Cooperativismo

Transformar el barrio

Ubicada en Parque Patricios, Ciudad de Buenos Aires, la entidad fue fundada en 1963 por los vecinos y trabajó incansablemente por su comunidad. Hoy es la filial 004 del Banco Credicoop.


Al alcance de todos. La cooperativa acercó servicios financieros a empleados y pequeños comerciantes. Al año de nacer, tenía ya 1.000 asociados.

 

Nacida en 1963 como Bernardo de Monteagudo Cooperativa de Crédito, Vivienda y Consumo Limitada, esta entidad del barrio porteño de Parque Patricios fue una de las cajas de crédito que, desde la década del 60, llevaron adelante un destacado rol económico y social dentro de sus respectivas comunidades. Impulsada por históricos dirigentes como Jacobo Amar y con la ayuda del IMFC, la caja Bernardo de Monteagudo tuvo en sus orígenes al menos dos nombres que marcaron el camino inicial y el desarrollo de la entidad.  «Muchos eran del barrio, vecinos prestigiosos», comentaba María Linguitti, exempleada de la caja, sobre el nacimiento de la cooperativa. «Había algunos médicos, comerciantes y esos fueron los que dieron el puntapié. Pero los impulsores de esto, hay que decir la verdad, fueron Raúl Martínez, que era el dueño de la sastrería del barrio, y Domingo Mangiafave», sostenía Linguitti en una entrevista perteneciente al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito.
Además de estar entre sus creadores y conformar los primeros consejos de la entidad, Raúl Martínez fue el secretario de la caja porteña durante varios años y desde allí vio como una entidad que comenzó a operar con 500 asociados, al año ya tenía más de 1.000. Consciente de los valores del cooperativismo y su potencial, Martínez sostenía en un artículo publicado en 1970 en Acción: «Tengo gran fe en el esfuerzo común y en los alcances del cooperativismo, que es una obra de magnitud creada sobra la base de la solidaridad humana». A esa plataforma de principios se sumó también la experiencia institucional, gremial, comercial y también política que tenían los fundadores y que sirvió para colocar a la caja como una de las organizaciones más importantes que se recuerda en Parque Patricios.

 

Vínculos solidarios
Se sumaba también un componente esencial y compartido por todas las cajas: el destino de los créditos y el trato y vínculo institucional que se establecía con los asociados. En ese sentido, relataba Linguitti: «En aquella época nadie le daba crédito a una persona modesta, a un empleado, a un trabajador, a un pequeño comerciante. Entonces en la cooperativa, haciéndose socios, tenían acceso a crédito. Eso fue una bola de nieve, eso empezó a hacerse cada vez más grande y la gente veía que estaba en manos de personas decentes, gente que no se enriqueció con eso. La gente empezó a tomar confianza». Para 1970, la cooperativa Monteagudo contaba con más de 3.000 adherentes y fortalecía su prestigio desde la esquina de Avenida Caseros y General Urquiza.
A lo largo de su historia, la proyección positiva de la caja no solo fue resultado del crédito solidario, sino también de su intervención social. «El contacto con entidades de bien público y la asistencia a todo tipo de asociaciones ha logrado un alto nivel», decía Raúl Martínez en el artículo mencionado acerca del trabajo comunitario que la caja realizaba en escuelas, clubes y otras organizaciones sociales. Por esta doble tarea de asistencia financiera y aporte social es que, en su 11º aniversario, la caja Bernardo de Monteagudo recibió el premio Pinos de Oro, la mayor distinción que en aquella época se entregaba a las cooperativas asociadas al IMFC.
«Lo significativo de la cooperativa Monteagudo fue que transformó el barrio (…), le dio un impulso extraordinario, los comerciantes pequeños empezaban a solicitar créditos, dejaban de trabajar con los bancos, sacaban créditos, ampliaban sus negocios, tomaban personal. La cooperativa les ofreció una transformación», sostenía el exdirigente de la caja, Alfredo Saavedra, al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito. «La gente adhería al movimiento porque veía que tenía organización, que tenía sentido de responsabilidad y veía que los directivos eran toda gente conocida», agregaba.


Avenida Caseros y General Urquiza. El edificio que albergó a la emblemática caja.

 

Sin embargo, como sucedió con gran parte de este tipo de entidades, las dictaduras de 1966 y 1976 golpearon fuerte a su desarrollo. En el caso de Monteagudo, según testimonios de sus dirigentes, la ofensiva de 1966 pudo encararse con entereza –en el marco de una intensa campaña que se había elaborado desde el IMFC– y salir a flote con rapidez. No sucedió lo mismo en la dictadura de 1976, cuando, a través de la Ley de Entidades Financieras (en rigor, un decreto del gobierno de facto), las cajas de crédito tuvieron finalmente que fusionarse para convertirse en bancos cooperativos. Una solución que representó, por un lado, el dilema de la pérdida de las particularidades y funcionamiento de cada caja pero que implicó, por otro, la respuesta adecuada del movimiento a un ataque feroz planificado por un modelo económico que buscaba liquidar definitivamente a las cooperativas de crédito. Monteagudo fue parte del proceso de fusión de 44 cajas que culminó con la creación del Credicoop en 1979 y en la actualidad es una de las filiales de ese banco.
La caja Bernardo de Monteagudo, hoy filial Parque Patricios de Credicoop,  fue un ejemplo de compromiso y solidaridad comunitaria de quienes formaron la cooperativa pero también de aquellos que se acercaban a participar de la vida de la entidad. Desde el barrio porteño logró expandir y cristalizar entre propios y ajenos los principios del cooperativismo como una forma eficaz para consolidar una economía participativa y justa. Uno de sus mentores, Raúl Martínez, finalmente subrayaba: «En nuestro barrio, gente de toda condición dedica sus horas libres y lo mejor de sí mismo, renunciando a sus propios intereses, para que el prójimo alcance metas cooperativas. Yo lo admiro y siempre estaré dispuesto a trabajar con ella».

Asesoramiento histórico: Daniel Plotinsky
Fotos: Archivo Acción