Cultura

Clásico y moderno

Referente de la escena de cantautores, el músico deja atrás el formato físico y apuesta al streaming para dar a conocer su nuevo disco. La formación académica y el aprendizaje empírico. El camino de un solista que abreva en la tradición rioplatense.


Sociedad. En Majestad, el cielo azul participaron Mayo (productor) y el Pollo Raffo. (Jorge Aloy)

Con la tradición de la música rioplatense siempre presente, Pablo Grinjot editó este año Majestad, el cielo azul,  un disco pop de carácter urbano y sonido actual. Pieza vital de la escena de cancionistas nacida a principios del nuevo milenio, el músico acumula siete discos en su carrera. Si hubiera que comparar este último trabajo con alguno de sus predecesores, ese sería Grinjot («el álbum negro», según lo define él mismo, por el color que predomina en la portada), por las características de la producción. «Grabé muchos discos de manera artesanal, pero cuando trabajo con un productor, como sucedió en ambos discos, me dejo llevar», dice.
El productor de Majestad, el cielo azul fue Andrés Mayo. «Quería grabar con alguien que me ayudara a no ser el centro de todo, a salir de mi ego. Yo soy el compositor y el cantante, pero el resto fue tratado con otra ideología musical. No es el disco que hubiera hecho yo solo, sino el que pensó Andrés junto con el Pollo Raffo, que también participó del proyecto», agrega, en referencia al músico que integró la banda de Juan Carlos Baglietto y también se desempeñó como tecladista y arreglador de Soda Stereo y Los Piojos, entre otros tantos. «Fue el resultado de la conexión entre esas personas. Tengo la ilusión de que fortalecerá mi carrera, porque me acercará a oyentes nuevos», se entusiasma.
A la hora de encarar el reciente material en sus recitales, Grinjot dice que no convocará necesariamente a los mismos músicos que participaron del armado. «Como solista me expreso de muchas formas: solo con la guitarra o con colegas. En el caso de una presentación, siempre es como un cumpleaños, porque vienen la familia y los amigos. El proyecto máximo al que aspiro es una orquesta protoclásica: nueve cuerdas, contrabajo, un piano y dos guitarras. El vivo es mi reino», ironiza sobre su papel arriba de los escenarios.

Grabaciones encontradas
Director de orquesta graduado en la UCA, cuando terminó la facultad en 1997 formó un grupo que se llamó Séptima Práctica. Y ese fue el puntapié inicial para su carrera como cantautor. «Éramos unos punkies haciendo música contemporánea. Cinco años más tarde participé de otro proyecto, Ensamble Süden. Y, en paralelo, empecé a componer canciones. Cuando me di cuenta tenía grabados siete discos y ya contaba con una trayectoria», relata.  
Con la canción expandió su mundo poético, aunque su formación académica sirvió de base. «El estudio de los instrumentos de la música clásica –tocó el violín y el piano–requiere de mucho tiempo. Me convertí en cantor por lo empírico, porque jamás estudié guitarra o canto, aunque tomé algunas clases. Sin embargo, hace tres años regresé a la formación por gusto y también por querer mejorar. Y volví a estudiar piano con regularidad y me enganché otra vez con el violín, que había tocado de chico, aunque de manera desprolija».
Majestad, el cielo azul está disponible en pablogrinjot.bandcamp.com, además de Spotify y otras plataformas. «Hace tiempo que me preguntaba si voy a editar el disco en CD y hasta ahora siempre dije que sí. Esta vez no es que bajé los brazos, pero siento que el CD ya no es necesario. Filosóficamente hablando, si la música siempre se hubiera escuchado a través de streaming, el disco no existiría. Hasta hace poco existió la contradicción de que por streaming no veías un mango y con el disco tenías la esperanza de que sí. Pero ahora el streaming está un poco más organizado, ya que por lo menos te baja una moneda, mientras que los discos son pura pérdida», dice desafiante. «No soy nada amable con los se espantan con que ya no haya discos: bajate las pistas, recortá papel y armate la portada. El que dice que defiende al disco, que se haga cargo».