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A todo color

Mavi Díaz, María Gabriela Epumer, Claudia Sinesi y Claudia Ruffinatti provocaron un buen alboroto en la «primavera alfonsinista». En un panorama proteico y diverso, no resultaba fácil catalogarlas: se movían en un limbo en el que convivían las bandas de diseño, un discurso sarcástico y algo retro en la línea de Los Twist y una actitud que remitía al teatro y el vodevil under. Cultivaban un pop liviano pero testimonial, con letras que aludían a la coyuntura económica, política y social.
Eran jóvenes, bellas, kitsch y grotescas y, a su manera, escandalizaban. «Funcionábamos como militantes de la alegría», dice Mavi. «La llegada de la democracia fue como pasar del blanco y negro al color. Y después de Malvinas, cuando fue obligatorio pasar música en castellano, afloró un semillero de artistas que hoy resultan imprescindibles en nuestra historia cultural».
–Con la perspectiva actual, ¿cómo recordás esos años?
–¡Como si hubiera sido un viaje de egresados! No parábamos. Ni siquiera había tiempo de gastar la guita que ganábamos. Me acuerdo mucho de María Gabriela: siempre está presente en mi pensamiento. Fue clave en nosotras. Tenía una mente muy abierta, estaba siempre a la vanguardia. Parecía tímida, pero siempre estaba mirando un poco más allá. Lo que hizo con la Montecarlo Jazz Ensamble, cómo indagó en su propia genealogía, en los mapuches, es increíble.
–¿Sentís que las Viudas fueron reivindicadas, después de años de haber sido tomadas solo como «frívolas»?
–Sí, creo que finalmente sí. ¡Les tomó 30 años darse cuenta del sarcasmo, de las múltiples capas de nuestra lírica!

Télam