Cooperativismo | LA COOP

Utopía literaria

En el barrio porteño de Almagro, la librería cooperativa es un espacio de referencia para las editoriales independientes. Apoyo del Banco Credicoop.

Bulnes 640. “Apostamos a tiradas chicas y autores no tradicionales”, dicen Crasci y Almada.

SUBCOOP

Una cooperativa, muchas editoriales. Así se define La Coop, un emprendimiento en el que confluyen dos propuestas: la cooperativa de editoriales independientes por un lado y La Coop Librería por el otro, un espacio especializado en literatura independiente de Argentina, Latinoamérica y algunos países de Europa.
En el porteño barrio de Almagro, donde las centenarias casas bajas resisten el atropello inmobiliario, La Coop es un refugio que alberga desde autores reconocidos hasta ejemplares de nuevos escritores que asoman a la luz. Atrás del local de Bulnes 640, en una galería subterránea llamada Submundo, está el depósito de La Coop distribuidora donde confluyen los sellos Añosluz, Alto Pogo, Audisea, Conejos, Mágicas naranjas, Llantén, Nudista, Santos Locos, Fera, Espacio Hudson, Sorojchi, Clubcinco, El cuervo, Bajo la luna, Crack up, El caracol, Hwarang y Nulú Bonsai.
«En 2014 un grupo de editores y editoras nos juntamos con la idea de aportar cada uno algo, con el objetivo de tener más presencia en librerías, ramificarnos, impulsar la presencia en ferias, cosa que por separado hacíamos como podíamos», cuenta Marcos Almada, editor de Alto Pogo y miembro de la cooperativa de trabajo que, junto con Juan Crasci de Añosluz y cinco personas más, llevan adelante lo que llaman «la utopía comunitaria». El oficio de editar y a la vez la necesidad de visibilizar el trabajo convergieron en los dos proyectos, distribuidora y librería, que se complementan.
Mientras que con la pandemia la librería «pudo mantener la cabeza fuera de la línea de flotación», dice Almada, con la distribuidora se trabajó mucho más. «La gente que no pudo salir a comer afuera, ir al teatro o al cine compró libros. Pudimos abrir cuentas nuevas, ahora hay que ver cuántas se pueden sostener», agrega Juan Crasci.
El diagnóstico no escapa a la coyuntura: al ser sellos independientes están expuestos a los vaivenes económicos. «Tenemos tiradas chicas y apostamos a autores no tradicionales», señala Almada y deja bien claro: «Hacemos esto porque somos editores de oficio».
Esta forma de trabajo es la que permite que lleguen a los lectores poesía joven y autores nuevos, «un lindo abanico», señalan, donde cada editorial tiene su propio catálogo. «Editamos libros pero por sobre todo editamos autores», subrayan, y con esa premisa siguen pensando en el próximo paso: generar alianzas con otras cooperativas.

Redes vitales
«Los libros con nosotros siguen circulando, es un concepto enraizado en el ADN del editor independiente», dice Marcos. Para que la rueda gire con el engranaje aceitado, la mirada está puesta en volver a participar de ferias, algo que quedó en suspenso con la pandemia. Sin embargo eso ahora está volviendo y tienen la intención de repetir la experiencia de 2017, cuando llegaron a participar en más de 100 en un año. Aún con un catálogo más reducido esto llegó a significar el 50% de la facturación y la posibilidad de estar en contacto con libreros de todo el país.
«Más del 60% de las librerías y de las editoriales están en Capital Federal, hay ciudades donde no hay librerías y donde hay, quieren rentabilidad», cuentan, y advierten que «como lo que no se ofrece no se vende» la labor está en ampliar el universo cooperativo, llegar más allá de lo posible y pensar en alianzas que permitan superar la tirada de 1.000 ejemplares que hoy tienen por mes.
Para sumar nuevas herramientas, en 2020 firmaron un convenio con el Banco Credicoop –en ese momento auspiciaba el stand de La Coop de la Feria del Libro de Buenos Aires–. «Es una puerta que se abrió y, como no hubo feria, seguimos elaborando ideas. Uno quiere hacer libros y termina ocupándose de cómo venderlo, cómo hacer el marketing y la difusión», dice Juan y confiesa que «la pandemia nos sentó en la computadora a pensar y a ordenar carpetas. Tuvo su lado productivo, pero somos pocos, necesitamos gente y para eso también necesitamos plata. Hoy contamos con el apoyo técnico del Banco, están siempre a mano para poder resolver dudas. Es muy productiva esa relación y el objetivo es seguir tejiendo redes», concluye Crasci.


María José Ralli