Cultura | JULIÁN KARTUN

Canciones de libertad

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Alejandro Lingenti

Después de interpretar al Flaco Spinetta en la serie dedicada a Fito Páez, el músico y actor pone sus fichas en el ascendente camino de su banda El Kuelgue.

Fecha señalada. Con Kartun al frente, El Kuegue presenta los temas del flamante «Hola Precioso» el 15 de septiembre en el Luna Park.

Foto: Jorge Aloy

Es un gran momento para El Kuelgue. La banda liderada por Julián Kartun acaba de editar su quinto disco, titulado Hola Precioso, producido por Mariano Otero, y lo presentará el 15 de septiembre en un escenario que habla por sí mismo de su alta convocatoria actual: nada menos que el Luna Park. Antes de esa cita de lujo harán shows en Córdoba, Rosario y La Plata. Y vienen de una gira por España que salió redonda: llenaron dos veces la sala Apolo (con capacidad para 800 personas) en Barcelona y también completaron el aforo de la discoteca El Sol, un clásico reducto madrileño por donde pasaron, en sus 40 años de rica historia, varias leyendas del rock internacional. 
Dedicado casi a tiempo completo a la música, Kartun también aprovechó el paso por Europa para dar un concierto más íntimo en una coqueta terraza de Ámsterdam, acompañado por el excelso guitarrista argentino Lisandro Silva Echevarría. En un ambiente informal y distendido, el dúo interpretó tangos y boleros clásicos, un tema de Gustavo Cerati, alguna bossa nova, alguna rumba y versiones unplugged de canciones de El Kuelgue. La elección del repertorio ofrece pistas concretas del gusto ecléctico de Kartun.
«Creo que una de las características que definen a El Kuelgue es la libertad con la que pensamos y nos movemos», argumenta el cantante, también actor, hijo de uno de los dramaturgos y directores más prestigiosos del teatro argentino contemporáneo, Mauricio Kartun. «En el ADN de la banda hay mucho del rock argentino: Sumo, Los Abuelos de la Nada, Charly, Fito, Spinetta, la Bersuit también, Los Fabulosos Cadillacs, Turf, Los Decadentes… Crecimos con todo ese sonido. Y son todos artistas que siempre fueron muy libres, que tomaron la decisión de hacer lo que se les canta. Y con nosotros pasa lo mismo: venís a un show y escuchás rock, cumbia, folclore, reggae, candombe», enumera. 
Este año, el grupo también viajará a México, un mercado que por su volumen es muy interesante para los artistas argentinos que logran cruzar fronteras. La formación, que también incluye a Santiago Martínez, Juan Martín Mojoli, Nicolás Morone, Pablo Vidal y Tomás Baillie, ya tiene una buena legión de seguidores en Uruguay, Chile y Paraguay. Esta excursión mexicana, que incluye presentaciones en festivales y algunas fechas propias, es un paso importante para consolidar un perfil internacional.

Papel desafiante
Por estos días Julián tiene mucho menos tiempo que antes para actividades paralelas como la radio o la actuación. De todos modos, su faceta actoral está muy vigente: sobre el escenario con El Kuelgue y en algunos espectáculos humorísticos que monta con Julián Lucero y Félix Buenaventura. Párrafo aparte merece su elogiada interpretación en El amor después del amor, la exitosa serie de Netflix que cuenta desde la ficción una parte de la vida de Fito Páez. A Kartun le tocó el papel de un monstruo sagrado del rock argentino como Luis Alberto Spinetta y estuvo a la altura de las circunstancias. Lo sabe y eso lo deja satisfecho.
«Cuando me lo ofrecieron lo pensé, porque era un desafío importante hacer de Spinetta y sabía que podían venir algunos piedrazos», confiesa. «Y algunos efectivamente vinieron, pero en general la recepción fue muy buena. Para mí fue fundamental recibir buenos comentarios de músicos que conocieron a Luis, y eso me tranquilizó. A mí me parece que la serie está muy buena, tiene un gran laburo de edición, buenas actuaciones y una historia que atraviesa a mucha gente: es muy emocionante», afirma.     
Para interpretar su papel se preparó viendo material audiovisual de archivo y leyendo libros y entrevistas de Spinetta. «Fue divertido porque a todos los chicos de El Kuelgue les gusta Spinetta y ellos me acercaban cosas de Luis que me servían para prepararme», recuerda. «Fue útil verlo fuera del escenario, escuchar cómo hablaba, cómo se movía, en qué cosas pensaba». 
Desde los inicios del proyecto El Kuelgue, allá por 2004, hasta este presente intenso ha corrido mucha agua bajo el puente. El despegue hacia la popularidad no fue explosivo e inmediato, como ocurre asiduamente hoy con los jóvenes artistas de música urbana apoyados en la viralización de las redes sociales; tardó en llegar, pero hoy es un beneficio concreto.
«Los diez primeros años fueron de batalla: tocar, tocar y tocar», cuenta Kartun. «Grabamos un solo disco en esa primera época, Beatriz, de 2012. Hace cinco años se empezó a ampliar la familia. Después de editar el tercer disco, Cariño reptil, empezamos a laburar con gente más profesional y todo se fue encaminando. Creo que pasó porque sintonizamos muy bien con esta época de internet, zapping permanente y mezcla de géneros, estilos e influencias. El público se volvió menos talibán. Cuando empezamos, hace veinte años, el público era más reticente a esos cruces. Nosotros siempre fuimos menos solemnes, nos gusta reírnos un poco de nosotros mismos».

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