Cultura

Arrabal platense

Con La Guardia Hereje como referencia histórica, el tango se expande en la ciudad de las diagonales para darle forma a su propio circuito de ciclos y milongas. El diálogo con la tradición y con la escena porteña. La formación de los nuevos exponentes.

Mixturas. La música ciudadana surgida en La Plata tiene referentes como Cioccini y Magri.

La onda sonora rebotó contra el Río y llegó a La Plata. Luego de casi dos décadas de tango nuevo en Buenos Aires, la capital provincial sentó las bases para darle impulso a su propia escena, con una identidad propia y con algunos referentes que trascienden el casco urbano. Para el desarrollo, la génesis fue parecida a la porteña: el circuito de las milongas, el respeto por la tradición y la fundación de nuevas carreras de música popular que incluyen el estudio del género.
Luego de ese período llegaron los ciclos iniciales, algunos bares dieron lugar a la movida y nació la primera gran referencia local: La Guardia Hereje, encabezada por el compositor Jorge Alorsa. «La mirada de Alorsa es bien platense, siempre fue un puente», reflexiona Nacho Villabona, productor y pieza clave para el desarrollo actual del dos por cuatro.
Villabona agrega que, con su Tango Criollo Club, que organizaba La Guardia Hereje, Alorsa propició un importante intercambio. El Choco Invita (impulsado por Nicolás Ciocchini) fue un espacio continuador de esa idea y ahora el Ciclo Mistongo continúa con el plan. Coordinado, justamente, por Villabona, favorece el contacto permanente con la escena madre, la de Buenos Aires.

Mixtura y desprejuicio
Nicolás Choco Cioccini es un referente milonguero. Guitarrista, cantor, compositor y profesor de las nuevas generaciones, ofrece una perspectiva amplia y reflexiva sobre el género local: «El tango hecho en La Plata tiene un gran desprejuicio, no busca una reproducción sacralizada de los cánones del género. Por un lado, me parece que no hay una imagen en la cual reflejarse (o medirse) tan fuerte. Si bien es una ciudad con tradición tanguera, hay otros géneros que desde hace tiempo tienen más visibilidad y reciben más interés. No tener una tradición que marque la cancha todo el tiempo permite un abordaje más descontracturado», afirma.
La cantante e investigadora Gisela Magri grabó Madeja, un disco que eleva el nivel de la interpretación por búsqueda, mixtura, repertorio (de Spinetta a Cabrera, de Manzi a Tape Rubín) y arreglos. «El contexto cultural, autogestivo, suma a la murga, el candombe, las peñas y las milongas. El ambiente de las milongas fue importante. Allí la música en vivo era mucha. Lo que pasa es que antes éramos menos, después se dio más la integración. Somos híbridos por nuestros circuitos culturales, creo que eso es muy platense», explica Magri, a la vez que remarca la importancia de la enseñanza de la música popular en las instituciones educativas de la ciudad.
Guitarrista, compositor y arreglador del atípico Cuarteto Bonavena, Pey Rodríguez advierte que «hay algunos lugares, aunque limitados, donde se puede ir a escuchar tangos nuevos: La Bicicletería, Ciudad Vieja, La Caipo. Estos espacios realizan un gran aporte, que puede direccionarse en una lenta transformación que lleve a un cambio de paradigma, donde hacer y escuchar música nueva se vuelva una actividad más cotidiana y convocante».
Entre los talentos jóvenes, Rodríguez menciona a Noelia Sinkunas. La pianista editó su disco solista, Escenas de la nada, y acompaña a varios referentes nacionales. «Tengo la sensación de que el tango de autor siempre fue más cantado que instrumental en La Plata», dice Sinkunas. Con el circuito en marcha, la proliferación de artistas no se detiene: El engrupe, Machaque Tango, Agua Sucia y Los Mareados, Pablo Murgier y su sexteto, El Manijazo, Quinteto Bustamante, Cuarteto Tangor, Burako Orquesta y los nombres siguen.
Está la formación académica, pero también el contacto social característico del género. La del tango nuevo es una generación desprejuiciada, conocedora de la tradición y con talento para continuarla. En ese camino, además, está la mixtura que el circuito le imprime en su diálogo con otros sonidos, otras músicas. Como canta Alorsa: «No hace falta más que entrecerrar los ojos/ para verte gambetear».