sobre la significativa tarea que desplegó Villa Lynch Cooperativa de Crédito Limitada.