Cultura

Canciones pandémicas

Desde Los Auténticos Decadentes hasta Alejandro Lerner, pasando por Ciro y Los Persas, Leo García y San Martín Vampire, todos grabaron un puñado de temas que suenan como plegarias que le hacen frente al coronavirus y a los males que trajo aparejados.

Todas las voces. Bruno Beguerie, San Martin Vampire, Nicolás Voloschin, Andrés Ciro Martínez y Leo García & amigues, autores de piezas urgentes. (Bruno: Valentina Iniesta – SMV: Josué Cereceda – Nico: Ale Doti – CIRO: Gentileza Cosquin Rock)

Un ya remoto 22 de marzo, el uruguayo Jorge Drexler lanzó «Codo con codo» y dio pie al fenómeno regional de la canción plegaria, el jingle educativo o, simplemente, de la música influida por la situación de pandemia. En Brasil, Adriana Calcanhotto grabó su disco Só en quince días; en Chile, René de la Vega y otros cantantes hicieron «Me quedo en casa porque te quiero». En Argentina, tiene sentido que la tendencia empezara por Los Auténticos Decadentes. La banda estaba en pleno cierre de carnavales y fiestas nacionales cuando comenzó la cuarentena y, fiel a su misión animadora, lanzó «Juntos para siempre» el 6 de abril.    
Por esos días, el aislamiento preventivo todavía era algo que «se extendía» y no un nuevo estado de las cosas. Así, sin pensarlo mucho, el grupo grabó de modo remoto, con participación de sus familias, el primer tema inspirado por el COVID-19 de la música nacional. «No podemos vernos y eso es una pena /pero es solo un tiempo que pronto pasará», dice la letra. Tan inmediato fue su impacto, que lavarse bien las manos y limpiar con lavandina eran por entonces una novedad. «No hay que deprimirse, hay que dormir la siesta /Clases de yoga en el comedor», cantan los piratas.
Leo García estaba revisitando la obra de León Gieco, preparaba un disco homenaje, cuando se confirmaron los primeros casos en Argentina. Los primeros días de aislamiento, que lo encontraron viviendo solo en un departamento, se hicieron largos y angustiantes. El mismo 21 de marzo, con su amigo Pablo Schanton, decidieron hacer canciones sobre la situación. «Hice varias letras de un tirón. Pero “Pasará pasará” es la que mejor funcionó como canción-plegaria», dice el crítico e investigador musical, autor de las letras del disco Mar, entre otros clásicos de Leo. «Me acuerdo cuando mi mamá me decía: “pasará, pasará” /Y me acuerdo que mi papá repetía: “pasará, pasará” /Y yo dejaba de llorar, tragándome la sal de los ojos», arranca la canción. «A fondo con la regresión. Sin temor a ese momento Favio-Piero de decir mi mamá y mi papá», define Schanton. «Quisiera salir un rato a caminar, sentirme libre aunque no sea verdad», continúa la composición estrenada el 16 de abril.
Enseguida llegó, más producida, a beneficio de la Cruz Roja, «Moby Dick (Juntos)», de Ciro y Los Persas. Una pieza de cinco minutos que recuerda a los valsecitos de Los Piojos, con un video que mezcla animación y tomas del grupo tocando por separado. Las imágenes que despliega llegan a ser explícitas –«Arponeros de hospital con barbijo y delantal /se le enfrentan en un mar embravecido»– pero juega con la metáfora, donde el virus es la ballena blanca y más que eso: es todo un modo de vida dañino que habrá que repensar cuando la emergencia sanitaria concluya.

