Cultura

Danza guerrera

El bailarín argentino sigue los pasos de Julio Bocca y triunfa en el American Ballet de Nueva York. Este mes vuelve al país para presentar El corsario en el Teatro Colón. Historia de un talento que trasciende a nivel internacional.


(Prensa)

son algunos de los que, en el paso del siglo XX al XXI, dieron prestigio y popularidad a la danza clásica argentina. En la siguiente generación, hay figuras tanto o más descollantes, que se iniciaron en el Teatro Colón y hoy se despliegan en otros continentes: Marianela Núñez, en el Royal Ballet de Londres; Ludmila Pagliero, en la Ópera de París. Y también, Herman Cornejo, en el American Ballet Theatre (ABT) de Nueva York. Este mes, el bailarín encabeza El corsario en el Teatro Colón.
De contextura pequeña y potencia extraordinaria, tan rotundo como sutil en sus movimientos: la comparación con Julio Bocca es inevitable. «Comencé mi desarrollo en el Instituto Superior de Arte del Colón y luego entré a la compañía de Julio, el Ballet Argentino. Ahí fue el comienzo de mi carrera», cuenta Cornejo. «Me ayudó mucho que Julio me llamara para su compañía cuando yo tenía solo 14 años. Eso me dio una gran confianza. Después, a raíz de la medalla de oro en Moscú, todo fue muy mediático. Mi nombre explotó», dice. Se refiere a cuando obtuvo el premio principal en el Concurso Internacional de Moscú en 1997, el mismo que había ganado su mentor, quien también pasó sus años más deslumbrantes en el ABT.

Vuelta a casa
Este año, Cornejo cumple 15 años como bailarín principal del ABT neoyorkino: llegó en 1999 y, después de ser promovido a solista, desde 2003 ocupa la máxima jerarquía. «Es una gran responsabilidad y una sensación de orgullo, por seguir representando y dejar a Latinoamérica bien plantada, en una compañía tan importante como el American Ballet», dice el único latinoamericano del elenco. ¿Por qué no hay otros? «Simplemente son olas, momentos», explica. «Antes de que yo lo integrara, era la ola de los rusos. Cuando entré, había muchos hispanos. Ahora es el momento de los asiáticos».
La trayectoria de Cornejo tiene otra perla más: ser el elegido por la gran bailarina italiana Alessandra Ferri para proyectos de espectáculos que la tienen de regreso, luego de su retiro en 2007, en espléndida forma a los 54 años. «Impresiona cómo volvió Alessandra, el mensaje que nos está dejando a todos: “Nunca hay que ponerse límites”», dice. Juntos hicieron la obra Chéri, que pasó por Buenos Aires en 2014; han protagonizado Romeo y Julieta en el ABT; en 2016, cerraron la gala de ballet en el Colón con dos dúos exquisitos; y ahora hacen funciones de Trio concert dance, ellos dos con un pianista en vivo.
Cornejo vuelve a Buenos Aires este mes para protagonizar El corsario, en el Teatro Colón. «Bailar en el Colón es como hacerlo en casa», suelta. «Hasta hace dos años, fue una espera larga recibir ese llamado, esa invitación anhelada, cuando Maximiliano Guerra, el director anterior, me invitó a hacer La bayadera, en 2016. Cuando me llamó, ni hablamos de cachet ni de nada. Dije: “Sí, ahí estoy”. Y con Paloma Herrera, la directora actual, igual».
Feliz de regresar al país, reflexiona: «En la Argentina tenemos mucho talento. El bailarín argentino se destaca por ser un actor en el escenario y por esas ganas que tiene, por haber luchado tanto para conseguir las cosas. Pero hace falta hacer mucho más. Iñaki, Julio y Maxi han abierto la mente de mucha gente, que pudo disfrutar del ballet clásico en teatros donde nunca se había dado. Ellos han abierto muchas puertas y han dado pie a que algunos jóvenes hayan querido empezar en la danza».
En su caso, recuerda, fue después de ver a Maximiliano Guerra hacer Espartaco en el Luna Park. «Yo tenía 7 añitos. Mi mamá me había regalado el video de Vladimir Vasiliev en Espartaco y, desde ese momento, fue una obra que siempre quise hacer. Mi mamá me dijo: “Tenés que verla en vivo”. Y fuimos. Me quedé impresionado. Yo quería estar en el escenario para ser como Espartaco, ser eso, un guerrero. Y aunque nunca estrené ese rol, lo tengo ahí, guardadito para algún momento».