De cerca | JULIETA ZYLBERBERG

En constante movimiento

A lo largo del año la actriz protagonizó su primer unipersonal en el teatro, rodó tres películas y se instaló en Chicago para participar en la serie Night Sky.

Foto: Santiago Durienzo

En los últimos tiempos se filma muy poco cine argentino; los directores consagrados de la última década no están rodando o se volcaron a otras plataformas. Sin embargo, Julieta Zylberberg dice que este año terminará el rodaje de su tercera película. Creer o reventar, milagro o golpe de suerte. «Soy una privilegiada, una actriz con suerte, porque no puedo desconocer lo que está pasando con el cine, que fue devorado por las plataformas y por la pandemia. Pero yo filmo mucho, aunque algunas son películas chiquitas, lo que no deja de ser una gratificación personal de la que saco provecho. Igual da mucha tristeza la realidad de la industria nacional, porque no da lo mismo el amplio abanico de las series, no tiene nada que ver con el cine», observa.
¿No le ves ningún parentesco en lo estrictamente laboral?
–Hay series con alguna aproximación a la televisión, con alguna cercanía al cine, pero no tiene nada que ver un ambiente con el otro. El cine es intransferible. Tiene otra condensación: la película queda, permanece y tiene, además, otra concepción, otra producción, con un guion más elaborado. Una serie, en cambio, es un producto más efímero, más volátil. No estoy hablando mal de las series, hay muchas que están buenísimas, pero yo soy hincha del cine.

«Hay series con alguna aproximación a la tele, con alguna cercanía al cine, pero no tiene nada que ver un ambiente con el otro. El cine es intransferible.»

¿Te sentís más identificada?
–Yo soy una actriz de cine, que hace teatro, un poquito en mi carrera. Y cada tanto incursiono en el mundo de las series, como hice con El Marginal o con Sky Night, una experiencia más reciente que tuve en Estados Unidos. Mantener el cine nacional es conservar nuestra historia, es contar con nuestra identidad, y que eso se pierda es como perder nuestro ADN.
¿Qué películas filmaste este año?
–Dos muy distintas pero enriquecedoras. La primera se llama Un pájaro azul, de Ariel Rotter, que es un drama con toques de comedia sobre una pareja que lleva muchos años buscando un hijo. Y esa demora, o imposibilidad, hace que la situación se torne densa y vaya camino a que explote todo. La otra se llama El método Tangalanga, una biopic sobre el conocido Doctor Tangalanga, que hacía las recordadas llamadas telefónicas y que interpreta Martín Piroyanski. ¿Y por qué hacía esas llamadas? Para hacer reír a un amigo que estaba internado en una clínica. Mi personaje es la secretaria de la clínica donde está ese amigo y Tangalanga, que es habitué del lugar, se enamora de esa recepcionista.
Y hubo un tercer rodaje.
–Sí, recién terminamos de filmar El salto de papá, de Daniela Goggi, junto a Rodrigo de la Serna. Está basada en el libro de Martín Sivak, que describe el devenir de una familia de empresarios atravesada por la valentía y la sensibilidad, que después de años de exilio regresa a la Argentina. Yo encarno a la mujer de Jorge Sivak.
Qué heterogeneidad de personajes en las tres películas.
–Sí, como decía antes, es un milagro lo que estoy viviendo con el cine, que atraviesa otra realidad muy distinta a la mía. Por eso creo que los que siguen apostando a la realización en la Argentina son verdaderos héroes, porque rodar una peli es un parto: cuesta un montón de plata, lleva muchísimo tiempo y capaz que se estrena en dos salas y te la levantan a la semana.
No parece algo sencillo.
–Dependés de muchas cosas que, fácilmente, te pueden postergar el proyecto, tirarlo abajo. Tenés que esperar el subsidio prometido, o el «fondito» que no llega. Y mientras los actores están a la expectativa y a veces, de tanto esperar, se van a otro laburo. Ser director de cine en Argentina es solo para héroes, posta.
Pero vos seguís apostanto y te siguen llamando.
–Yo apuesto, pero del otro lado, frente a las cámaras, y soy una soldado firme y puedo sacar pecho y decir que mi denominador común en el cine es lo distinto. No tengo personajes repetidos y eso es lo que más disfruto: lo diferente.

