5 de abril de 2025
Adolescencia
Creadores: Stephen Graham y Jack Thorne
Protagonistas: S. Graham, O. Cooper, E. Doherty, Asher D
Netflix

Tragedia. Graham y Cooper, padre e hijo en la notable ficción de origen inglés.
A pocos días de su estreno se convirtió en uno de esos fenómenos de las plataformas que disparan un torrente de conversaciones y recomendaciones. La crítica internacional le prodigó todo tipo de elogios, sin pudor. No es difícil entender qué es lo que provocó esta reacción: si bien su argumento se inspira en una cantidad alarmante de crímenes reales ocurridos en Inglaterra en los últimos años –la violenta muerte de mujeres adolescentes a manos de varones también adolescentes–, su alcance es universal ya que habla, finalmente, menos del homicidio que sirve de disparador argumental, que de la paternidad y la crianza; de la responsabilidad de la comunidad educativa; de los efectos más peligrosos de la exposición permanente a las redes. Y del machismo, la misoginia, el bullying y otras toxinas sociales.
Al comienzo del primer capítulo un equipo policial tira abajo la puerta de una casa suburbana y detiene en su habitación a Jamie Miller (Owen Cooper), de 13 años, por el asesinato de una chica de su colegio. Para el final del episodio quedan sembradas las pistas que llevan a la idea de que Jamie cometió el crimen del que se lo acusa, así que lo que sigue no es solo la intriga acerca de quién hizo qué sino el misterio aún más desolador, abismal, de por qué, de cómo es posible, cómo se llega a esto. Primero sobreviene el shock emocional del padre ante la evidencia policial, que cobra vida en una actuación enorme de Stephen Graham, creador y coguionista de todo el asunto.
Bastante se habló del artilugio narrativo más ostensible de Adolescencia: que cada uno de sus cuatro capítulos está narrado en un plano secuencia. La cámara en movimiento evoca el efecto arrollador de tiempo real, poniendo en escena en poco más de una hora el vuelco sin retorno que pegan las vidas de los integrantes de una familia. El segundo episodio es una proeza técnica que se despliega mayormente dentro del colegio al que asistían Jamie y su víctima. Pasando de un personaje a otro, asistimos en este largo viaje a la perplejidad del mundo adulto frente al de los adolescentes, su completo desconocimiento de un lenguaje consagrado al abuso y el maltrato (con el concepto de «incel», el «célibe involuntario», en el centro). El truco se vuelve un poco menos sólido y más teatral en los capítulos tres (Jaime a solas con una psicóloga) y cuatro (en el que se narra, un año después del arresto, el duelo de los padres y la hermana, que deben ver cómo seguir adelante).
La serie se llama Adolescencia de una manera casi genérica, porque la pubertad está vista desde afuera: desde la adultez, es decir, de la manera en la que casi todos los adultos olvidamos lo que es haber estado en ese lugar (ese permanente terremoto sensorial y emocional), disociándonos de aquel que fuimos alguna vez como si se tratara simplemente de otra persona. El punto de vista de los adolescentes (los estudiantes aparentemente indolentes frente a la tragedia, la conciencia errática de Jamie) asoma apenas, pero le es siempre ajeno al relato que es esencialmente el de los mayores «responsables», que no saben qué sentido darle a todo esto. Adolescencia nunca trata de explicar lo inexplicable y elude los lugares comunes de cierto realismo social. No intenta iluminarnos sino abrir un tema. No trata en vano tampoco de ponerse en esa cabeza que ya no es capaz de comprender. Simplemente retrata un mundo demasiado palpable, temiblemente verosímil, en el que la normalidad es la alienación.