Cooperativismo

Por el bien común

El 27 de setiembre de 1965 nació la Caja de Crédito Cooperativa de Carhué, gracias a las acciones de promoción y desarrollo del sector impulsadas por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.

Yrigoyen 896. El primer local de la caja, al que luego se le sumó el edificio contiguo. (Gentileza Museo de Carhué)

 

La  Caja de Crédito Cooperativa de Carhué Limitada fue otra de las entidades nacidas a lo largo y a lo ancho del país como resultado de las acciones de promoción y desarrollo del sector solidario impulsadas desde el Instituto Movilizador. La iniciativa de dirigentes como Ricardo Bruinin, Máximo Fernández y José Cancio terminó de dar forma a la entidad crediticia bonaerense, fundada el 27 de setiembre de 1965 en la localidad ubicada a orillas del Lago Epecuén.  
«El cooperativismo tiene un concepto diametralmente opuesto a las sociedades anónimas. Es socialmente amplio, democrático y humanista, encierra en sus postulados las aspiraciones de grandes sectores que se ven relegados de las instituciones crediticias por falta de patrimonio, llena una finalidad de bien común tanto social y económico como cultural». Así definía la caja, en un artículo periodístico publicado en un diario local y a poco de inaugurarse, sus objetivos. «La responsabilidad de quienes inician un movimiento cooperativo no está dada por la mayor o menor cantidad de dinero que estos posean, sino por la honradez tanto en lo moral como en el trato comercial dentro del desarrollo de la actividad (…) La responsabilidad moral y el interés colectivo y social es lo que prima y esta es la base del pensamiento cooperativista», explicaban los dirigentes a poco de iniciar su operatoria en el local ubicado en Yrigoyen 896.
La caja de Carhué apareció en los momentos previos de una etapa compleja que se avecinaba para el cooperativismo de crédito: el golpe militar de 1966. Encabezado por el general Juan Carlos Onganía, representó para el sector el primer gran episodio de defensa colectiva frente a la pretensión de ahogar a un movimiento que había demostrado ya un fuerte crecimiento. La entidad bonaerense formó parte de este período y, desde ese año, combinó las acciones de desarrollo con la tarea de defensa. En ese marco, la cooperativa de Carhué sostuvo a su masa de asociados y hasta ayudó, a través del asesoramiento, a la apertura de dos nuevas entidades, como la Caja de Crédito Cooperativo Riverense y la Caja de Crédito de Pigüé.
Con una fuerte inserción en instituciones de bien público, gremiales, deportivas y culturales, pequeños y medianos comerciantes e industriales, la caja coronó sus primeros años de vida con un balance positivo. A la labor crediticia se sumaban las actividades culturales y sociales que instalaban a la entidad como un actor destacado en la comunidad. Sin embargo, los ataques anticooperativos no se detenían. La de Carhué fue una de las cajas que sufrió la detención por parte de la dictadura de Onganía de algunos de sus dirigentes, así como había sucedido tiempo atrás con dirigentes del IMFC. Hacia 1969 se encarceló a los cooperativistas Horacio Blanco y Luis Torrusio, gerente y tesorero de la caja, respectivamente. Detenidos en el penal de Bahía Blanca, Torrusio fue liberado luego de 5 días mientras que Blanco permaneció 32 días privado de su libertad. La movilización y los reclamos a diversas instituciones lograron finalmente su liberación.
«Ante tal evidente atropello a los derechos humanos, la masa societaria responde de forma unánime y favorablemente tratando de defender la institución creada por el pueblo, a tal punto que, como contrapartida y en aras de ampliar el espacio físico, se resuelve adquirir en compra el local contiguo que formaba la esquina de avenida San Martín e Yrigoyen», explica Francisco Oscar Martínez en un trabajo de investigación que recorre la historia de la entidad. De esta forma, la caja de Carhué continuaba con su doble apuesta de desarrollo y defensa. Entre 1966 y 1973 las cajas de crédito continuaron funcionando, aunque su presencia en la economía nacional había disminuido. En 1973, la asunción de la fórmula Cámpora-Solano Lima y el retorno democrático auspiciaban un tiempo de cambio en el panorama económico extrajerizante y concentrado que se había instalado durante los años anteriores. Sin embargo, el proyecto de una economía al servicio de los intereses del pueblo se vería truncado por una nueva irrupción militar. Otra vez, en un clima de intenso ataque oficial al sector que pretendía fulminarlo a través de la promulgación de leyes y exigencias de capitales mínimos, la caja de Carhué volvió a defenderse. La dictadura cívico-militar actuó directamente contra la entidad: el 1 de setiembre de 1976, en horas de la madrugada, María Teresa Bifano, una de las integrantes de la caja, fue secuestrada por un grupo de tareas y conducida a un campo de detención y tortura en donde permaneció durante varios días. El terrorismo de Estado buscaba entonces no solo liquidar la forma cooperativa, sino también vigilar y castigar a los cuerpos que la impulsaban. Bifano fue liberada el 10 de setiembre del mismo año.
Finalmente, y tras el arduo período de discusión y planificación que significó la conversión y fusión de las cajas de crédito en bancos cooperativos, la de Carhué pasó a conformar en 1979 una de las sucursales del Banco Coopesur Cooperativo Limitado. Desde ese nuevo espacio, la filial de Carhué, además de su labor crediticia, logró implementar importantes iniciativas, como la creación de la Asociación Mutual de Empleados de Carhué, o la promoción de entidades, como la Cooperativa Apícola de Adolfo Alsina. Pero en el devenir como banco hubo un acontecimiento que reforzó el legado solidario que se traía desde los inicios: la grave e histórica inundación de 1985 que azotó a la vecina villa turística Lago Epecuén –hoy un territorio abandonado que conserva las huellas de ese desastre– encontró a la entidad de Carhué abocada en forma tenaz a brindar ayuda a los habitantes de la zona, disponiendo a todo el personal para asistir a la evacuación de los epecuenses. Así, un banco gestado desde el cooperativismo de crédito reafirmaba sus principios de origen. Hoy, la emblemática caja, luego de un proceso de fusiones generado por las sucesivas crisis del entramado bancario cooperativo, es la filial 126 de Credicoop. Allí viven aquellos ideales fundantes, sustentados en el interés de hombres y mujeres caruhenses por el progreso de su comunidad.