«Todavía no puedo creer la experiencia que viví durante tres meses filmando en una ciudad espectacular como Chicago. Fue algo tan fantástico como impensado.»

Diferente también debe haber sido el viaje a Estados Unidos para ser parte de una súperproducción como Night Sky, una serie de ciencia ficción.
–Todavía no puedo creer la experiencia que viví durante tres meses en una ciudad espectacular como Chicago. Fue algo tan fantástico como impensado, porque yo soy una actriz de cabotaje, terrenal. Nunca soñé más allá de mis posibilidades. No hablo inglés, entonces nunca flasheé con Hollywood, pero apareció esta oferta que incluía una prueba en inglés y me mandé de una pero sin ninguna expectativa.
¿Cómo te llegó la propuesta?
–Directamente de la plataforma Amazon Prime. A mediados de 2021, plena pandemia, casi todo parado, yo había terminado de rodar la cuarta temporada de El Marginal, la serie a la que volví después de haber participado en el arranque. Y me preguntaron si podía hacer una prueba, una filmación casera con el celular, pero en inglés y enviarla. Les dije que no hablaba bien inglés, que alguna palabra o alguna frase podía meter, pero nada más. Y sin embargo me respondieron que eso no era un problema, al contrario, buscaban a un personaje argentino que se las rebuscara con el idioma.
–¿Y cómo fue la experiencia de filmar en Chicago?
–Alucinante, nunca me había pasado de rodar en otro país, en otro idioma y durante tanto tiempo, pero bueno, es Estados Unidos, todo resulta imponente, grandilocuente. Mi único temor era cómo iba a hacer con mi hijo Luis, pero por suerte pude arreglar para que viniera un mes, entre el primero y el tercero.
Night Sky está protagonizada por Sissy Spacek (Carrie) y J. K. Simmons (Whiplash). ¿Qué relación tuviste con ellos?
–Son encantadores, pudimos hablar un poco durante los momentos en los que nos cruzábamos y la verdad que es gente amorosa, con perfil bajo, cuando de antemano uno piensa que son seres de otra galaxia. En la serie tengo un par de escenas con ambos y son unos animales sagrados laburando. Pero mayormente yo filmé con otra argentina, Rocío Hernández, que hace de mi hija. Con Rochi nos hicimos muy buenas amigas y se me hizo más llevadera la estadía.
¿De qué se trata la serie?
Night Sky se focaliza en el matrimonio que interpretan Spacek y Simmons, quienes descubren una habitación oculta en el patio trasero de su casa, que los conduce a un misterioso planeta. Es muy fantasioso el argumento, un género que en la Argentina casi que no se hace. Debo reconocer que me gustó salir de esa cierta comodidad que venía arrastrando hace tantos años. Me refiero a que, además de la actuación, tenés que dar un plus, la cabeza y el cuerpo están en un lugar distinto y a la hora del esfuerzo se nota.

