Cultura

Antihéroe suburbano

El protagonista de la historieta publicada en los 90, que dejó una huella con su humor filoso e incorrecto, llega a la pantalla grande de la mano de una producción independiente. Los políticos corruptos y los famosos de utilería vuelven a ser sus enemigos.

Personaje. Fiel al original, la versión fílmica del Cazador se estrena en diciembre. (Prensa Cazador)

 

En la década del 90, el cómic El Cazador mostraba la peor cara de la sociedad argentina. Un país que se creía en el Primer Mundo, pero vivía sumido en el consumo y la frivolidad. El personaje creado por Jorge Lucas era un tipo iracundo, impulsivo, blasfemo, irrespetuoso, machista y xenófobo que, sin querer, terminaba haciendo justicia.
Según su propia leyenda, el musculoso panzón hincha de Racing había sufrido una maldición demoníaca siglos atrás, que lo había convertido en ese ser de aspecto y modales desagradables. Sus aventuras habían dejado de publicarse tras la crisis de 2001, pero 15 años después vuelve al ruedo con Cazador: la película.
Con la dirección de Georgina Zanardi y Marcelo Leguiza, guión de Claudio Ramírez y el propio Lucas (padre de la criatura), el rodaje comenzó en el mes de junio y el estreno está previsto para diciembre de este año. En su versión cinematográfica, el Cazador regresa para salvar al mundo de los zombis y demonios que causan caos y muerte. «La película no es la biografía del Cazador, sino una mezcla de todas la etapas de su vida, en la que están todos los personajes principales en una historia nueva», cuenta Leguiza a Acción. El protagonista es encarnado por el luchador de catch Luis La Masa Montanari, que tiene un parecido físico notable con el dibujo de Lucas. «Hace unos años él había hecho un casting para un proyecto trunco de una película del Cazador. Lo llamamos y aceptó de inmediato», dice el director.

 

Justiciero independiente
Tanto Zanardi como Leguiza pertenecen a la generación que creció durante el menemismo, la época en la que El Cazador era la historieta argentina con más seguidores. «No es un simple cómic, es un personaje que representa incorrección, que se ríe de los que se reían, y aún ríen, de nosotros. Todo lo que se idolatraba era destruido por el Cazador, tanto en lo político como en lo social», afirma Leguiza. Para el realizador, lo más interesante de este antihéroe nacional es «que siempre le pegó a la derecha sin importarle nada. El Cazador era pura violencia, pero también una mezcla exacerbada de lo peor que tenemos y no queremos mostrar o hacernos cargo».
Años atrás existieron otros proyectos para trasladar sus aventuras a la pantalla grande, pero fracasaron cuando los distintos productores intentaron modificar la esencia del personaje para llegar a un público más amplio y se encontraban con la negativa de Lucas, su autor. «Para nosotros era primordial respetar al 100% el original, más que nada porque somos lectores del Cazador desde muy chicos», sostiene Leguiza. «Algunos productores nos ofrecieron de todo, pero cuando veían que no podían tener injerencia sobre el personaje, su universo, sus códigos y el tipo de humor, se borraban».
A diferencia de otras producciones locales, Cazador: la película no cuenta con la financiación del INCAA: se trata de una producción independiente. «Junto con mi socio Oscar Pata, de la productora Mutación, y Georgina Zanardi, de Mondo Lila, financiamos un teaser. La idea era poder hacer algo de calidad para lanzar una campaña de financiación colectiva en la plataforma Idea.me. Queríamos demostrar que no estábamos pidiendo plata para hacer algo berreta o que no respetara el personaje», explica el director.
Luego realizaron eventos, a los que titularon «Cazafest», para recaudar nuevos fondos. El presupuesto inicial se obtuvo en 2015 mediante Idea.me, pero el dinero reunido perdió su valor un año después con la inflación. Para seguir filmando, entonces, optaron por las fiestas, hasta que se sumó la empresa de alquiler de equipos Provideogrip como coproductor y les facilitó la tarea.
El rodaje de la película se llevó a cabo durante los fines de semana, días que tanto actores como técnicos tenían libres. Fueron jornadas extensas en las que, fiel a la esencia del personaje, todo terminaba en una «vaquita para la birra». Con hijos marcianos, ríos de sangre, políticos corruptos, famosos de la televisión basura, el presidente Diegote y las ratas, el Cazador ha retornado como un símbolo de los tiempos que corren.