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¿Cómo fue que todo salió bien?

Al Alvarez
Entropía
416 páginas

Hay títulos que funcionan como cliffhanger, diría un guionista con lenguaje específico. Sucede con ¿Cómo fue que todo salió bien?, el nombre que el británico Al Alvarez les puso a sus memorias. Lo que salió bien, sabemos o podemos intuir, es la vida de Alvarez. Se convirtió en el crítico que aspiraba a ser cuando ingresó a Oxford; puso en circulación a poetas desde su rol de periodista cultural en el prestigioso Observer; encontró reconocimiento de pares como Kingsley Amis y Philip Larkin; y luego escribió las novelas que añoraba leer calzándose el traje de «autor inclasificable». Como si fuese una novela decimonónica, el autor se pierde en las ramas genealógicas de su familia burguesa para encontrar su entrega a la literatura; en el camino, recorre su procedencia judía y se anima a ir aún más atrás. También repasa su amistad con Sylvia Plath y las posibilidades del suicidio, que lo empujaron a escribir ese maravilloso primer libro que fue El dios salvaje. Y, sin ser condescendiente consigo mismo, ausculta su matrimonio infeliz, delimitado por castraciones clasistas en la primera mitad del siglo XX. Un mundo del que logra huir de la mano de los libros, para encontrarse con el lado salvaje. Y, según cuenta en sus memorias, derivó en experimentaciones lisérgicas, renuncias a carreras profesionales y, sobre todo, en desafíos físicos convertidos en espirituales que lo llevaron entender que arte y vida eran indisociables para que al final todo saliera bien.  


Damián Huergo