Cultura

Construcción colectiva

En tiempos de colecciones enteras disponibles en Internet, la experiencia de recorrer una muestra de arte con la asistencia de un especialista mantiene su vigencia. Las particularidades de las propuestas actuales y el rol de las nuevas tecnologías.


MALBA. Cada vez más se busca involucrar al público en el rol de cocreador. (Prensa)

Las visitas guiadas convencionales ofrecidas por las instituciones culturales y educativas continúan vigentes, aun en tiempos donde la virtualidad gobierna buena parte de nuestras prácticas sociales. Si bien hoy se puede ver la colección de algunos museos a través de un celular o una tablet, el público busca en esa clase de actividades presenciales una vía de acceso tanto al ocio como al conocimiento. ¿De qué manera repercuten los avances tecnológicos en este terreno?  
«No se trata de un monólogo sino de un diálogo. La visita guiada es un recurso que gusta, porque conlleva una construcción colectiva», opina Verónica Lanata, licenciada en Artes por la Universidad de Buenos Aires, integrante del equipo de la Fundación Proa y docente del curso «La educación en los museos», dictado en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Esta aproximación a la actividad entendida como encuentro público, y el «ejercicio de narrar que implica, el cual resulta más ameno que manipular un aparato tecnológico», constituyen para ella los motivos principales de la buena acogida de estos recorridos.

Subjetividad
Para Diego Murphy, licenciado en Artes Visuales por la UNA y educador en Malba, el hecho de que el conocimiento se construya a partir del diálogo con el otro es justamente lo que le otorga especificidad a las visitas guiadas. «No hay una cuestión vertical del educador bajando conocimiento a una persona ignorante que está enfrente, sino todo lo contrario. La subjetividad del otro aporta muchísimo. A veces tanto o más que la información que uno pueda llegar a tener», explica.
En la misma línea, la licenciada en Gestión del arte y la cultura por la Universidad Nacional de Tres de Febrero y miembro del área de investigación del Museo Nacional de Bellas Artes, Ana Inés Giese, señala que la intencionalidad de involucrar cada vez más a los visitantes de los museos como cocreadores ha sido posible gracias a una corriente de cambio que desplazó la noción, hasta entonces central, de verticalidad para proponer la de horizontalidad, y que tuvo al brasileño Paulo Freire, impulsor de la pedagogía crítica, como uno de sus máximos referentes.
A raíz de estas reformulaciones es que empezó a revisarse el lugar dado al museo. «Ya no es más un templo del saber, como se lo concebía tradicionalmente, o solo un espacio de contemplación de obras. Los museos son sitios en ebullición, donde circulan miradas diversas», aclara Giese. A su vez, añade que a la misión fundante de transmitir conocimientos, se le suma la de generar experiencias de todo tipo: de disfrute, de sociabilización, incluso de consumo. Existe un repensar la denominación del guía, como refleja Educación en museos, libro de Silvia Alderoqui. «Hoy se habla de educador. Guía puede sonar un poco conductista. Sin embargo, la palabra educador conlleva que alguien educa y otro alguien aprende», reflexiona la investigadora.
La difusión de internet contribuyó, en gran medida, a darle mayor fuerza a estas nuevas perspectivas surgidas décadas atrás, por dos razones: democratizó la información y, paulatinamente, fue situando al usuario en un lugar de protagonismo, de sujeto activo, generador de contenido, primero con los foros y luego con las redes sociales. «Tras la aparición de los nuevos medios, es imposible pensar que el otro no construye», afirma Giese.
En cuanto a las audioguías, Murphy señala que «resultan muy convenientes para el público que, por una cuestión de horarios, no puede asistir a las visitas». Lanata remarca la relevancia de los recorridos virtuales, que permiten conocer las colecciones de museos de otros países. Más allá de las ventajas que presentan las nuevas tecnologías, los especialistas insisten en considerarlas como recursos valiosos que potencian la experiencia artística, no así como reemplazo de las visitas guiadas tradicionales. Como sostiene Giese, «si una persona opta por un recorrido dialogado, está eligiendo otra cosa, ese momento del cuerpo a cuerpo, algo insustituible».