De cerca

Reggae popular

El guitarrista y cantante desmenuza el nuevo disco de Los Pericos, la banda con la que hace tres décadas empezó a tocar música jamaiquina con acento local. Reconocido por su trabajo como productor, Juanchi Baleirón analiza los secretos del oficio. Orígenes, influencias y el recuerdo de Gustavo Cerati.

 

Qué desafíos se plantea una banda a punto de cumplir 30 años de carrera? Juanchi Baleirón asegura que la madurez es una etapa para celebrar, habla de equilibrio y de confianza en el producto de la acumulación de trabajo y experiencia. «Hay un “sonido Pericos”», afirma. «Después de tanto tiempo, creo que nuestra música tiene un sello propio. Hace rato que dejamos de ser solamente la banda pionera del reggae argentino. Somos eso y mucho más, formamos parte de la paleta de colores del rock nacional por derecho propio, con todos nuestros matices. Tuvimos épocas en las que estábamos más enojados y más rockeros. Otras más festivos, exultantes. Creo que ahora estamos retomando algo de lo que la banda empezó a ser cuando se fue el Bahiano, hace 12 años, y buscábamos laburar texturas, profundidad en el sonido. La experiencia de Pericos & Friends ayudó a consolidar eso», argumenta.
Pericos & Friends (2010) fue una aventura muy especial: un disco de versiones (propias y ajenas) con más de 50 invitados de alto vuelo: Gregory Isaacs, Ali Campbell, The Skatalites y Herbert Vianna, entre otros. El trabajo ayudó a la banda a cargar las pilas para un álbum con canciones nuevas, después de una pausa bastante larga: Pura vida, de 2008, es el último CD con temas originales grabados en el estudio de Los Pericos. El flamante disco se llama Soundamérica y es el fruto de «todo el aprendizaje que te dan los períodos largos de tours y viajes como los que hicimos en los últimos años», sintetiza Baleirón. Y cuenta que el plan de operaciones se completa con una gira de presentación muy ambiciosa.
Los Pericos hicieron este año una decena de shows en Estados Unidos. En los últimos tiempos también han tocado mucho en Europa y América Latina. «Aprovechamos muy bien esos viajes. Grabamos caños en Nashville y en Monterrey conocimos a Carla Morrison, que cantó en «Anónimos», un reggae melancólico que quedó muy lindo», cuenta Baleirón, entusiasmado con la nueva producción de la banda y ya reconciliado definitivamente con su pasado.
«Pasamos por un montón de vivencias en todos estos años. La muerte de Horacio Avendaño, nuestro saxofonista, quizás haya sido la más dura», sostiene. «Y después, todo el reacomodamiento que desató el alejamiento del Bahiano, con el que ya no hay broncas ni odios. Al principio estábamos muy enojados, pero ahora ya pasó mucho tiempo. Sabemos lo importante que fue él  para la banda y también lo importante que fue la banda para él. Valoramos lo que dejó. Es tiempo de amigarse y de quedarse con los mejores recuerdos y los mejores resultados que dio esa formación, que era tremenda. Ahora cada uno ha tomado su camino. El Bahiano marcó la sonoridad de la banda. Su presencia, su carisma, su voz y su papel en la parte compositiva fueron importantes para Los Pericos».
–¿Cambió mucho el sonido de la banda tras su partida?
–Cambió, lógicamente. Desde 7, el primer disco sin Bahiano, fuimos redefiniéndonos. Creo que con Pericos & Friends empezamos a retomar una impronta propia, que no tiene que ver con las tendencias actuales del reggae nacional. Digamos que lo nuestro es un cruce entre un reggae aggiornado, trabajado con profundidad en los arreglos y el sonido, que se separa del estilo evocativo del reggae roots. Somos una banda pop, pero no buscamos el hit radial a toda costa. Uso la palabra pop estrictamente como apócope de popular.
–¿Ese sonido que caracteriza a Los Pericos de dónde salió?
–Yo empecé a escuchar reggae gracias a un vecino de la casa en la que vivía con mis viejos, en Núñez. El pibe tenía unos cuantos vinilos de Bob Marley y nos juntábamos a escucharlos. Pero creo que para nosotros fue muy importante escuchar a The Police, que fue el nexo entre ese sonido típico del pop inglés de los 80 con el reggae. Eso nos identificó mucho. Yo era fan de V8, escuchaba todo el día eso y a Motörhead, AC/DC y Judas Priest. Música medio monolítica, llena, sin el aire del reggae. Y cuando escuchaba un tema de The Police decía: «¿Por qué si hay un hueco el bajista no entra antes?».
–¿Y qué guitarristas fueron una influencia decisiva?
–Eddie Van Halen, Billy Gibbons, Jimi Hendrix, Eric Clapton.
–¿Hay algún colega al que admires particularmente por su música y su manera de manejarse?
–Me viene a la cabeza Gustavo Cerati. Siempre la música es lo que te llega más rápido, pero él también era alguien que te inspiraba por cómo se movía en su carrera, por sus actitudes como artista. Fue, y es, un faro. Cuando Los Pericos vimos que Soda Stereo había armado su propio estudio de grabación pensamos de inmediato que teníamos  que hacer lo mismo. Y juntamos unos mangos y lo hicimos. Fue una muy buena decisión que tomamos gracias al ejemplo de Soda. Creo que es una persona con la que tengo muchas cosas en común. Gustavo es eterno. En unos años va a ser como Gardel.

