Cultura

Avanzada oriental

Con La Vela Puerca, No te va gustar y el Cuarteto de Nos como puntas de lanza, las bandas charrúas pisan cada vez más fuerte de este lado del Río de la Plata. Antecedentes históricos y claves para entender el éxito de un producto de exportación.


Tríada. La Vela Puerca, el Cuarteto de Nos y No te va gustar, los grupos de la vecina orilla que se lanzaron a la conquista del público local. 

 

Entre 1985 y 1989, en Uruguay detonó lo que se dio en llamar el rock posdictadura: bandas como Los Estómagos, Traidores, Los Tontos, Zero y La Chancha Francisca absorbían y reelaboraban el pospunk, el glam, el dark y hasta el electro-pop. Varias, incluso, cruzaron el charco para grabar sus discos en Argentina. Con ellos afloraron por las calles de Montevideo figuras de gamulanes negros y ojos pintados, grafitis, revistas under, suplementos en diarios, FM y hasta un sello discográfico. Fuese un movimiento efímero o una escena espontánea, lo cierto es que hacia fines de los 80 la mayor parte de los grupos se habían separado.
Sin embargo, la historia del género del otro lado del Río de la Plata iba a sumar un nuevo capítulo, con una camada de bandas que asomaron desde el under en sincronía con el nuevo milenio. Así se explica el desembarco en tierras argentinas de tres bandas que, con el tiempo, se transformaron en el arquetipo de la recuperación del rock uruguayo: No te va gustar (NTVG), La Vela Puerca y El Cuarteto de Nos. Como indicio, basta con recordar una nota de tapa que publicó la revista Rolling Stone hacia 2014: «La gran banda de rock nacional es uruguaya», decía el título, que venia acompañado por una foto de los NTVG.
Periodista especializado en música, Mariano Del Mazo ensaya una teoría para describir el fenómeno: «La relación entre el rock argentino y el uruguayo es muy curiosa, simbiótica y suele funcionar como un espejo. Ya en los comienzos del género, Los Gatos y Almendra se fascinaban con el beat de Los Shakers. Lo más interesante y sintomático ocurrió en los años 90, cuando se debatían aquí el llamado “rock sónico” con el llamado “rock barrial”. Fue el apogeo del desembarco de Jaime Roos. Entraron los tambores y bandas como Los Piojos, Bersuit y hasta Los Cadillacs, tomaron elementos del candombe y la murga. Hoy ninguna de las bandas masivas uruguayas ostentan un sello claramente oriental. Lo local se disolvió en ese juego de espejos, legitimaciones e influencias».
NTVG se formó en 1994 en Montevideo. Con una base rockera matizada con reggae, candombe y ska, llegaron a Argentina a principios de la década pasada, apenas editado el primer disco. En 2013, metieron 55.000 personas en el predio de Costanera Sur, y más de 120.000 en una gira por el Interior.
Nacido en la misma época, La Vela Puerca sumó al gurú Gustavo Santaolalla como productor artístico en el álbum Deskarado, del 98. Y en el verano de 2000 ya giraban por la costa atlántica bonaerense.
La de El Cuarteto de Nos es una historia con similitudes, pero también con diferencias. Con un primer disco editado en 1984, su debut argentino fue en la Segunda Bienal del Arte Joven de 1991. El recorrido hasta llenar el Luna Park, como ocurrió en abril pasado, sería largo. «Hasta el disco Navidad en las trincheras, del 96, era una propuesta sumamente amateur la nuestra, y solamente como un divertimento», cuenta Roberto Musso, cantante y guitarrista rítmica de la banda, en diálogo con Acción.  
«Recién en 2006, cuando sale Raro, que es el disco que nos abrió la puerta para Argentina y Latinoamérica, fue que pasamos a vivir específicamente de la música», dice Musso. «Uruguay siempre tuvo músicos muy destacados. En general, el rock había estado un poco sumido en las fronteras del público, más que uruguayo, te diría montevideano. Pero en los 90, con una nueva generación de gente –músicos, sonidistas, productores–, se le dio un envoltorio a ese diamante en bruto que eran las canciones y los artistas, que lo hizo más escuchable fuera de las fronteras. Creo que fue ese el porqué de la exportación y del momento que vive hoy el rock uruguayo».