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Visión intuitiva

Tercer ojo
Varios artistas
Malba

Fuerza hipnótica. «Diego y yo», el cuadro de Kahlo que protagoniza el recorrido.

Centrada, insolente y a oscuras, una pequeñísima pupila mira de frente desde el cuadro récord de ventas de las artes visuales latinoamericanas: «Diego y yo» (1949) fue adquirido por la colección Costantini en una vertiginosa subasta –casi 35 millones de dólares– y viajó desde Nueva York hasta Buenos Aires custodiado con un celo inimaginable. Ahora la misteriosa y subyugante pintura de Frida Kahlo reposa, reunida con una de sus hermanas, en una especie de capilla negra que le está dedicada.
La obra está acompañada por fotografías, cartas y objetos que registran su vida y también por una de las prendas bordadas típicas que solía vestir la artista fallecida en 1954. Así permanecerá al menos un año, todo el tiempo que está proyectado que dure Tercer ojo, la muestra que ocupa dos niveles del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires y que solo en el día de su apertura convocó a unas 1.500 personas.
La fuerza hipnótica de Kahlo es innegable: nadie que entre saldrá del lugar sin rendir pleitesía a la nueva adquisición. Si bien la mexicana formaba parte de la colección desde la fundación del museo en 2001, con su «Autorretrato con chango y loro», esta vez nos alcanza desde una pieza de menores proporciones pero, quizás, mayor profundidad. Vemos a una Frida ahorcada por su propio cabello, con su adorado Diego Rivera estampado en la frente, y en el entrecejo de Rivera el bendito tercer ojo, abierto como un volcán. 
La muestra pone en diálogo la colección del fundador del museo con la de la propia institución, que incluye donaciones recibidas de benefactores pero también de familiares de artistas. Para quienes sean habitués del Malba, muchas piezas serán conocidas pues integran su colección estable, pero habrá sorpresas más allá de su disposición: varias de ellas habían permanecido fuera del circuito internacional por décadas.
María Amalia García, curadora en Jefe de Malba, estuvo a cargo de diagramar un recorrido por las 240 obras en exhibición y lo hizo no cronológicamente sino desde dos núcleos conceptuales: habitar y transformar. La ciudad, el cuerpo, la realidad, los límites, la palabra, lo social, la vida y la muerte son las consignas que responden o discuten piezas de artistas como Liliana Porter, León Ferrari, Emilio Pettoruti, Augusto de Campos, Tarsila do Amaral, Miguel Covarrubias, Sheroanawe Hakihiiwe, Xul Solar, Ana Mendieta, Marta Minujín, Nicolás García Uriburu, Remedios Varo, Antonio Berni, Guillermo Kuitca, Gyula Kosice, Julio Le Parc, Jorge Gumier Maier, Fernanda Laguna y el propio Diego Rivera, entre otros.
Una de las obras que también promete protagonismo es la instalación de Mariela Scafati, «Windows», que se exhibe por primera vez en el museo. El camino sugerido se inaugura en la imponente escultura blanca de la brasileña María Martins, «Lo imposible», y esa tensión entre deseo y posibilidad vertebra, a su vez, el efecto que consigue el conjunto seleccionado a partir de un acervo que supera las 700 piezas. ¿Qué es el arte latinoamericano?, parece latir como pregunta subterránea durante todo el banquete visual, variado y envolvente.
«El título de la exposición, Tercer ojo, surge de la obra de Kahlo, que representa la obsesión amorosa de la pareja de artistas. Alude, además, a la visión intuitiva y definida de una colección y alberga la ilusión de que ese ojo interno guíe nuestros modos de habitar y transformar el mundo», explican desde el Malba sobre esta visita obligada para quienes aman el arte o están a punto de comenzar a hacerlo.


Valeria Tentoni