Momento de catarsis
«Día siete, mi día de suerte /Miro de frente, me contagié /Día veinte, me baja la fiebre /me subo el cierre, acción del Redoxón». Quien canta en este vital electropop llamado «Carhué 40» es Sergio Pángaro desde la revivida San Martin Vampire. La banda fenómeno de los 90 –le encantaba a Gustavo Cerati–, que completan Rudie Martínez y Fabio Rey de Los Brujos, trabaja ininterrumpidamente desde comienzo de año en el sucesor de su disco de culto Debut y despedida. «Las restricciones sanitarias, y quizás una amenaza de extinción, pusieron en evidencia que la comunidad musical tenía bastante más conciencia de sí que lo que hacía suponer la vieja normalidad. Al menos en mi caso, no tener que soportarme presencialmente fortaleció mi vínculo social y afectivo con los artistas», bromea Pángaro, sorprendido por un año paradójicamente social y activo, en el que recibió invitaciones para colaborar de Joaquin Levinton, Manchesta, Electrochongo, Stuka y más artistas.
«La lapicera sobre el papel /no escribe nada y no sé por qué /¿Cómo rompo esta traba? ¡¡Ah!! /Ahora no sueño, todos los días se parecen», canta Nicolás Voloschin en «OM». Guitarrista y segunda pata compositora de Mi Amigo Invencible, encontró la oportunidad para desplegar su proyecto solista, El Desastre. «Después del primer mes de aislamiento me di cuenta de que el tiempo que la pandemia nos estaba robando, también servía para reflexionar sobre varias cosas, como la alimentación, el estilo de vida, el tiempo que pasamos frente a una pantalla. De repente no había nada que me impidiera sentarme a escribir, pero las palabras no venían, así que la letra habla de eso, de las trabas mentales y emocionales que no me dejaban decir lo que quería», dice Voloschin.
A otro mendocino, Bruno Beguerie, bajista de Perras on the beach, también le costó, pero encontró el motor cuando todo parecía caído. «Venía acostumbrado a una vida de tocar, girar, grabar, ensayar, y que de golpe se pinchara todo junto me dejó re descolocado. Afortunadamente pudimos hacer ese EP que nos terminó gustando mucho», dice el músico sobre Cuarentena Mixtape Vol 1, el trabajo que armó con su hermano Lucca. «Cuarentena en pena, aroma a alcohol en gel /noches desveladas y Kenan & Kel», dice el estribillo de la canción del mismo nombre, pegado a un audio de Alberto Fernández en conferencia de prensa, prolongando el aislamiento. Otros nombres del mixtape son «Malas noches» y «Nublado. Poco después de estrenar ese trabajo, Bruno decidió irse de viaje: «A despejar, estar en otra, salir de la zona de confort». Ahora, desde California, trabaja de sol a sol «para seguir haciendo cosas», y siente más fuerte la inspiración que en todo lo que va del año.

Rezo colectivo
Siempre enérgico y positivo, el ingeniero de sonido Mario Breuer escuchó el cover de «Yendo de la cama al living » de Alejo y Valentín y les ofreció mezclarlo sin cobrar. Los mendocinos quedaron encantados y todo sirvió de puntapié para el futuro. También estuvo trabajando a distancia con Luis Nani, director de la orquesta sinfónica de Villa María, «un poco a jugar como todo el mundo a hacer algo raro: ver cómo hacer sonar una orquesta cuando todos se graban con el celular desde su casa», cuenta Breuer sobre el experimento, que fue todo un éxito: recibieron elogios y hasta propuesta de sponsor. Con respecto al nuevo formato de recital que se impuso con la pandemia, sostiene que «el streaming me parece algo fundamental y necesario para mantener viva la música, para mantener vivos a los músicos y a todos los profesionales que trabajan alrededor. No reemplaza al vivo, es otra expresión de show musical».
En la historia de la música argentina, la plegaria es un género en sí mismo. «Plegaria para un niño dormido», «Toda canción será plegaria», «Rezo por vos», «Solo le pido a Dios», enumera Pablo Schanton. «Tenía que servir para las situaciones extremas que uno veía en los medios. Ahora eran las camitas estilo Kuitca de Tecnópolis. Me imaginé ahí, horizontal, desnudo, con respirador, en intensiva, mirando el techo, vulnerable hasta más no poder, aislado de todo: un hospital convertido en lo contrario, la intemperie misma. ¿En qué pensás cuando estás en una situación así de extrema?», plantea el crítico y letrista. De ahí el recuerdo en «Pasará Pasará» de esas primeras voces que calman, las de los padres, y su balsámico «sana sana». La canción le encantó a León Gieco y, por supuesto, su musicalidad le calza perfecto: el 20 de julio apareció la versión de “Pasará Pasará» por Leo García & amigues, con participación de una cantidad variadísima de artistas. «Pasará pasará. De lo malo que pasa algo bueno quedará», dice el estribillo, y no se equivoca.