Cooperativismo | FLOREAL, 100 AÑOS

Perfil del gran constructor

Compromiso y convicción militante guiaron la vida y el trabajo de Gorini. Semblanza de una figura indispensable del movimiento cooperativo, en el centenario de su nacimiento.

Foto: Jorge Labraña

Cien años pasaron desde el nacimiento de Floreal Gorini. Fue el 15 de octubre de 1922 en el barrio de Villa Crespo, Buenos Aires, en un hogar de militantes comunistas, cuyos ideales lo nutrieron desde niño. Fue, precisamente, la búsqueda constante de los caminos para alcanzar un mundo mejor lo que caracterizó su trayectoria política y sindical. Por aquel entonces, además, en Villa Crespo florecían pequeñas fábricas, talleres, emprendimientos familiares, y las primeras cajas de crédito cooperativas comenzaban a constituir el movimiento del que Gorini sería parte hasta sus últimos días.
Estudió en la escuela industrial, de la que egresó como técnico químico, y a los 21 años ingresó a una fábrica de sombreros, en la que llegó a ser segundo jefe. Dos años después fue despedido por su participación en una huelga. En 1945 ingresó al Banco Industrial, donde desarrolló una actividad sindical que lo llevaría a ser Secretario General Adjunto de la Asociación Bancaria y uno de los líderes de las huelgas bancarias de 1958 y 1959. La lucha terminó con el despido de miles de dirigentes sindicales, entre los que estuvo Floreal.
Sin embargo, gracias a esa trayectoria social y a sus conocimientos de la actividad bancaria, en 1960 el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos lo convocó cuando se decidió crear la filial Buenos Aires. En 1973 asumió como gerente general del IMFC y, luego de jubilarse, en 1992, pasó a formar parte del Consejo de Administración del Instituto, cuya presidencia asumió en 1998.

Más allá de las responsabilidades formales que fue asumiendo en cada momento, Gorini fue una figura fundamental en la vida del movimiento cooperativo de crédito. Producido el golpe de Estado de 1966, tuvo un rol decisivo en el diseño de la estrategia para la defensa de las cajas de crédito. De igual modo, marcó el rumbo del Instituto en el peor momento de la historia de nuestro país, cuando se impuso la dictadura cívico-militar genocida de 1976 y las Cajas debieron transformarse en bancos cooperativos.
Lo guió siempre su visión del cooperativismo, desde la que se paraba para afirmar que había dos tipos de cooperativistas: los que ven a las cooperativas como una forma eficaz de resolver sus necesidades y los que las entienden como instrumentos de transformación, confrontando ética y económicamente con el sistema capitalista. A este grupo de cooperativas adhirió, desde su fundación, el IMFC.
Cuando mediaban los 90 y el neoliberalismo amenazaba con el triunfo del pensamiento único y el fin de la historia, Floreal nuevamente marcó el rumbo, bregando por la importancia de dar la batalla cultural contra la oleada neoliberal que se imponía en el mundo.
Fue, además, diputado por el Partido Comunista entre 1995 y 1997, desplegando una actividad febril, teniendo en cuenta que actuó como bloque unipersonal. En 2 años, presentó 35 proyectos de ley, 81 de resolución y 97 de declaración. Entre los proyectos merecen destacarse los referidos a la reducción de la jornada de trabajo sin quita salarial, la derogación de la leyes de punto final y obediencia debida, la regulación de los servicios de radiodifusión, la autorización para que todas las cooperativas puedan brindar prestaciones vinculadas con la comunicación, y la derogación de la Ley Federal de Educación.
Austero y coherente, Gorini fue de los que viven como piensan. Trabajador infatigable, conjugaba la aptitud para interpretar con extraordinaria capacidad crítica las circunstancias que lo rodeaban, elaborar los fundamentos para tomar la decisión más acertada y, al mismo tiempo, estar abierto al conocimiento de todo lo nuevo y cambiante. Lo que no cambiaba era su compromiso con la misión que le había dado a su existencia: hacer realidad los ideales humanistas de una sociedad justa y solidaria. Falleció el 3 de octubre de 2004, pero su vida se proyecta en la infinidad de realizaciones que pensó y puso en marcha. 


Daniel Plotinsky