De cerca

Pasiones encontradas

Tiempo de lectura: ...

Después de atajar varias temporadas en clubes del ascenso, se abrió paso en la radio con un ciclo dedicado al heavy metal. En su rol de periodista deportivo, critica a los barrabravas, los dirigentes y los negociados en la televisación de los partidos. Una vida marcada por el fútbol y el rock.


En un medio poco habituado a aportar ideas o historias a la mirada que existe sobre el fútbol, Norberto Verea, más conocido en el ambiente de los medios como el Ruso, deja a la vista algunos detalles del más popular de los deportes. Las manos grandes que se mueven como abanicos, a la manera del Loco Gatti, su ídolo; los ojos saltones, que parecen ordenar una barrera y su cuerpo robusto le regalan un aspecto único de arquero. Nadie negaría que Verea fue futbolista. Hoy es uno de los pocos periodistas que trabaja indagando de dónde vienen las identidades, de dónde los pragmatismos y sueña con perfeccionar la manera de ver el juego.
Melómano (chocolate por la noticia), no lo dice, pero su corazón se rehúsa a que lo tilden de conservador por venir del palo del heavy metal. En su universo gravitan, como un Sargent Pepper mezclado en Gerli, su barrio natal, en el sur del Conurbano bonaerense, César Luis Menotti, Lemmy Kilmister (el sempiterno líder de Motörhead es su dios sagrado), Independiente, Diego Bonadeo, el blues, el jazz, el hardcore, el potrero, Juan Román Riquelme, su madre, su padre, su mujer y la radio.
–¿Qué opinas de la radio de hoy?
–No quiero sonar nostálgico, pero la radio tenía una energía y una fantasía que hoy no tiene y que debemos recuperar. Ante tanta tertulia, tanto chivo, tantas redes sociales, se dejó de hacer aquello por lo cual el oyente llevaba la radio debajo de la almohada. El tren fantasma, el programa que hacía Omar Cerasuolo, no me dejaba dormir. Hoy a la radio llega el que anda bien en televisión porque ya viene con los auspiciantes. También a la radio se le cayeron los presupuestos.
–¿Cómo sucedió?
–El mundo comercial le dio la espalda a la radio. La radio ya no es AM o FM, la radio es streaming. Me quiero matar. En ese escenario, ¿cómo jugas con la imaginación? Ahí está el mayor desafío para los que amamos la radio. Yo formé parte de tertulias y de grandes programas, pero hoy no quiero nada de eso. Quiero poner música, como hago en Radio Cantilo.
–¿Qué diferencias encontrás entre el medio en el que empezaste y el actual?
–Cuando empecé yo no era nadie, o apenas un exjugador del fútbol de ascenso que vendió discos y tuvo una parrilla. Mi sensación es que por entonces había tipos que pensaban los medios, desde ahí había información o arte. Hoy no veo que los medios sean eso: hoy los medios, o su gran mayoría, son del poder.
–¿Qué significó en tu vida profesional Daniel Grinbank?
–Sentarse con Grinbank era sentarte para hablar con un tipo que tenía claro qué carajo quería. Él quiso apostar. Yo vendía discos, nunca me preparé para estar en los medios y Alicia Dayan, que era la gerente administrativa de la Rock & Pop, y Quique Prosen, propusieron que musicalice y produzca. Y después dijeron: «¿Por qué no sale al aire?». Hoy no hay apuestas de ese tipo, hoy piensan «si lo vendo, lo traigo». Y si te vendieron ya arrancás para la mierda.
–Tu carrera tuvo algo peculiar, porque pese a venir de un barrio bonaerense nunca te sumaste al llamado «aguante».
