Cuento | POR OSVALDO AGUIRRE

Réquiem

Osvaldo Aguirre (Colón, Buenos Aires, 1964) publicó entre otros libros Leyenda negra (novela, 2020), Francisco Urondo, la exigencia de lo imposible (biografía, 2020) y La línea maestra y otros cuentos (2021). Colabora en Acción.

Mi marido era muy buena persona. Flavio. Excelente persona, un ejemplo por su fortaleza, por su sencillez. Sensible al dolor ajeno, ayudaba al que lo necesitaba y no esperaba nada a cambio. Con Teresita, la mamá, un príncipe. Y en la calle un guerrero.
En la vida, decía mi marido, sos depredador o sos presa. Pero cuando él estaba no se veía la muerte. Nos conocimos a los 15 años, él andaba en carro y yo viajaba a Buenos Aires a comprar ropa. Hasta hoy vendo ropa y bijouterie que consigo a buen precio en Once, en Flores. No sé de qué fortuna me hablan, no sé de qué lujos, yo no tengo vehículo, el vehículo me lo decomisaron. Dejen de molestar, dejen de hablar porque el aire es gratis.
Flavio evitaba los problemas. Era querido por mucha gente, preguntá en el barrio. Con él no se veía la muerte. Donde había un baldío hizo una canchita de fútbol para los pibes. Trajo el asfalto, puso alumbrado, al que podía ayudar lo ayudaba. Hablá con los vecinos, te van a decir que era una persona común que no tenía broncas con nadie. Con nadie. Pero cuando sos tan tranquilo a veces te buscan la reacción.
No es que uno puede matar a alguien porque tenga una bronca. Uno reacciona de impotencia, de indignación. Uno reacciona ante la injusticia. Pero todos los días muere alguien, hay muchos muertos que ni siquiera conocemos, o que escuchamos nombrar, nada más. Cómo podemos hacer si somos nosotros. Tenemos que estar en todas partes, qué somos, Superman, Batman. Hoy me levanté y escuché por la radio que anoche mataron a dos personas en el Fonavi de Grandoli y Gutiérrez. ¿Fuimos nosotros? No, no fuimos nosotros.
Pero todo lo que pasa en la ciudad es culpa de nuestra familia. Somos carne de prensa, parece que hay una sola banda. Se vende droga, son los Montero. Se manda sicariar a una persona, son los Montero. Hay problemas en la barra de Central, son los Montero. Pero no somos una banda, somos una familia, una familia muy querida, preguntá en el barrio, preguntá por Teresita, la Tere, la mamá de Flavio.
Ellos abusan del poder que tienen. Ellos nos tratan de ignorantes. ¿Tengo que decirte quiénes son? Ellos. No tengo un estudio, alcancé a terminar séptimo grado y no pude seguir porque tuve que trabajar. Pero no sé si a ellos el estudio que tienen les sirve de algo, si son más delincuentes que nosotros. Los políticos tienen estudios y por eso son políticos, los jueces tienen estudios y por eso son jueces, los policías tienen estudios y por eso son policías y pueden pedir una casa. Ah, pero si voy a pedir una casa no me la dan. Un trabajo no me lo dan, yo he salido a buscar trabajo y me preguntan por el estudio. Y es la gente que no tiene estudio, la más humilde, la que necesita que le den una mano. Como hacía Flavio, y a veces sacaba de donde no tenía.
Nos toman fotos, nos filman, sufrimos la persecución policial. Salimos a la calle y hay una Trafic, hay autos, gente que no es del barrio, de civil, uniformados. No sabemos para qué, no sabemos qué buscan, no sabemos por qué tanta injusticia. Nuestra causa tiene no sé cuántas fojas. No sé cuántas, por asociación ilícita, narcotráfico, homicidio. Pero por qué el decomiso a nosotros sí y a otras bandas no. Se llevaron un auto y cuando lo devolvieron no tenía el motor, no tenía las puertas, no tenía los neumáticos. Y después ustedes ponen cualquier cosa. A ver, muestren las pruebas. Dónde dice que Flavio era un jefe narco, dónde dice que tenía la porción más grande de la torta, dónde dice que lo mataron por un vuelto, por un ajuste de cuentas.
