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Entre la belleza y la oscuridad

Alejandra Pizarnik, biografía de un mito
Cristina Piña, Patricia Venti
Lumen
432 páginas

Poemas y diarios. La biografía indaga en los misterios que rodean a Pizarnik.

Foto: Télam

Algunos la definen como «la última poeta maldita latinoamericana». Otros, como una referente de la poesía surrealista. Muchos, como un alma en pena que se vio obligada a terminar con su vida mediante una sobredosis de barbitúricos el 25 de septiembre de 1972. A 50 años de su trágico final, hoy todos coinciden en que Alejandra Pizarnik es un emblema ineludible de la poesía argentina y latinoamericana. Admirada por amigos escritores como Julio Cortázar, Olga Orozco, Arturo Carrera y Fernando Noy, su obra es un huracán de potencia incontenible que ha producido que sus versos se conviertan en clásicos.
Por estos días, en la Biblioteca Nacional se puede visitar la muestra Entre la imagen y la palabra, en la que se exhiben libros marcados con su propia letra y papeles que revelan la trastienda de su escritura, pero también dibujos y collages de su autoría. La puesta en escena realza esa faceta menos conocida, su interés por las artes plásticas y, de ese modo, amplía el espectro de referencias que orbitan en su laboratorio poético.
Muchos episodios de la vida personal de Pizarnik –su depresión, sus trastornos alimenticios, sus amoríos, su ambigüedad sexual, su incorrección política en muchos aspectos– y el misterio de sus diarios íntimos –en parte, publicados y, otra gran parte, oculta en los archivos de la Universidad de Princeton– han alimentado muchas veces un mayor interés sobre estos aspectos que en la lectura de su obra. La publicación de Alejandra Pizarnik, biografía de un mito, de Cristina Piña y Patricia Venti viene a intentar echar luz sobre algunas de estas cuestiones. Las autoras realizan infinidad de entrevistas e indagan en los papeles personales de la autora, muchos inéditos, para tratar de desentrañar sus secretos. Aquí se lee sobre su infancia, la relación con sus padres, la obsesión por la muerte, sus sesiones de terapia con León Ostrov, su estadía en París, sus amistades literarias, sus romances y su fatal desenlace. Se la describe como desfachatada y silenciosa, con cierta preocupación por el cuerpo y dificultades para la realización de quehaceres cotidianos. También se analiza su obra poética y su prosa a partir de la interpretación de diversos fragmentos, donde se descubren desde dilemas en torno al lenguaje hasta cómo la atravesó la muerte de su padre.
Dividido en cinco capítulos, el libro ordena su vida a partir de ciertos hechos que funcionan como un parteaguas: su paso por diversas carreras y talleres (Filosofía, Periodismo, Letras, pintura con Juan Batlle Planas); su estadía en Europa, en donde termina de consolidar su aspiración literaria; su regreso a una Buenos Aires en ebullición durante los años 60 y su posterior punto de no retorno, que derivaría en diversas internaciones hospitalarias, intentos de suicidio y una depresión de la cual ya nunca escaparía.
También hay algunas anécdotas no tan conocidas. Como lo que cuenta su amigo Antonio López Crespo acerca de un matrimonio que vivía en el octavo piso del edificio donde habitaba Alejandra y la molestaba mucho a la hora de escribir debido a sus fuertes discusiones. Un día, cuando la situación se volvió intolerable, subió a golpearles la puerta y, al no recibir respuesta, terminó rompiendo la misma con una plancha. La pareja llamó a la policía y Alejandra pasó la noche en la seccional hasta que su amigo López Crespo, quien era abogado, fue a buscarla y logró su liberación aduciendo que se encontraba bajo tratamiento psiquiátrico.
Si bien, por momentos, recae en ciertos lugares comunes y, otras veces, no logra dilucidar ciertos enigmas, el trabajo funciona como un compendio de claves que amplían el universo Pizarnik. Un mundo que osciló entre la belleza y la oscuridad hasta aquel triste domingo de septiembre. Un día antes escribió en su diario: «Si abandono las perspectivas de la acción, mi perfecta desnudez se me revela. Estoy en el mundo sin recursos, sin apoyo, me hundo».


Pablo Díaz Marenghi

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