Cultura | MAIAMAR ABRODOS

Actuar con libertad

La intérprete se desmarca del estereotipo trans y construye una sólida carrera en teatro y televisión, a la par de su labor como profesora de escenografía.

Obras virtuales. Abrodos trabaja en Buscando a Vassa y Es difícil pedir perdón. (Guadalupe Lombardo)

Con una carrera que ostenta casi tres décadas, Maiamar Abrodos ha logrado destacarse en múltiples roles que dan cuenta de su versatilidad interpretativa. En esta nota, reflexiona sobre su profesión y reivindica el valor de su trabajo más allá de su identidad sexual. «Soy una actriz que es una mujer transgénero, no soy una actriz trans. Para mí no existe eso. Pienso que a la gente le gusta catalogar y que la vida en este país, en general, es muy hipócrita. A pesar de que estamos mucho mejor, de todas formas eso no cambia», afirma.
Abrodos disfruta de trabajar en proyectos que le plantean desafíos. Tal es el caso de la puesta Siglo de Oro Trans, una versión libre del clásico Don Gil de las calzas verdes, con dirección de Pablo Maritano. En este espectáculo estrenado el año pasado, se destaca con su histrionismo y el decir de un texto en verso que exige memoria y musicalidad por partes iguales.
Además de su labor actoral, Abrodos es profesora de escenografía. Desde el año pasado, enfrentó el desafío de dar clases virtuales de una asignatura que trabaja con lo material. «Desde hace 27 años soy docente en la Escuela Municipal de Arte Dramático y 15 en la Universidad Nacional de las Artes. Enseñar en pandemia no me costó tanto, fue menos complicado de lo que pensé. Mi materia es “intelectualmente práctica”, entonces se pudo, en un sentido, dictar», cuenta.
A la hora de evocar a sus maestros, señala un momento clave de su biografía. «Yo hice un cambio de género cuando tenía 41 años, por eso mis maestros tienen que ver con otro período de mi vida. Si tuviera que mencionar a los más importantes, sin duda pienso en Marta Serrano y Enrique Dacal: ellos confiaron en mí. Marta fue la primera que me dio un personaje de mujer en una obra. Recuerdo que me costaba muchísimo hacerlo y ella un día me dijo, muy sabiamente: “Todo lo que más se acerca a uno, es lo que más cuesta”».

Nuevos criterios
A lo largo de su carrera, Abrodos no solamente se ganó el respeto de sus colegas, sino que además comenzó a ser elegida por los directores más jóvenes. Es el caso de Pablo D’Elía, quien la conoció durante las representaciones de Feizbuk, de José María Muscari, luego la dirigió en Las guardianas, y finalmente entabló un vínculo que lo convirtió en su «hijo de la vida». «Me encanta trabajar con directores jóvenes, porque siento que ellos traen una innovación en el criterio artístico. Te diría que hasta los prefiero, porque tienen menos prejuicios», asegura.
Más allá de estas predilecciones, ¿le resulta un parámetro a tener en cuenta que los personajes que asuma sean mujeres, tal como las crearon sus autores? Abrodos no vacila: «Para mí sí lo es, porque es algo muy personal. Los personajes trans pueden ser hermosos, pero si no salimos de ese estereotipo estamos en la misma de siempre. No tengo que pasar mi vida esperando a ver qué personaje trans escriben. Hay estigmas, siempre damos para hacer prostitutas. Hay algo mío, interno, que tiene que ver con mi propia misión: salir de ahí. Y todo el tiempo me proponen personajes así, dentro del estereotipo, más para cine y tele», asegura.
Muy diferente fue el caso de La viuda de Rafael, la miniserie de 2012 que recientemente fue repuesta en la TV Pública. Allí participó junto con otras actrices trans como la cordobesa Camila Sosa Villada, pero con un guión realizado desde una mirada amplia y desprejuiciada.
Tiene muchos deseos que esperan ser concretados. Uno de ellos es componer personajes heroicos como Hécuba y Medea. Y no descarta dirigir algún día. Mientras tanto, también se la puede ver en Buscando a Vassa, de Felicitas Kamien, una obra online que integra el ciclo Modos Híbridos, del Complejo Teatral de Buenos Aires. Lo mismo que en otra pieza virtual, Es difícil pedir perdón, bajo la dirección del mencionado D’Elía.


Ezequiel Obregón