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Oscura obsesión

Santa Evita
Directores: Rodrigo García y Alejandro Maci
Protagonistas: Natalia Oreiro, Ernesto Alterio,
Francesc Orella, Darío Grandinetti.
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Destacada. Oreiro logra una dualidad que roza la perfección al interpretar a Evita.

Foto: Prensa

«Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República Argentina que a las 20.25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, jefa espiritual de la Nación». Con este escueto y célebre comunicado radial, el Gobierno informó el 26 de julio de 1952 el deceso de Evita. Minutos después el doctor Pedro Ara, un reconocido especialista en la conservación de cadáveres, ingresó a la habitación para embalsamar el cuerpo que según lo previsto iba a descansar en un monumento, que sin embargo nunca fue construido. 
En 1955, cuando las fuerzas militares derrocaron a Perón, ocultaron el cuerpo de Evita durante 16 años para impedir que se convirtiera en un arma contra el régimen. Antes de su muerte se había transformado en una potente figura y su cadáver, errante sin sepultura, inició un recorrido que incluyó falsos entierros, escondites sombríos y santuarios improvisados. 
El periplo de los restos convertidos en botín de guerra de los hombres de poder fue narrado por el escritor Tomás Eloy Martínez en Santa Evita, una novela ficcionada que toma como punto de partida los hechos históricos. El libro publicado en 1995 vendió más de 10 millones de copias en todo el mundo, además de cosechar premios y elogios. Luego de la versión libre y no oficial que Pablo Agüero plasmó en la película Eva no duerme, Marcela Guerty y Pamela Rementería adaptan una historia que a priori, por su estructura narrativa, parecía imposible llevar al formato audiovisual sin traicionar su esencia. 
La trama de la serie, estructurada como un thriller policial y dividida en siete capítulos, sigue tres líneas de acción en diferentes temporalidades. Por un lado, a través de una serie de flashbacks, reconstruye la vida de Eva desde su infancia. La segunda se centra en el coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, un siniestro personaje del servicio de inteligencia responsable del destino del cuerpo. Mientras que la tercera tiene como protagonista a Mariano Vázquez, un periodista que investiga el caso en 1971. La figura de Vázquez, que no aparece en el libro, funciona como alter ego de Tomás Eloy Martínez para reemplazar al narrador. 
Con producción de Salma Hayek y dirección del colombiano Rodrigo García, hijo de Gabriel García Márquez, y Alejandro Maci, Santa Evita impresiona, además de por sus virtudes a la hora de poner en escena un texto literario, por su despliegue artístico. Grabada en más de 40 locaciones de Buenos Aires, cuenta con la participación de 120 actores y actrices, 1.300 extras y un meticuloso proceso de reconstrucción de época. No solo se trata de una de las producciones más caras que se hayan realizado en el país, sino que se coloca al mismo nivel que otras notables series épicas internacionales. Cuando la reconstrucción se vuelve imposible por cuestiones presupuestarias se apela a imágenes de archivo, entrelazando la ficción con el documental. 
La gran protagonista de esta historia es Natalia Oreiro, que logra una dualidad que roza la perfección al interpretar a esa mujer débil al borde de la muerte que en ningún momento pierde su fortaleza frente a los demás. Sin duda el trabajo más arriesgado y compacto de una actriz que busca salirse de su zona de confort. La acompañan Ernesto Alterio (Moori Koenig), Francesc Orella (Pedro Ara), Darío Grandinetti (Perón) y Diego Velázquez (Mariano Vázquez), que conforman un cuarteto de hombres que, en diferentes épocas y circunstancias, se sienten dueños de un cuerpo ultrajado que no les pertenece.


Juan Pablo Russo