De cerca

Belleza americana

Protagonista de una película que pone el foco sobre la sexualidad, Scarlett Johansson encarna al objeto del deseo. Su relación con Woody Allen y el verdadero lugar de las mujeres en Hollywood.  
(Foto: Rex Features/Dachary)

Aunque acaba de cumplir 29 años, la actriz –que sigue siendo para muchos el mayor símbolo sexual del Hollywood contemporáneo– es una veterana con casi dos décadas de trayectoria cinematográfica, que ya a los 11 había obtenido su primera nominación a un premio importante, el Independent Spirit Award. Dueña de un talento casi tan desbordante como su belleza, Scarlett Johansson fue la elegida por Robert Redford para que protagonizara El señor de los caballos cuando todavía no era una adolescente y, a los 16, ya trabajaba con los hermanos Coen. Tras convertirse sucesivamente en La joven de la perla (por la que obtuvo su primera candidatura al Globo de Oro), en la musa de Woody Allen y en la Viuda Negra de Los vengadores, Scarlett disfruta ahora del mejor momento de su carrera, en el que tiene el dinero y la popularidad de las películas de Marvel y la libertad como para trabajar en teatro o hacer cine independiente. De paso por el Festival de Toronto, donde llegó para hablar de Entre sus manos (titulada originalmente Don Jon, ya que trata sobre el «donjuanismo») el film que marca el debut como director de Joseph Gordon-Levitt, Johansson habló con Acción sobre temas tan diversos como la sensualidad, el dinero y hasta de sus secretos para seguir siendo una «chica común» a pesar de ser una estrella de cine. –¿Cómo fue que Gordon-Levitt te convenció para que te convirtieras en la chica de sus sueños? –Yo estaba filmando Los vengadores en Albuquerque y él me vino a visitar. Nos conocíamos de antes, pero nunca habíamos hablado demasiado. En ese momento en particular, estaba encantada de salir un poco del rodaje. No hablamos tanto sobre el argumento de Entre sus manos en particular como de los temas que toca la película: las relaciones entre los hombres y las mujeres, las diferentes dinámicas de cada sexo y, también, un poquito sobre pornografía. En fin, las cosas de las que uno habla durante una cena. Me dejó el guión y se fue. Me quedé muy entusiasmada con lo que hablamos y me dieron ganas de seguir la conversación. El guión me gustó mucho y, como me quedó en claro que a él lo que le interesaba era una colaboración, decidí participar. Él quería que yo encontrara la forma de que Bárbara se volviera una persona real, y ese desafío me entusiasmó. –¿Cual es tu propia relación con el sexo y la pornografía? –Lo que me resulta interesante es que en cada lugar del mundo la gente reacciona de manera diferente frente a estas cosas. En Estados Unidos somos muy conservadores. En cambio, en otras sociedades la gente se siente mucho más cómoda con respecto a los cuerpos desnudos. Y no estoy hablando en términos sexuales, sino biológicos. Cuando te hacen un masaje en Estados Unidos, te cubrís el cuerpo como podés, pero si vas a un país árabe, la gente se lava desnuda en el hammam y a nadie le importa. En cuanto a la pornografía, no juzgo lo que la gente consume. Creo que todo se puede disfrutar con moderación. No creo que a mí me moleste descubrir que mi pareja mira pornografía, salvo que me entere que lo hace 47 veces por día. En ese caso, como el del protagonista de esta película, no tendría dudas de que sufre un gran problema. –¿Qué fue lo que mas disfrutaste de tu personaje? –Lo convencida que está de que está haciendo las cosas bien. Uno tiene que sentir cierta simpatía hacia los personajes que interpreta, aun cuando no comparta sus puntos de vista. A mi entender, eso siempre ayuda. En este caso, no quería que Bárbara fuera una chica con una mentalidad cerrada, una ególatra que sólo piensa en sí misma y arrastra a su novio para que haga lo que ella quiere. Hay algo de todo esto en ella, pero actúa de esa manera porque cree en lo que hace. Ella nunca le miente a Don y, aunque te da la sensación de que muchas veces se está mintiendo a sí misma, es una persona honesta con un gran corazón. Aun así, era imprescindible que ella se mantuviera inamovible en sus convicciones para que Don se viera forzado a hacer cambios para poder mantener la relación. –Tu nombre suele aparecer en las listas de las actrices más sensuales del mundo. ¿Te molesta que todavía te vean de esa manera? –No. Sé que es una etapa y que en algún momento va a pasar. Creo que tiene que ver con una moda. Al principio es