–Toda mi vida hablé de música y, cuando hablé de actualidad, nunca lo hice desde el barrio. Siempre fui en contra del aguante, me parece pacato y perverso todo ese estereotipo que armaron los medios en la música y en el fútbol. En el fútbol los traté de ladrones, porque le vendieron la fiesta a los ladrones. ¿Cómo puede ser que un noruego pague más guita para meterse en la tribuna de Boca que para ver jugar a Riquelme? No tenemos que vender Di Zeos, hay que vender Riquelmes.
–El prejuicio pone a los metaleros en el lugar más conservador del rock, ¿cómo te ves a vos mismo?
–Mis preferencias musicales se ampliaron. El hardcore me cambió todo. A nosotros en la Argentina nos cuesta mucho que las estructuran se rompan y avance algo nuevo, se nos va de las manos y nos malhumora. Esto pasó en el heavy, que hizo famosas a infinidad de bandas que provocaron muchas cosas. Ramones y Motörhead llenaron Vélez. Eso para mucha gente fue increíble y otros pensaron, ¡qué cagada!
–Jugaste en varios equipos del ascenso, ¿se puede combinar rock y fútbol en el trabajo periodístico?
–El fútbol que jugué era muy naive en comparación con el de la actualidad, aun siendo un negocio. A mí me gusta más el rock que el entretenimiento, aunque en el rock hay mucho de eso. Me dije: voy a hacer rock en el periodismo deportivo. Cuando América compra los derechos para transmitir el Nacional B, me llaman para hacer dupla con Miguel Simón. Comentaba tres partidos por semana. Algo estaba haciendo bien porque los periodistas empezaron a hablar del programa. Yo tomé esa posta. Cuando me llaman para dar charlas en las escuelas de periodismo les digo: si van a arrancar diciendo «cómo llegó este jugador a primera», vamos mal. Hay que entender la complejidad del juego.
–¿Quién era tu espejo?
–El que mi viejo decía que tenía que mirar: Diego Bonadeo. Diego era culto, hablaba seis idiomas, sabía lo que decía, era comprometido y a la vez no se casó con nadie. Con él hicimos El pelotazo, un ciclo semanal que conducía Rolando Hanglin por América 2. Entre los panelistas estábamos Diego, César Luis Menotti y yo. Ahí descubrí que no podía sostener mi discurso solo como futbolista. Pero por suerte me di cuenta del quiebre.
–¿Qué pasó?
–Hablaba más con los periodistas que con los jugadores y la gente del fútbol. Me inscribí en la mejor escuela de entrenadores, la que dirige Juan Carlos Merlo, en Avellaneda. Mi idea no era dirigir, más allá de que haciendo el curso te agarra una calentura bárbara. Me relacioné con un montón de gente. Terminé el curso y dije ¡qué linda la función del manager! Avancé. Motörhead cumplía 25 años en el Brixton Academy y viajé a Inglaterra para verlos. Fue la excusa perfecta. Me reuní con Nelson Vivas en el Arsenal, con Christian Bassedas en Newcastle. Me vi todos los entrenamientos, dónde concentraban. Cuando volví, me reuní con amigos de Independiente: estaba interesado en forjar algo. Hablé con una agrupación y me dijeron «sos nuestro manager». Bárbaro. Iba encaminado. Me reúno con una gente que pregunta, ¿cómo hacemos con la barra brava? La mantenían en el club con un presupuesto aprobado, aunque en los libros decía otra cosa. En aquel entonces se llevaban 90 lucas por mes, año 98, es decir uno a uno: eran dólares. Yo me puse loco, ¡tenemos que darle de comer a los pibes, no a los barras! Me dijeron: «¿Sabe qué pasa? Las ganancias son mucho mayores, Verea». Me volví a mi casa diciéndome «¡soy un pelotudo!».

