Cooperativismo | ÁLVARO GARCÍA LINERA

Pensamiento en acción

El Centro Cultural de la Cooperación, junto con la Universidad de General Sarmiento, presenta un libro que reúne conferencias y una entrevista al dirigente boliviano.

Autores. Ramiro Parodi y Andrés Tzeiman trabajaron sobre disertaciones del exvicepresidente de Evo Morales y lo entrevistaron.

HORACIO PAONE

Un libro que haga un aporte a la batalla cultural y que ahonde los pensamientos de un «intelectual con obra». Esa fue la idea con la que Ramiro Parodi y Andrés Tzeiman, investigadores del Departamento de Estudios Políticos del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (CCC), compilaron 33 conferencias de Álvaro García Linera sobre 80 registradas, le agregaron una extensa entrevista personal al exvicepresidente de Bolivia y conformaron Álvaro García Linera. Para lxs que vendrán: crítica y revolución en el siglo XXI, editado por el CCC y la Universidad Nacional General Sarmiento. El trabajo se condensa en un libro en papel y en formato digital, este último será de descarga gratuita desde el sitio web del CCC y estará disponible desde el 25 de abril.
«El material requería del compromiso político de ambas instituciones –el CCC incluso desde su lema fundacional– para recapitular los procesos progresistas del siglo XXI», expresa Tzeiman. Y describe los cuatro puntos temáticos en que se estructura el texto: la relación de García Linera con el marxismo; el conflicto socioeconómico en Bolivia en su permanente relación entre el presente y la Historia; la teoría política a través de los conceptos de Estado y democracia; y el concepto de hegemonía, desarrollado fundamentalmente a partir de escritos de Lenin y Gramsci.
Parodi rescata el carácter excepcional del exvicepresidente boliviano. «Se trata de un hombre que combinó la gestión diaria de Gobierno, explica, con todas las demandas y complejidades del caso, preocupado a la vez por conceptualizar los procesos políticos de los cuales él mismo era protagonista; hay que definirlo como un intelectual militante».
La omnipresencia geográfica de Bolivia a lo largo de las páginas es referencia y no condicionante. Así lo refiere Tzeiman al señalar que «la experiencia es universal, puede brindar aportes a otros países dentro y fuera de América Latina. Pero eso no significa que el modelo boliviano se pueda copiar, sino que hay que pensarlo con actitud crítica para tratar de entender, desde la producción intelectual de García Linera, qué aspectos teóricos pueden ser pensados para otras latitudes y cuáles se restringen a la especificidad del caso boliviano».
Los compiladores destacan el constante ejercicio de revisión de García Linera, pero desde una actitud siempre esperanzadora. «Su trayectoria es de permanente autocrítica, pero no flagelante; se trata de una crítica que se produce por las condiciones que la coyuntura le da. ¿Cuáles son los límites a la teoría? Los límites que dicen que esta teoría no está respondiendo a procesos políticos en particular», agrega Parodi. Y completa Tzeiman: «Hay algo muy virtuoso en él, en ningún momento dirá “esta es la solución que tenemos a los problemas”, sino “este es el modo con el que logramos la mejor resolución posible sabiendo que no existen soluciones plenas o ideales donde todas las partes ganen”».
El prólogo del libro lleva consigo una frase de Gramsci: «La historia de los grupos sociales subalternos es necesariamente disgregada y episódica. No hay duda de que en la actividad de estos grupos hay una tendencia a la unificación, aunque sea a niveles provisionales; pero esa tendencia se rompe constantemente por la iniciativa de los grupos dirigentes… En realidad, incluso cuando parecen victoriosos, los grupos subalternos se encuentran en una situación de alarma defensiva».
Se trata de una mirada hacia dentro de los procesos populares, abarcadora de todas sus integridades, movimientos que terminaron con lo que Linera definía como «la restauración conservadora» y Parodi y Tzeiman describen como «la puesta en marcha de una contrarrevolución preventiva, negadora de múltiples capas pretéritas de lo que un pueblo es capaz de conquistar, con el fin de socavar la posibilidad de un porvenir en común».
Ambos investigadores destacan que el exvicepresidente de Bolivia «se reivindica marxista en tiempos donde la palabra “comunista” es prácticamente un insulto y aseguran que este compendio de sus pensamientos “viene a sacudir una serie de evidencias y sentidos comunes muy profundos”».


Diego Pietrafesa