 

Escuela de rock
La vida artística de Juanchi se divide entre Los Pericos, donde asumió el rol de cantante, y su trabajo como productor, que lo ha llevado a trabajar con Los Auténticos Decadentes, Massacre, Estelares, No Te Va Gustar y Ciro y los Persas, entre otros. Hace poco fue jurado del programa televisivo Camino a Abbey Road y tuvo la gran oportunidad de grabar con la banda ganadora del concurso, Coleccionistas, en el estudio que hicieron famoso Los Beatles. «Fue impresionante laburar ahí, y encima con una banda que me gusta mucho», dice ahora. «Con Los Pericos la dinámica es diferente. Somos una familia en la que opinan todos. En algún momento quise ser el productor de la banda y no funcionó tan bien. Soy medio mal llevado, a veces me excedo con los malos modos y genero fricciones innecesarias. Entonces me calmé, dejé que las cosas fluyeran de otra manera y hoy todo es más armónico. Repartimos responsabilidades y el resultado refleja que fue una buena decisión», explica.  


 

–¿Qué debe tener un buen productor?
–Olfato, intuición y respeto por el artista. Debe entender que lo que está produciendo es un disco del artista, no de él. A veces, la gente de otra época piensa que el productor es una especie de dictador: la escuela de Phil Spector.
–Estuviste en Abbey Road, donde George Martin trabajó mucho con Los Beatles. ¿Qué destacarías de ese productor célebre?
–George Martin tuvo la capacidad de darse cuenta de qué papel tenía que cumplir en cada etapa de la carrera del grupo. Supo mutar cuando era necesario. Si sos productor y tenés un cuadernito, tiralo. Mejor usá tu gusto, tu intuición y la disciplina. Hay que confiar en la prueba y el error, saber dirigir y también rectificar, estar muy atento a las buenas ideas, que no son patrimonio de nadie. Martin era el arreglador orquestal de un sello menor de EMI, que se dedicaba a editar soundtracks de películas. Como el rock estaba creciendo mucho en esa época, cada sello hizo un casting de bandas de ese estilo. Los Beatles pasaron primero por Decca y los rechazaron, una decisión equivocada, claramente. Terminaron en Parlophone, un sello vinculado con EMI. Y ahí los agarró Martin. El productor tiene algo de DT de un equipo de fútbol, que debe obtener resultados. Pero también se tiene que ocupar de que lo que se graba esté bueno, más allá de que venda o no. En las distintas etapas de Los Beatles, desde la más inocente, fresca y sin experiencia hasta la última, con ellos ya consagrados, Martin supo cómo moverse. Primero los obligó a grabar en poco tiempo y con poco presupuesto. Había una relación vertical: el productor y el ingeniero en el control y los músicos tocando. Las decisiones las tomaba el productor. Pero Los Beatles empezaron a crecer en todo sentido y ahí el tipo tuvo la inteligencia de permitirles desarrollarse, evolucionar. Fue consciente de que estaba laburando con genios que iban a cambiar la historia de la música. Todo lo que él hizo como arreglador está en los discos y en los libros, pero me parece que hay algo groso también en dejar hacer.
–¿Qué productores te parecen buenos?
–El primero en el que pienso es Rick Rubin, que trabajó con artistas de todo tipo, desde Tom Petty hasta los Beastie Boys. Es un tipo muy abierto, que sabe entender al artista, más allá del estilo que tenga.
–¿Pensás que podrías producir una banda que no te guste?
–La verdad que no. Mi actividad como productor está teñida del espíritu del hobby, muy relacionada con el gusto. Para sacarle tiempo a mi familia y a mi banda, tiene que ser algo que me guste mucho hacer, que sea realmente un desafío. Tengo que vibrar que será algo especial, que me va a inspirar. No produzco discos solo por oficio. Y es importante saber qué hacer con un artista con el que trabajás, insisto. No se trata de darle órdenes, sino más bien de seguirlo en su viaje. Me pasa con gente como Andrés Ciro o Emiliano Brancciari, de No Te Va Gustar. Con ellos lo mejor no es correr detrás del poder y del control, sino saber seguirlos, potenciarlos. Es muy importante también la parte emocional.  
–¿En qué otros aspectos hacés hincapié en la producción de un álbum?
–En la preproducción son muy importantes los ensayos. Ahí es cuando te das cuenta de lo que sobra, o de lo que tarda en llegar. Es clave el período de terminación de las canciones, su pulido artesanal. Pero no dejás todo cerrado, obviamente. Después, en la grabación puede aparecer algo más. Si un artista tiene todo el potencial para ser «radiable» y no lo está consiguiendo, hay que hacer algo. Porque lo está buscando y no lo encuentra. Pero no laburás igual con una banda arty. Cada canción tiene su potencial. El éxito real es que consiga su mejor forma, no que suene en la radio.

 

Fotos: Jorge Aloy