maravilloso: cuando sos muy joven, a los 20 años, es muy halagador que te vean así. Pero llega un momento en que comienza a volverse aburrido. Bueno, tampoco lo detesto. Me encanta que me sigan viendo de esa forma, y hasta prefiero no quejarme demasiado porque voy a quedar como una snob. Pero igual va a estar muy bien cuando deje atrás esa etapa. Sé que mi presencia va a generar menos expectativas, sobre todo con respecto a la ropa que me pongo, cómo luzco o los kilos que peso. No me interesa que me encasillen como actriz; por eso me atrae hacer papeles más versátiles. Incluso no me molestaría encontrar personajes complicados, esos que generalmente están reservados para las actrices de reparto. –¿Pero no te preocupa que en tus últimas películas siempre hayas sido el objeto del deseo de los personajes masculinos? –No creo que «preocupación» sea el término que tenga en mente. No tengo ningún problema en ser el objeto del deseo. Ni siquiera lo había pensado, sinceramente. En la mayoría de las películas con un hombre y una mujer de protagonistas, la mujer tiende a ser el punto de atracción del rol masculino, con mayor o menor intensidad, y viceversa. Pero no analizo mis intervenciones de esa forma. Simplemente veo la historia de una manera tradicional, en cuanto a su narración. Y como todavía soy joven, es probable que siga haciendo papeles que sean el blanco de los afectos de los otros por algún tiempito más. –Woody Allen ha dicho que tu sexualidad es desbordante. ¿Cómo te hace sentir semejante afirmación? –Que mejor me lo tomo como un cumplido. Espero que no sea demasiado desbordante. Creo que simplemente está tratando de ser simpático al decir algo así. Lo curioso es que a veces soy yo la que lo encuentra desbordante a él, aunque no en el terreno sexual. Sobre todo antes de que se coma sus muffins a la mañana… –¿Seguís en contacto con él? –Por supuesto. Yo estoy dispuesta a hacer todo lo que él me pida. Y él lo sabe. Si necesita una supervisora de guión, allí estaré. Puedo atender el catering o cortarle el cabello. Me encantaría volver a trabajar con él y, además, seguimos siendo muy amigos. Me siento realmente afortunada de poder hablar de él de esta manera. –¿Tu participación en Los vengadores modificó la forma en que te ven tus fans? –Ahora tengo otro tipo de fans. Los hijos de mis amigos están encantados conmigo y muchas veces vienen a mostrarme los muñequitos que tienen en su colección. Me hacen preguntas sobre el mundo de Los vengadores que a veces me dejan con la boca abierta, como, por ejemplo, si el Capitán América tiene una hermana, y ese tipo de cosas. Están absolutamente convencidos de que yo puedo hacer todo lo que hace la Viuda Negra en la pantalla y suelen mostrarse muy entusiasmados por el universo Marvel. En ese sentido, es muy estimulante participar de una historia como esa, porque la gente está esperando ver qué es lo que va a pasar con tu personaje en la continuación. Me preguntan si va a cambiar mi vestuario, si van a pasar cosas en la nueva película que ya ocurrieron en los comics o si voy a tener nuevas armas. Me encanta ser parte de ese universo de ficción. –Daría la sensación de que, hoy en día, en Hollywood sólo quieren hacer películas con personajes que la audiencia ya conoce de otros medios. –Y es así. La idea de contar una historia que ya tiene una legión de fans es muy atractiva para cualquier ejecutivo de un estudio o encargado de márketing, pero no son películas fáciles de hacer. Y tampoco son baratas. No las podés hacer mal porque la audiencia te vigila, y esa es la razón por la que a las producciones de Marvel les va tan bien: porque los espectadores se quedan fascinados con el encanto, el romance, la acción y la inteligencia de sus películas. Si querés construir una franquicia, tenés que tener todos esos elementos. No es nada fácil. Ya hemos visto cómo se ha fracasado con este género antes. Por eso, en realidad, la idea de que determinados personajes tienen sus fans y que simplemente por eso una película va a ser exitosa puede estar equivocada. Eso mismo hace que la propuesta de llevar esos personajes tan amados a la pantalla pueda resultar un poco aterradora. Porque, si lo hacés mal, te lo van a hacer saber. Todos los que participamos en las películas de Marvel nos estamos arriesgando artísticamente. En mi caso, al menos, le estoy pidiendo al público que crea en mi personaje como si nunca antes me hubiera visto en una película. Es un desafío interesante, que no deja de tener sus riesgos.
