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Una madre transgresora

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Emiliano Basile

Blondi
Directora: Dolores Fonzi
Intérpretes: D. Fonzi, Carla Peterson, Toto Rovito, Rita Cortese y Leonardo Sbaraglia.
País: Argentina

Ópera prima. Fonzi, protagonista y directora, junto a Cortese, su madre en la ficción.

Foto: Prensa

En su ópera prima, Dolores Fonzi filma una especie de «coming of age» a la inversa: ese género que marca el pasaje de la niñez al mundo adulto en este caso no está centrado en el adolescente Mirko (Toto Rovito) sino en su madre, interpretada por la actriz y directora. Blondi (Fonzi), como su hijo la llama debido al teñido de su cabellera, es una madre liberal que tuvo a su hijo a los 15 años y lo crio de manera descontracturada, sin importarle las formas ni la mirada ajena. Ella comparte con él cervezas y cigarrillos de marihuana en medio de conciertos y fiestas juveniles, en un extraño equilibrio en medio del caos que representa su hogar.
Producida por Santiago Mitre a través de La Unión de los Ríos, la película  plantea nuevas formas de maternidad, en contraste con el modelo de  familia tradicional y, en apariencia, ideal, de su hermana Martina (Carla Peterson), que está casada con Eduardo (Leonardo Sbaraglia) y tiene dos hijas. Sin embargo, en la intimidad Martina está en crisis y escapa de un día para otro rumbo a la Patagonia en busca de un novio de su adolescencia. Blondi sale en auto a buscarla junto a su hijo, en un viaje propio de una «road movie». Un periplo bisagra para el vínculo entre madre e hijo ante la inminente posibilidad de que asista a la universidad. Ambos deberán madurar para adaptarse a vivir el uno sin el otro.
Esta nueva maternidad genera figuras clave a su alrededor. El personaje de Sbaraglia representa al padre incapaz de criar a sus hijas sin ayuda femenina, dejándolas al cuidado de Blondi cuando su mujer se marcha. Otro personaje importante es Pepa (Rita Cortese), la abuela leona y de pocas pulgas quien, con sabiduría y experiencia, guía a los suyos en el camino a tomar con tenacidad y coraje. Sin embargo, el personaje principal que da título a la película es el que interpreta Fonzi, esa madre desordenada y algo irresponsable (por ejemplo, su hijo le recuerda el cumpleaños de su hermana y que tiene que llevar una torta), aunque dedicada al cien por ciento a la crianza de su hijo. Los olvidos recurrentes son compensados con amor y comprensión.En su rol de directora Fonzi logra una ópera prima sensible y entretenida, con un ritmo ágil y momentos de humor oportunos que abordan temas delicados como el aborto y el consumo de drogas de forma genuina, sin caer en golpes bajos o momentos lacrimógenos. El relato de Blondi avanza con gracia y optimismo, al igual que su protagonista. Esto se debe, en parte, a las destacadas interpretaciones de su talentoso elenco, así como al experimentado equipo técnico, que comparte muchos nombres con la galardonada Argentina, 1985: el director de fotografía Javier Juliá, la directora de arte Micaela Saiegh, la música de Pedro Osuna y el montaje de Andrés Pepe Estrada, entre otros.
No obstante, el mayor mérito del film radica en la decisión ideológica de contar con un guion netamente femenino, escrito a cuatro manos por Fonzi y Laura Paredes, quienes retratan a los personajes con naturalidad y frescura desde el primer minuto. Presentada en la competencia oficial del Bafici, Blondi es una agradable sorpresa para la cartelera local, que se aleja de los lugares comunes y el enfoque conservador de la comedia costumbrista argentina, para seguir estructuras narrativas del cine indie estadounidense, con su característico espíritu transgresor y políticamente incorrecto. De este modo renueva la forma de representar la relación entre madre e hijo con gracia y encanto.

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