Teresita Cardozo es la mejor mamá. Fue acusada de encubrimiento, injustamente. De asociación ilícita, injustamente. De lavado de dinero, injustamente. No es la jefa de un clan, es la jefa de una familia que un buen día se encontró sola con sus hijos. Es una madre, una madre apaña a los hijos contra viento y marea. Se la ve muy débil, tiene que estar las veinticuatro horas con una tobillera, no sé si sale a hacer las compras, no sé si sale a la vereda, una señora, una vecina querida por todo el mundo, una mujer que no sabe hacer el mal, a vos te parece.
El problema es que ustedes ponen lo que quieren. Ustedes nos hacen daño. Los jueces nos hacen daño. Flavio no era lo que ustedes dicen, ustedes dicen que era un jefe narco, que mandaba a sicariar gente. Están muy equivocados, nos buscan la reacción. A ver dónde están las pruebas, traeme los papeles, a ver qué tienen contra él. Él no tiene ninguna causa, no nos busquen, dejen de hablar porque el aire es gratis.
Nos decomisaron los taxis, nos decomisaron el vehículo para llevar a los chicos a la escuela y me devolvieron la carrocería. Nos decomisaron y no estamos sentenciados, quién se va a hacer cargo. Vos me tomás el pelo, te hacés el vivo y ojo que no sos ningún vivo. Me voy a presentar en tribunales y quiero que ustedes muestren las pruebas de las pelotudeces que dicen. Cuándo estuvo preso por droga el padre de mis hijos, a ver. Una vez estuvo preso y fue sobreseído. Y estuvo preso por un tiroteo, no por droga. Por un tiroteo, no por droga. Por un tiroteo. Entonces por qué lo ensucian, por qué nos tratan como a una lacra. Mis hijos me preguntan mamá es cierto que papi hacía matar gente, es cierto que papi era un narco, mamá es cierto que era el dueño de la vida y la muerte en Rosario.
Ustedes quieren investigar, bueno, yo los voy a investigar a ustedes. A ver si les gusta, a ver qué dicen tus hijos. Vos me tomás el pelo, vos te creés vivo, ojo que no sos ningún vivo. Ustedes ponen lo que quieren, pero si a mis hijos les pasa algo quién se hace cargo. Te digo que Flavio era una buena persona, excelente persona, nunca anduvo en nada raro, traeme las pruebas de que era un narco. Qué sé yo quién mató a las personas que dicen. Yo puedo salir a la calle y me matan, eso lo tiene que averiguar la policía. Yo me puedo sacar fotos con armas de juguete, ¿y?
Pero ojalá tuviera la fortuna que dicen. Ojalá. Qué pasa, todos los allanamientos son para nosotros. No quieren preguntar, no quieren que salgan a luz las cosas. Hay vecinos que me dicen disculpame, en lo que le pasó a tu marido fueron nombrados los otros y no están detenidos. Qué pasó, los otros pagaron. Qué pasó, el señor gobernador es cómplice, el señor juez es cómplice. Si se les puede llamar señores.
Sufro por lo que estoy pasando y por lo que pasan mis hijos. Pero yo no tengo miedo, ando tranquila por la calle. Miedo que tengan ellos. Los vecinos me piden consejo, me piden protección, no saben dónde están parados. A veces me preguntan hasta cuándo la inseguridad, y yo no tengo la bola de cristal. Pero va a seguir, va a ser peor, va a ser mucho peor, no va a haber donde esconderse. Porque no está Flavio, porque él arreglaba las cosas. Anoche mataron a dos personas en el Fonavi de Grandoli y Gutiérrez, y nadie sabe por qué ni cómo ni quién. Yo no tengo la bola de cristal, pero antes había cosas que no pasaban y ahora la muerte se ve, ahora la muerte está suelta.


Osvaldo Aguirre