Cooperativismo

Un desafío ético

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Recientemente se desarrolló en Buenos Aires el 2º Congreso Internacional de Responsabilidad Social. En uno de los paneles se debatió la cuestión de la ética, la responsabilidad social y los liderazgos, y allí nuestro referente cooperativista, Carlos Heller, señaló: «En el mundo de hoy hace falta asumir un profundo desafío ético que esta sociedad nos plantea. Pero ese desafío no lo tienen todos por igual, lo tienen las clases y los sectores que gobiernan, lo tienen quienes toman decisiones, los que juzgan, los que comunican, los que forman y ejecutan políticas. Y el principal desafío ético de los que dirigen tiene que ver con qué aportes proponen para revertir toda la injusticias que aún subsisten en la humanidad».
Un claro ejemplo de gestión de responsabilidad social lo constituye, precisamente, el acto cooperativo y solidario, práctica cotidiana del sector denominado de la economía social, el que actualmente alcanza a más de 9,4 millones de usuarios a través de cerca de 16.000 entidades. En nuestro modelo de gestión cooperativa, un pilar fundamental lo constituye el concepto de rentabilidad mínima necesaria, que contrasta con la voracidad especulativa del empresariado concentrado. Esta característica se reflejó una vez más en el reciente coloquio de Idea: cuando se pone en debate la altísima rentabilidad y concentración empresaria rápidamente se escudan en la pretendida intangibilidad de la propiedad privada.
En esta última década en nuestro país hubo vientos favorables concretos para la responsabilidad social y política a través de la recuperación del rol del Estado, las políticas de integración regional, y la consolidación del espacio de la economía social. Estas políticas y derechos conquistados han sido y son bastardeados y ninguneados por el poder mediático, cuyos voceros, en una gama que va desde «comunicadores» hasta constitucionalistas y republicanos, no aparecen precisamente como lúcidos representantes de la ética ni de la responsabilidad social.