Cuento | Por LUISA FUTORANSKY

Donde hubo fuego

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LUISA FUTORANSKY

Luisa Futoransky nació en Santos Lugares, provincia de Buenos Aires, en 1939, y vive en París desde 1981. Su obra poética comprende más de veinte libros y se encuentra en proceso de reedición, del cual ya han aparecido los títulos Los años argentinos (1963-1972) y Los años peregrinos (1976-1997). Publicó también novelas, entre ellas Son cuentos chinos y De Pe a Pa. Sus últimos libros son Las malqueridas (semblanzas de mujeres, con Lucía Iglesias Kuntz) y Toco madera (crónicas). «El método de trabajo, de encajera con la palabra, es el mismo», declaró en una entrevista, a propósito de la diversidad de géneros literarios que conforman su obra. Los textos aquí publicados pertenecen al libro inédito Donde hubo fuego.

El piano, instrumento musical
a Andrea Cohen

¿Cómo se puede pensar en ganar la guerra si uno está ocupado en censar los 40.000 pianos de los judíos de Francia y expoliar, entre miles, los de Wanda Landowska o León Blum?
Un detalle: a Wanda, de paso, la despojaron hasta del jabón de la bañera.
León recuperó su piano en el Palais de Tokyo, donde por un tiempo estuvieron silenciosos los instrumentos expoliados por los alemanes. Su hermano René no pudo hacerse con el suyo porque tras torturarlo lo asesinaron en Auschwitz en setiembre de 1942.
En cuanto a robar pianos y en simultáneo ganar la guerra.
Por fortuna, pruebas al canto:
No se puede.

Rudimentos de astronomía
Adhara, una de las estrellas más brillantes del cielo nocturno, pertenece a la constelación del Canis Major. Su magnitud es aparente.
El nombre Adhara proviene del árabe, vírgenes. Su principal significado es flor de azahar por ser la flor que representa la pureza.
Para contribuir a la confusión general en hebreo doncella se dice alma. Aunque para simplificar el tema suelen acentuar la segunda á.
En China es conocida como la séptima estrella del arco y la flecha.
Hace unos 4.700.000 años, Adhara se encontraba a solo 34 años luz del sistema solar, hecho que la convertía en un ente lumínico muy centellante. Desde entonces ninguna estrella fue tan rutilante ni alcanzará su brillo durante los próximos cinco millones de años.
Lo del arco y la flecha lo sigo sin entender y lo del aroma que impregna el cuarto tampoco.

Tierra adentro
Mató a su hijo de tres años porque comió mermelada sin pedirle permiso.
El hombre, de 33 años, chofer de colectivos, fue detenido.
Según el informe policial, confesó haber golpeado a los niños y matado a uno de ellos.
El hermanito del chico fallecido también recibió golpes, por lo que debió ser internado en estado grave.
«Se me fue la mano», dijo el homicida a la médica que recibió al menor en el Hospital de Niños Orlando Alassia de Santa Fe.
La madre de los mellizos también fue arrestada.
Los otros hijos del matrimonio de 2, 9, 14 y 15 años fueron entregados a familiares por disposición de la Justicia de Menores de los Tribunales provinciales santafesinos.
Hace tiempo cuando una familia tenía muchos hijos, se justificaba el evento en clave amistosa con el título de una película por entonces muy en boga: Más barato por docena.
En este caso, aunque el número de vástagos sea de una mera media docena, igual la referencia no resulta para nada apropiada. Todo comentario es prescindible.

Luces que a lo lejos
Podéis arrancar al hombre de su país, pero no podéis arrancar el país del corazón del hombre. John Dos Passos
Si usted se fue de cierto allí durante cuarenta años
–la mitad de su vida–
no hay vuelta posible.
Huyeron las orillas, las arenas, las veredas.
A los parasoles los barrió el viento.
El nuevo país envejece con uno y adopta nuestros propios tics.
Arraigo, desarraigo son palabras huecas.
La realidad está en los huesos, las mareas
y las lápidas.

Chicos, chicos
1
Eric se come las uñas y le queda un pellejo negro de no lavarse, huele rancio dulzón a pis y sudor de camiseta acumulados. Desde hace poco tiene una novia, Anisa, que también huele fuerte, acre. Cada tanto entra o la ingresan en un neuropsiquiátrico, como a mi colega Chantal. Aquí la gente cree poco en las psicoterapias más o menos en boga en otros sitios del planeta pero se mete con cierta frecuencia en el manicomio, después vuelven, los vuelven o se autovuelven a encerrar hasta la sin vuelta.
A Eric le amputaron el pulgar de la mano derecha y luego le cortaron el dedo gordo del pie, pero el implante no prendió. Anisa siempre a su lado, ejemplar.
El tumor de Eric pasó a los huesos. Entonces apareció la familia, de primera línea en el círculo artístico más cerrado de París. Firmaron papeleos que dejaron fuera de derecho alguno a Anisa que entra y sale del manicomio sin siquiera recordarse de Eric ni del despojo que le propinó esa gente, tan pero tan en vista de París.