Blonda. En Entre sus manos, Johansson es la pareja de un adicto a la pornografía. (Rex Features/Dachary)

–¿Las estrellas de cine tienen más libertad hoy en día? Nadie ve mal que hagas teatro en Broadway y a la vez participes de Los vengadores, pero no creo que a Elizabeth Taylor le hubieran permitido hacer algo parecido. –No lo veo así. Me ofende ligeramente tu comentario sobre Los vengadores, pero lo voy a dejar pasar. Si te fijás en la trayectoria de los actores de esa época, verás que no sólo se dedicaban a hacer obras de Tennessee Williams. En el caso en particular de Elizabeth Taylor, hizo Cleopatra, que era una gran superproducción para la época, una película épica como hoy en día puede ser Los vengadores 2. Es cierto, la moda en aquel momento era hacer otro tipo de superproducciones. Las aventuras entonces eran distintas a las que se hacen hoy. Pero el trabajo del actor no ha cambiado: sigue siendo tratar de convencer al espectador de que las situaciones irreales que vive tu personaje están ocurriendo de verdad. La gran diferencia entre los actores de hoy y los de aquel entonces es que, en la actualidad, la exposición ante los medios de comunicación es muchísimo mayor. Las estrellas ahora son mucho más vulnerables, por lo que uno tiene que estar luchando constantemente para mantener su vida privada y alejarse todo lo que pueda de la prensa amarilla, para que el público pueda tomarte en serio como artista. Cuando la gente sabe demasiado sobre vos, te terminás convirtiendo en una caricatura. De todos modos, es interesante plantear qué entendemos por «estrella de cine». Para mí, es un actor o una actriz que tiene el poder de conectarse con el espectador desde la pantalla, alguien a quien no le podés quitar los ojos de encima. Tienen que tener una cualidad mágica. No todos los actores la tienen. Son muy pocos los actores que tienen esa cualidad. –Por otro lado, el hecho de que cobres muy bien por hacer Los vengadores te permite no preocuparte por lo que pueden pagar en otro tipo de proyectos. ¿Cuál es tu relación con el dinero? –Es buenísimo tener dinero. Yo crecí sin tenerlo, así que sé muy bien cuál es la diferencia. Me alegra que me paguen bien cuando trabajo duro, aunque me preocupa la discrepancia que hay entre lo que cobran los hombres y las mujeres en esta industria. Es verdaderamente asombrosa la diferencia entre lo que le pagan a un actor famoso y a una actriz del mismo nivel. También es cierto que, a medida que pasan los años, tengo una mayor noción del valor que tengo y de qué es lo que le puedo aportar a un proyecto. Y si todo el mundo está ganando dinero, yo también me merezco una parte. Si nadie gana dinero, no hay problema, lo estamos haciendo porque nos encanta el proyecto, y nos tenemos que conformar con una palmadita en la espalda cuando la película esté terminada. –¿Sos moderada con tus gastos? –No, para nada. Soy muy generosa y, para desesperación de mi contador, no ahorro dinero. No tolero a la gente avara. Una cosa es si de verdad no tenés dinero y estás tratando de llegar a fin de mes, pero me desespera la gente que tiene un cocodrilo en el bolsillo. –Suelen darte papeles de inocente. ¿Sentís que tu imagen pública es diferente de quien sos como persona? –No, para nada. No me preocupa cuál es mi imagen pública. No siento ninguna responsabilidad de presentarme ante el público de una manera diferente a cómo soy en mi vida personal. Me siento lo suficientemente segura como para no tener que tratar de mostrar una faceta diferente de mi personalidad, ni nada por el estilo. La verdad es que no me preocupa cómo me percibe la gente que no me conoce; me importa lo que puedan pensar los que sí me conocen. Tampoco creo que me hayan dado tantos papeles de inocente. No lo fue mi personaje de Perdidos en Tokio, por ejemplo: era una mujer joven que estaba tratando de encontrar su propósito y su lugar en la vida. Tampoco lo fue el de Match point. –¿Qué es lo que define a una buena actriz? –Ojalá te lo pudiera decir. Sé qué es lo que define a un mal actor, pero los buenos actores se distinguen porque, de tanto en tanto, logran sorprenderte con algo que nunca antes habías visto. De pronto se aparecen con algo que te deja con la boca abierta y uno no sabe de dónde lo sacaron. Muchas veces tiene que ver con una cuestión instintiva, con un elemento latente que de alguna forma han sido capaces de sacar. Lo más importante de una actuación es que sea genuina, que tenga una dosis de verdad. ---Gabriel Lerman Desde Toronto