Cultura

Actividad en red

Teatros, milongas, bares, editoriales, centros juveniles y distintos espacios artísticos emplazados en el barrio porteño se organizaron en torno a objetivos comunes para potenciarse mutuamente y reforzar la construcción de una identidad comunitaria.


Trabajo colectivo. El ensayo de una obra en Hasta Trilce, uno de los teatros de la zona. (Juan Quiles/3 estudio)

Una red bulle en el barrio porteño de Almagro, o lo que sus vecinos persisten en considerar como tal. Son parte de ella medio centenar de agrupamientos que van desde milongas a editoriales, artistas, escuelas, centros juveniles, teatros, cooperativas y bares con nutrida cartelera. Sin abandonar su trabajo diario, iniciaron una serie de encuentros para interactuar como un nodo que refuerce el tejido social y cultural de su comunidad.   
Los miembros de la red Cultura Almagro, que así se llama, se consideran desprendimiento o correlato de las redes que se pergeñaron entre los vecinos barrios de Once, Balvanera, Abasto y Boedo antes de que en 2005 la Ley 1.777 dispusiera la reorganización de la Ciudad de Buenos Aires en 15 comunas que, aún hoy, no tienen una identidad precisa más allá de las cuestiones administrativas.

Resonancias de 2001
«La red es nueva, de ahí que nosotros procuramos funcionar como amalgama para que se pueda sostener», explicó hace un tiempo Claudia Gandolfo, miembro de la comisión de Cultura del Consejo Consultivo de la Comuna 5, a la que pertenecen tanto Almagro como Boedo y el Abasto; lo hizo ante los micrófonos de radio La Tribu, que también forma parte del barrio. «La comisión simplemente junta gente, convoca. La intención es que la red tenga vida propia», agregó.
«Cuando supimos de esa convocatoria, nos acercamos y vimos la riqueza que había. Dijimos “vamos a ver que pasa”», recuerda Guillermo Castañeda, vecino y activista cultural desde hace años. «Pero esto no es nuevo. Todo son resonancias de 2001», completa.  
En el primer encuentro, del mes de agosto, se reunieron cerca de 40 entidades. La acción se repitió en noviembre, en Plaza Almagro, y ahí los vecinos buscaron establecer códigos de convivencia e intereses comunes: tango, juegos, teatro. Sin lugar físico fijo, sus miembros establecieron el compromiso de mantener encuentros periódicos y abrieron una página en Facebook, titulada Cultura Almagro.


Espacio. La Casona Humahuaca. (Juan Quiles/3 estudio)

Colectivos como Circuito 5, DNI Tango, La Lunares; espacios como los teatros Archibrazo y Hasta Trilce o el Museo IMPA; editoriales como La Usina Ediciones; polos culturales como Fundacion Gutenberg o la Usina Cultural del Sur; la biblioteca Popular Mariano Boedo o centros juveniles como La Casa de Teresa, trabajan por su cuenta pero también integran el circuito cultural del barrio.
Así lo ratifica Bruno Ciocca, uno de los trece miembros de la Cooperativa de Trabajo Casona Humahuaca, quien recuerda que la mística del barrio también se alimenta de la biografía de Carlos Gardel o Luca Prodan, vecinos ilustres. Para 2017 imaginan generar un evento que se llamará «el desentierro», esto es, dar a conocer su historia, algo parecido a la actividad que realizaron en el segundo de los encuentros. «Fue una especie de bautismo. Contamos la historia de Almagro con siete telas en siete colores que ilustraron el parto del barrio», dice Castañeda.
Siete colores para simbolizarlo todo: verde, por la llanura donde vivían los querandíes; rojo, cuando llegó la conquista y los negros fueron esclavizados; celeste, en alusión al cielo que sorprendió a los europeos en aquellos «buenos ayres»; naranja, de cuando los terrenos pasaron a ser las quintas frutales; azul, para aludir tanto a las compras de las tierras, por parte de Don Julián de Almagro, como a la llegada del tren en 1857; amarilla, por la fiebre amarilla que a fines del siglo XIX implicó que se poblara con muchas de las familias que huían de San Telmo y Barracas; y violeta, para mostrar el devenir del tiempo, la aparición de fondas, subterráneos y tangos. Define Castañeda: «Es una bandera que unifica nuestra cultura vecinal».