Agenda | TAYLOR SWIFT EN RIVER

El centro de la fiesta

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Gabriel Plaza

La cantante le dio rienda suelta a su idilio con el público argentino durante tres horas de show en el estadio Monumental. Los hits y los rituales de sus fans.

Seguidilla. La lluvia hizo que se reprogramara la fecha del viernes y la artista completa su agenda de tres conciertos en el país el domingo. (Fotos: Télam/Getty Images)

«Tengo una suerte increíble porque es la primera vez que visito la Argentina. Ustedes decidieron agotar tres shows de estadio. Estoy mirando lo que probablemente sea el público más épico del mundo», dice Taylor Swift en el comienzo del primer concierto en el estadio Monumental. Es lo que su público estaba esperando que dijera, la confirmación naturalizada de que en la Argentina está el mejor público del mundo. Es exactamente lo que la cantante sabía que tenía que decir en ese momento. Sin dejar de ser una artista auténtica, nadie más que Taylor Swift, que con esta gira de The Eras Tour alcanzaría ‒según The New York Times‒ una recaudación estimada en los 1.500 millones de dólares, conoce los vericuetos del show business y la industria pop, pero también sabe lo que necesitan escuchar sus seguidores. Siempre los tiene en cuenta.
Sabe que sus canciones de tono confesional ‒que en este concierto autobiográfico abarcan un período discográfico que va desde Fearless hasta Midnights, y que marcan el fin de la adolescencia hasta su presente con 32 años‒ son un espejo para las swifties, sus fans. Incluso sus declaraciones políticas son escuchadas. Así como tomó posición contra Donald Trump y el avance de la ultraderecha en su país, la comunidad argentina swiftie se metió en el clima de la campaña política con un comunicado oficial en el que decían que no iban a votar a Milei.
Fuera de la conversación en línea de las redes, en las inmediaciones del estadio de River Plate se vieron decenas de afiches en las paredes con la leyenda: «Swifties no votan a Milei». También se repartieron pulseras que las propias fans confeccionaron para intercambiar entre ellas, en las que se repetía la leyenda: «Milei no».

Pulseras de la amistad
Las pulseras artesanales de mostacillas y colores brillantes son un código interno de las swifties. Una suerte de bienvenida amistosa a la comunidad, inspirada en la canción «You’re on your own, kid», donde la artista dice: «Armen pulseras de la amistad y disfruten del momento». En cada concierto, sus seguidoras las confeccionan con frases de sus letras y las regalan. Es una manera de identificarse.
La devoción por la música de Taylor Swift llevó también, a un grupo de fans a realizar un acampe que duro cinco meses, desde que salieron a la venta las entradas. En el recital, la artista dijo que conocía esa historia y no lo podía creer.
La emoción iría en aumento a lo largo del show de tres horas y media hasta dejar a Taylor casi sin aliento y sin palabras en distintos tramos del concierto. La artista devolvería el amor de sus seguidoras con un show de dimensiones épicas y una producción más cercana a una película de Hollywood, la creación de un universo de fantasía llevado a la realidad, su propia película autobiográfica en vivo.
Las canciones son capítulos del libro de la vida de su autora. Aparece la artista que quiere tocar el cielo con las manos y se eleva del piso por una escalera gigante que va subiendo, al mismo tiempo que crece la progresión de acordes en «You belong with me» y «Love story». La que atraviesa un bosque vestida como una sacerdotisa gótica con una larga capa verde en «Wilow», rodeada de bailarines que hacen flotar unas esferas de color naranja a su alrededor. La que está recostada en el techo de una casita del bosque de ensueño para meter al oyente adentro del clima del disco Folklore en «The One». La que en «Vigilante shit» baila una coreografía retro sobre unas sillas, como si estuviera en un musical de la película Cabaret. La que levanta la guitarra envuelta en purpurina plateada y le canta a todo el estadio esa frase de «Long live» que dice: «Guarda este momento. Un día seremos recordados».
Es un guiño al público. Taylor sabe que está en su momento de plenitud artística, quizás el punto más alto de su propia historia, como el que conoció Madonna en los 90. Las swifties entienden rápidamente ese código encerrado en las líneas de la canción y por eso la ovación de varios minutos, la confirmación de que es así. No habrá otra noche mejor, no habrá otro concierto así de Taylor en la Argentina. Incluso no habrá bises después de las 45 canciones. Sus seguidoras, que la esperaron por años y que estuvieron este día, que pudieron asistir al recorrido por todas las épocas musicales de Taylor Swift, se irán tranquilas del estadio y con un dejo efervescente en sus rostros, un brillo en las pupilas. Recodarán este momento por el resto de sus días. Incluso cuando sus vidas hayan cambiado. Incluso cuando hayan vivido lo suficiente para saber que hay cosas que nunca se olvidan.

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