–El barrabravismo es un éxito.
–¡Pero claro! Nos invadieron hace más de 25 años. Después del mundial del 86 las revistas mostraban a los barras con los trofeos conseguidos cagando a trompadas a otras hinchadas. ¿Quiénes bancaron a esos muñecos? Hoy no hay negocio en los cuatro costados de la cancha que no estén manejados por los barras. Andá y subí una bandera que diga «Colorado presente» para mostrarle al mundo que estás en la cancha. Te tocan el hombro, si tenés suerte, y te dicen: «Flaco, ¿de quién es la bandera? ¿Con quién hablaste para colgarla?».
–¿Qué sensaciones te dejó como amante del fútbol el Barcelona de Guardiola?
–Hay boludos del periodismo de acá que se enojan porque digo que Barcelona les metió el discurso de «no importa cómo se gana» en el culo. Hay que romper esa idea triste y patética, que además no guarda ningún sentido. Es típicamente argentina y fue impuesta por los barras del periodismo. Son los mismos que arrancan la transmisión hablando de la fiesta. ¿De qué fiesta hablás? Hablá de la fiesta de las 300 paredes. Habla de la fiesta del ahogo, de que te roban la pelota en 8 segundos. Porque tenés que correr como un beduino para volver a verla, no a tocarla. ¡A verla! ¡Esa es la fiesta! Mirá para ahí. ¿Y qué es lo más triste para ellos? Que el Barcelona fue el equipo más resultadista del mundo.
–¿Quiénes son los barras del periodismo?
–Los Niembro, los Araujo. Lo más gracioso es que ellos mismos van cagados a la canchas por lo que provocan. Componen, aun sabiendo que se arman personajes, una estructura propia con la belleza del fútbol. ¡Y son horribles! Y no hablo de estética, eh, que ahí no puedo abrir mucho la boca. Cuando Bielsa habla de la crueldad de los medios, Niembro responde en Clarín sobre la manera en la que se mueve este juego. Le dice eso al entrenador que se vino en la primera ronda de un mundial, en Japón-Corea 2002. Es mayúsculo, pero mayúsculo de perverso.
–Bielsa es muy claro con su evaluación de los medios.
–Comparativamente, Bielsa te ganó por goleada, flaco. Perder no te convierte en perdedor. Eso te lo enseña la competencia. Pero estos hijos de puta trabajaron 20 años para un lugar que nunca tuvo competencia. Con un monopolio no perdés nunca. No nos olvidemos de esto. No lo digo por los bilardistas, cada uno en su juego, pero hacete cargo de la mierda en la que estás. Eso sí: después hablan de la nueva escuela alemana y se ufanan de que ya no juega con líbero y stopper. ¿Y con qué entrenador de este país hablan Jürgen Klinsmann y Jürgen Klopp? Con Menotti. Te la resumo de otra forma: acá Bielsa debe dar explicaciones y Caruso Lombardi no. Chau.
–¿Qué opinión tenés de Fútbol para Todos?
–Yo me enojé mucho con Fútbol para Todos.
–¿Por qué?
–Porque fue una gran oportunidad perdida. FPT pudo ser un gran sopapo a la soberbia. Yo no me comí el discurso emotivo. ¿Sabés por qué? Porque las estructuras no las cambiás en 5 años. Cuando comenzó en 2009, los clubes debían 500 palos. Llegaste, repartiste 11.000 millones y hoy debemos 2.000. Algo pasó, ¿no? La falta de control es evidente. Si Don Julio era la mafia, el poder político entonces se hizo socio de la mafia o no teníamos el fútbol. ¿La cara visible tenía que ser Marcelo Araujo? ¿El director de selecciones, Bilardo? El mismo que dice que del segundo no se acuerda nadie, es el mismo que con la bandera argentina dopó a un rival de Brasil, ¡con Diego al lado! ¿El hijo del dueño tenía que manejar las selecciones juveniles? ¿Y me pedís guita para eso? Porque el FPT lo garpamos todos. ¿Ese es el cambio? Y para ponerle un moño utilizás el peor de los discursos, diciendo que nos habían secuestrado los goles. Secuestro en este país es una palabra que hay que saber usar. ¿Vos decías que los goles estaban secuestrados? Entonces te hiciste socio de los secuestradores.
–¿No tenés miedo de que digan que le hacés el juego a la derecha con ese discurso?
–¿Me pueden comparar a mí con estos zorros manejando gallineros? Es el lugar más fácil para responder.
–¿Cómo ves la llegada de Jorge Sampaoli en este momento de la AFA?
–El fútbol es del poder. El dirigente que se acerque a AFA sin poder va a ser aniquilado. Mirá Tinelli. Y eso que tiene llegada. Ahora se metió el poder sindical. En este juego es todo así. Daniel Angelici maneja el juego y la Justicia. ¿Hay algo más contradictorio? Si hay algo que no es justo, es la timba. El presidente de Racing, Víctor Blanco, tiene una gran influencia con los gobiernos. Recordemos cuando bajaban los helicópteros con los televisores que sorteaba Caruso Lombardi para el plantel de Racing y que mandaba Néstor Kirchner. En Independiente pasa otro tanto con los Moyano. En esta situación, cae Jorge Sampaoli. Tiene 11 partidos: los 4 que quedan de las Eliminatorias y los 7 para ganar la Copa del Mundo, para volverse un patriota. No es un entrenador, le pusieron la ropa de San Martín y a los jugadores la de los soldados. O nos llevan a la gloria u otra vez a Barranca Yaco. Esto es así. Así lo vendieron y la gente lo compró.

Fotos: Juan C. Quiles

Estás leyendo:

De cerca

Pasiones encontradas