2
Gaetan de Clérambault, maestro del irreverente Jacques Lacan,
creyó descifrar su propia roseta de Champollion fotografiando miles de pliegues detenidos en ropajes marroquíes.
«La obligación de tenerse a uno mismo compañía es una prueba que muchos cerebros no pueden resistir».
Para probarlo orquestó su propia muerte: Sentado en un sillón, frente a un gran espejo y rodeado de maniquís de cera con los que estudiaba su pasión por el drapeado, se pegó un tiro.
París es una ciudad en la que por lo general se duerme mal y se sueña peor.
París, ¿alguna vez fue o será una fiesta?

Chicas, chicas
1
Abir, colega
Treinta y pico, mechón blanco sobre la frente que cada tanto tiñe con henné.
Dice que no podría vivir sin ponerse en el cutis crema de Helena Rubinstein. Una vez me preguntó dónde quedaba Tel Aviv. En la escuela libanesa eso no enseñan, repite cada vez que me lo pregunta.
Un aborto reciente. Ojos brillosos, siempre a punto de lágrima.
Hace poco alquiló una pieza en un altillo pero el propietario se quedó dentro y la hacía dormir en un sofá y él en la cama.
Había dado el mes de alquiler anticipado y se fue a los diez días. El tipo, un inglés, racista antiárabe, no le devolvió el dinero del depósito. Ella reclamó y el tipo se hizo el muerto. Entonces «lo visitó» con dos amigos, le escribió con aerosol amenazas en la puerta, le cortó los cables del teléfono y le metió un chicle en la cerradura. Para que aprenda. El próximo paso será darle una biaba por un matón que le presentaron y cobra poco por el mandado. Lo que más desea es especializarse en recursos humanos, casarse y tener hijos para que la familia libanesa vea lo bien que le va, lo bien que hizo en irse, etcétera.
Por fin obtuvo un contrato temporario de guardián en el museo porque en la prefectura no le querían prolongar la residencia como estudiante por el frecuente cambio de estudios.
Años después la encuentro por la calle. Me pregunta si no observo cambios en su persona. El amor acaso, respondo sonriéndole.
–¿Con un hombre? Nunca más, ahora tengo deseos de mujer, ¿no ves los cambios? Y me muestra ufana que ahora usa corbata y bermudas. Para joderla le digo que no, que no me di cuenta, que la veo igual. Igualita.
–Ah ¿no?
Hasta hoy no nos vimos más. Seguro que sigue sin saber dónde queda Tel Aviv.

2
Marion, también colega
Marion K. dice que sigue con su novio D. bastante menor que ella y tartamudo por Hitchcock, un bulldog enano por el cual ambos están en análisis querellándose la tenencia. Él querría preparar un número para la revista Autrement sobre las curas termales y los baños pero no consigue ponerlo en marcha. Se resigna a llevar la agenda de las sesiones de retratos para las portadas de discos que hace Marion, quien oscila entre un novio muy mayor y este mucho menor. Se siente austríaca y no se pierde un festival de Bayreuth. ¿Cómo digo que envidia el aire que respiran los otros sin que ella –si llegara a leerme– crea que todavía la recuerdo?

3
Brunella, cuadro partidario
Brunella, la de Campiello en Umbria, es rubia de pelo desgreñado, bajita y rolliza. Militante socialista de Bettino Craxi, forma parte de su gabinete de política internacional.
Admite que su marido la engaña y que solo viene a Campiello algunos domingos para hacer como si todo anduviera todavía más o menos bien porque él también es un funcionario de primera fila y conviene guardar las formas.
A la hora del aperitivo del anochecer se desgañita contra sus rivales imaginarias o reales.
No recuerdo cómo caí en Campiello; lo cierto es que nunca volví a Umbria ni supe cómo terminó Brunella.
Craxi, tras las acusaciones y los procesos de «mani pulite», se fugó a Túnez y murió de muchas enfermedades en Hammamet empezando nomás el 2000.
Me parece que a veces todavía sufro, como Brunella.

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