Cultura

Archivo abierto

El escritor y humorista gráfico, creador de personajes como Inodoro Pereyra, es el centro de una serie de homenajes que confirman la vigencia de su obra: una muestra en la Biblioteca Nacional, otra en Rosario y una película basada en sus cuentos.


El tablero de trabajo, los lápices que utilizaba, las fotos y los pósters. Todo seguía en su lugar. «Conocer el estudio de Fontanarrosa fue un gran impacto», recuerda la periodista e investigadora Judith Gociol. Y lo más importante no estaba a la vista: eran 75 cajas organizadas y rotuladas por el mismo dibujante, donde guardaba sus originales. Ese archivo en el que preservó su obra se reactiva ahora al incorporarse a una exhibición que anuncia la Biblioteca Nacional en homenaje al creador de Inodoro Pereyra y Boogie el aceitoso, al cumplirse 10 años de su fallecimiento.
La muestra Fontanarrosa, archivos clasificados reúne 80 originales del autor, con materiales provenientes de los fondos de Ediciones de la Flor, de su colaboración con Les Luthiers y su correspondencia con Quino y Cipe Lincovsky. Con curaduría de Gociol, inaugura el 27 de julio en el Museo del Libro y de la Lengua.
No es la única actividad que celebra al gran escritor y dibujante. El Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, en Rosario, presenta Los clásicos según Fontanarrosa, una muestra de sus adaptaciones  de la literatura universal. A la vez, también en julio se estrena Fontanarrosa, lo que se dice un ídolo, película donde los realizadores Juan Pablo Buscarini, Gustavo Postiglione, Héctor Molina, Néstor Zapata, Hugo Grosso y Pablo Rodríguez Jáuregui adaptan distintos cuentos, con un reparto que incluye a Darío Grandinetti, Luis Machín, Catherine Fulop, Dady Brieva y Julieta Cardinali.

«Fontanarrosa era de los pocos dibujantes que llevaba ordenado el archivo personal», destaca Gociol. «En su estudio tenía una planera donde guardaba las tiras de Boogie e Inodoro, un baúl con trabajos más antiguos, de cuando hacía publicidad. La idea de la muestra fue sostener esa clasificación». No obstante, «después vimos que Fontanarrosa es muy inasible, en el sentido de que los textos pasan por distintos formatos, por ejemplo el guión para Les Luthiers, el chiste y el cuento. Los mecanismos narrativos, el modo en que utiliza la palabra, los juegos y la burla de los lugares comunes atraviesan toda su obra, no respetan las clasificaciones temáticas».

Parodia con estilo
Fontanarrosa (1944-2007) se inició como dibujante publicitario y diseñador gráfico en Rosario. Sus colaboraciones en Hortensia, la revista cordobesa, lo consagraron como humorista gráfico. Las adaptaciones de clásicos fueron uno de sus primeros acercamientos a la literatura. En la muestra rosarina se expondrán, entre otras, sus versiones de La Ilíada, La Odisea, Robinson Crusoe y La cabaña del Tío Tom, donde puso a punto su trabajo con la parodia, un procedimiento distintivo de su obra y básico en la creación de personajes como el escritor de aforismos Ernesto Esteban Etchenique.
«Etchenique es la encarnación de todo lo culturalmente instituido sobre lo que el humorista ironiza: lo pomposo, la estrechez de las frases hechas y los lugares comunes del pensamiento», dice al respecto Gociol. «Frente a eso, Fontanarrosa revela la sonoridad, el ritmo, los tics y las trampas del habla».

Su trabajo como escritor es comparable en dimensiones y riqueza al que desplegó como humorista. La película Fontanarrosa, lo que se dice un ídolo retrata ese aspecto de su obra, al adaptar los cuentos como «Vidas privadas», «No sé si he sido claro», «El asombrado» y «Sueño de barrio».
«Fontanarrosa trabajaba muy metido en la industria de los medios y en la industria editorial», dice Gociol. «Uno puede detectar mecanismos en los chistes, pero lo que nos sigue pasado es que nos dan mucha gracia. A veces se hacen malas interpretaciones por no leer la parodia, o al tomar en sentido literal la violencia de Boogie o el machismo de algunos personajes. En realidad son burlas a lo solemne, a la cultura, a los estereotipos, a través del humor basado en la oralidad». La «desclasificación» de sus archivos confirma su  plena vigencia.