Cultura

Ciencia para mirar

Programas, series y películas dedicados a los secretos de la naturaleza y el hombre ganan presencia en la grilla de canales y plataformas. Especialistas en la materia reflexionan sobre el alcance del fenómeno y su valor en la era de la información.

Exponentes. Imágenes de Ambiente y Medio, Cosmos: Mundos posibles y Todo tiene un porqué, tres enfoques diferentes del mismo universo.

Como muchos niños, veía documentales sobre el deshielo del Ártico y el futuro de los osos polares, sobre los mamíferos marinos repletos de plástico. No obstante, a diferencia de otros niños, no pudo olvidar el tema», se puede leer en una entrevista a Greta Thunberg publicada por The New York Times. La autora del artículo refiere, por un lado, al momento en que la joven activista sueca descubrió los devastadores efectos del cambio climático; y, por el otro lado, sugiere la creciente popularidad que tienen los programas vinculados a las ciencias naturales y al medioambiente entre las generaciones más jóvenes.   
El ejemplo es ilustrativo de una tendencia global. En ese sentido, ¿resulta pertinente hablar de un boom en la realización y el consumo de esta clase de productos para plataformas de streaming y canales? Y, por otra parte, ¿qué tienen para aportar estos contenidos audiovisuales, ya sean series, películas o ciclos de televisión, en la actual era de la información, la inmediatez y, además, en un contexto de pandemia?  
«El universo del documental viene en expansión desde hace varios años. El interés creciente por los documentales de ciencia en particular parece acompañar una mayor presencia del discurso científico en los medios y su revalorización social. La humanidad está pendiente de ella como nunca antes», opina Juan Di Natale, conductor de Todo tiene un porqué, magazine educativo que desde hace cuatro años emite diariamente la Televisión Pública y que comprende temáticas tales como el sistema solar, la radioactividad, el Mayo francés, los animales vertebrados y el imperio egipcio.
Coincidentemente, para Juan Ferrari, periodista especializado en documentales de la radio Metro 95.1, en los servicios de visionado online se percibe un aumento exponencial de la no ficción en los últimos cinco años. «Las plataformas siempre contaron con un catálogo reducido de documentales, que empezó a ampliarse y también a ser considerado especial. El espectador encontró, en algunos subgéneros, narrativas tan o más entretenidas que las que les daba la ficción», observa.
En cuanto a las producciones dedicadas a la ciencia, Ferrari añade que «se lograron sumar nuevas miradas a la hora de abordar los temas y eso ayudó al género a perder esa cualidad con la que se lo identificaba: la solemnidad o que, a la larga, se hacían aburridos». Conexiones o Mi maestro, el pulpo, ambos documentales en torno a la biología, sirven para evidenciar esa inclinación a ofrecer relatos originales, que ponen el foco ya no en la interacción entre flora y fauna, sino en la relación entre estos y el comportamiento humano.

Audiencia atenta
Según Luis Ara, realizador y productor de Andes mágicos, serie de cuatro episodios disponible en Netflix, el boom en cuestión se debería en gran parte a la dinámica de retroalimentación constante entre oferta y demanda. «El lenguaje, la forma en que se comunica hoy ha cambiado. En la medida en que los contenidos se muestren de maneras atractivas para las audiencias, tienen más probabilidad de éxito. Si es así, las plataformas los van a seguir ofreciendo», sintetiza el director uruguayo-estadounidense, creador de títulos como Perú, tesoro escondido y Plastic world.

Diversidad. La fauna marina en Mi maestro, el pulpo, el coronavirus según National Geographic y la cordillera reflejada en Andes mágicos.

«Obviamente hay una tendencia que responde a la coyuntura. La gente quiere saber sobre temas de inmunología, infectología y COVID-19 en particular. Pero no me parece que sea un boom de la comunicación de ciencia», considera Diego Golombek, investigador y reconocido divulgador que está al frente de El cerebro y yo, por Canal Encuentro. «Hubo una época de oro a partir de los 60, que en Argentina se vio reflejada en múltiples colecciones de libros de Eudeba y Centro Editor, y en acciones de las universidades nacionales. Y después hubo un “boomcito” a partir de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, que fomentaron mucho la investigación científica», explica. «Con respecto a la cantidad actual de programas de ciencia en las grillas, lo que hay es mucha más oferta, en general, de todo».
La periodista científica Gabriela Vizental observa que «los servicios on demand permiten elegir qué contenido ver y ahí aparece la elección de la audiencia por este tipo de contenidos, que no era considerado para la cartelera comercial». Conductora de Ambiente y medio, que Canal 9 pone en pantalla todos los domingos, Vizental alude a un punto en el que todos los entrevistados parecen estar de acuerdo: el interés de parte del público es cada vez mayor.
«La gente se encuentra en un período de mayor reflexión acerca de la protección del planeta», afirma Santiago De Carolis, gerente general en Latinoamérica de National Geographic, señal pionera en la materia. En la misma línea se expresa la bióloga María Eugenia López, que co-conduce La liga de la ciencia en la Televisión Pública. «Hay una conciencia sobre el cuidado del medioambiente más general que, obvio, tiene un impacto en los jóvenes, de lo que da cuenta, por ejemplo, el movimiento Jóvenes por el Clima Argentina. Pero también es producto de la labor de investigadores e investigadoras que hace años vienen trabajando en el tema y alertando sobre las consecuencias del cambio climático», señala.

Aportes y desafíos
«Los programas de periodismo científico aportan datos, hechos y noticias de gran valor para la sociedad, que ayudan de alguna manera a tomar mejores decisiones en relación con la vida cotidiana. Interpretan los avances de la ciencia y lo cuentan de una manera amena», reflexiona Vizental. «Desde el primer día de la quinta temporada de Ambiente y Medio, consideramos con todo el grupo de trabajo que el SARS-CoV-2 y la pandemia tendrían un lugar en cada emisión, ya que hoy la audiencia tiene una gran necesidad por conocer todo sobre la enfermedad», señala.
Para Di Natale, en un presente donde la información circula a la velocidad de un rayo, lo más atractivo de conducir Todo tiene un porqué radica justamente en no tener que «buscar el impacto permanente y contar con tiempo para que los que más saben puedan desarrollar una idea. Los programas de divulgación científica se suman a una de las grandes batallas culturales de estos tiempos: la lucha contra la información falsa y la mentira. Además, hacen visible el trabajo de la comunidad científica», subraya.
En esta cruzada contra las fake news, dice Golombek, «el principal desafío es mantener la rigurosidad de lo que se está comunicando. Y esto se logra siendo especialista en lo que se está diciendo o consultando a los expertos. El siguiente desafío consiste en optar por un estilo y un formato apropiados para llegar a un público masivo. Hay que aprovechar las herramientas que brindan la televisión, los libros, los medios gráficos, internet y explotarlas para que el público se vea interpelado adecuadamente».
Al respecto, De Carolis resalta que comprender las especificidades de cada audiencia deviene en un aspecto central para que el mensaje llegue a destino. «El mayor reto es entender el segmento al cual te dirigís, ya que hoy el consumo es transversal a distintas generaciones, han aumentado la cantidad de dispositivos y los hábitos de consumo cultural son variados. Se trata de ofrecer un contenido diferencial, según un modo de contar particular», precisa.
En suma, en épocas de datos ilimitados que, no obstante, a veces alimentan los circuitos de la desinformación, más que nunca se hace vital el ida y vuelta que se genera entre divulgadores y periodistas científicos y un público ávido de aprender cada vez más sobre el entorno que habita.