Foto: Santiago Durienzo

¿Qué significa esta experiencia de cara al futuro? ¿Lo ves como una puerta que se abre, un trampolín?
–No creo en este tipo de puertas que se abren ni en los trampolines, honestamente. Así como se dio porque me conocían de trabajos anteriores hechos en la Argentina, podría volver a repetirse como también no volver a suceder jamás. No soy una actriz que esté con eso en la cabeza. En su momento me sorprendió muchísimo que me contactara Amazon, una plataforma internacional y dije «guau», pero después lo fui normalizando. 
Antes mencionabas a El Marginal, ¿cómo fue tu regreso?
–Fue una locura, algo muy esperado. Tengo un papel periférico, pero que en la cuarta temporada retorna y crece. Se llama Silvia y es la expareja de Pastor (Juan Minujín), que reaparece en su vida y tiene un rol preponderante para él y su familia.
¿Te sorprendieron las repercusiones que tuvo la serie?
–Me empezaron a sorprender a partir de que me dicen Silvia en la calle, no lo puedo creer. Este pequeño rol me dio una difusión que creo que no me dio ningún otro papel, y eso que llevo 27 años actuando.
En teatro tuviste tu debut en el unipersonal con La fiebre, que agotó funciones en el primer semestre del año. ¿Cómo te sentiste actuando en solitario?
–Hacía mucho que no estaba tan nerviosa con un trabajo, de hecho no estaba convencida de hacer la obra pero Mariana Chaud, autora, directora y muy amiga me quemó la cabeza para que confiara. Y la verdad es no se equivocó, porque disfruto mucho haciendo esta suerte de drama musical sobre la soledad.
¿Cómo describirías a tu personaje?
–Azucena es una chica que constantemente está al borde del precipicio. Es una chica solitaria, extraviada, que va por la vida sin destino, que camina por la calle sin rumbo, que es víctima de su propio desatino, de su propia insanía. La fiebre hace foco en la locura. Tengo un fuerte vínculo con este personaje, con esta obra y volveremos a Nun Teatro en octubre y noviembre.
No hablamos de televisión, el medio que te vio nacer con Magazine For Fair cuando tenías diez años. También estuviste en innumerables tiras y unitarios. ¿Hoy te ves como parte de algún proyecto?
–Desafortunadamente no hay ficciones, ¿no? ¿Queda alguna? Yo tuve mi recorrido en televisión, pero no me identifico tanto con mis trabajos en la tele, solo con algunos. No deja de ser un bajón la poca actividad que hay ahora, porque es una fuente laboral gigante. Ojalá que las plataformas puedan cubrir la cantidad de trabajo que brindaba la televisión abierta.

«Amo este trabajo, sino no me hubiera sostenido tanto tiempo. Pero no sé si quiero ser actriz toda la vida, puede que en algún momento no actúe más.»

Si mirás para atrás, ¿con qué momento de tu carrera te identificás más?
–Sin duda que con el cine, porque teatro tampoco hice demasiado. En realidad lo mío fue un salteadito entre la tele y el teatro, sin descuidar el cine. Creo que mi trayectoria tuvo movimiento, siempre iba y venía, creo que en mis 27-28 años de trayectoria nunca estuve dos temporadas seguidas en un mismo sitio. Ojo, tampoco es que construí la carrera como quería e iba eligiendo de acuerdo a eso. Se fue dando, tuve un poco de suerte y si surgían dos proyectos, apuntaba al que me propusiera cambiar de contexto, de escenario. Cuando estaba por hacer el segundo año de una tira televisiva, que tenían un ritmo que me parecía agobiante, por suerte surgía una alternativa seductora por la que terminaba inclinándome. 
¿No sos de aferrarte a la cómoda, al trabajo que promete «seguridad»?
–Soy una laburadora en constante movimiento, no me quedo en el mismo lugar, necesito asomar la cabeza y saber qué otras cosas hay. Y debo admitir que tengo suerte, porque aún en los momentos más difíciles siempre aparecía algo copado.
Tenés casi décadas como actriz, ¿estás satisfecha con lo realizado?
–No soy de analizar demasiado las cosas, amo este trabajo, sino no me hubiera sostenido tanto tiempo. Pero el otro día pensaba que no sé si quiero ser actriz toda la vida, puede que en algún momento no actúe más.
¡Qué declaración! ¿Por qué suponés eso?
–Porque no creo que siempre esté cautivada con todo lo que hago. Y yo para seguir laburando necesito hacerlo con compromiso, no puedo activar el piloto automático y listo. Si yo me embolo, no actúo bien y si no actúo bien dejarán de llamarme.
Fuera de la actuación, ¿dónde te verías?
–Me veo en un proyecto con amigos, pero no lo tengo muy claro si sería en algo gastronómico, musical o vaya a saber qué cosa.


Javier Firpo