De cerca

«Soy una actriz que ama cantar»

La cuarentena la llevó a suspender una gira europea, pero le permitió redescubrirse en facetas que van de la maternidad a la gastronomía. El documental de su gira en Rusia es uno de los más vistos en Netflix. Mientras espera el estreno de tres películas, se prepara para interpretar a Eva Perón.

(Prensa Natalia Oreiro)

Me daría vergüenza decir que estoy sufriendo la cuarentena o que mi cabeza está por estallar. Claro que me afecta, se me hace cuesta arriba, pero soy una privilegiada», afirma con claridad Natalia Oreiro. «Tengo mis días, mis momentos de angustia y sobresaltos. A veces me siento más vulnerable, pero estoy en una casa con jardín, donde mi hijo Atahualpa puede correr, jugar a la pelota. Y tanto yo como Ricardo (Mollo), mi marido, sabemos que cuando esto termine tendremos trabajo», explica la actriz y cantante uruguaya.
Naturalmente optimista, como se define, trata de ver el lado bueno de las cosas. Debido a la pandemia tuvo que suspender una gira musical por Europa y el estreno de varias películas. «Todo eso implica dedicación, tiempo y poner el cuerpo. Por eso durante estos meses pude reconectarme con mi casa, con mi familia, con mi hijo, algo tantas veces postergado. Y lo agradezco, porque me permitió descubrirme en facetas que no tenía la menor idea que podía desarrollar», confiesa.
–¿En qué te potenció la cuarentena?
–En varias cosas y de distintos rubros. Por un lado, lo más importante es que volvió mi niña interior, volvió la Natalia lúdica, juguetona, para disfrutar a Ata y que él disfrute de su mamá sin el reloj como amenaza. Nos encontramos haciendo un montón de actividades, como estudiar, ayudarlo con la tarea, algo que me costó pero también me reconfortó, porque no siempre tuve esa posibilidad. También me sorprendió mi descubrimiento de la cocina y el gusto por preparar algunas tortas y budines. Estar en la cocina me ayudó también a mí, a mi cabeza, ya que mientras preparaba alguna receta pensaba, charlaba conmigo misma. Extraño mucho a mis padres, a Uruguay, el escenario, los ensayos, los amigos y compañeros de trabajo. Y, en ese aspecto, la cocina actuó como una especie de terapia. También empecé a hacerme compinche de la tecnología, algo de lo que siempre renegué porque no tenía facilidad y me ponía de malhumor. Pero me animé, abrí una cuenta de Instagram y probé haciendo unos «vivos» maravillosos, como el que hicimos con Facundo Arana recordando nuestros trabajos juntos. Y debo reconocer que fue emocionante, por la cantidad de seguidores que nos decían las cosas más hermosas.

Identificación y confianza
A Oreiro se le dibuja una sonrisa de oreja a oreja cuando habla de Nasha Natasha, el documental de Netflix realizado por el uruguayo Martín Sastre. El relato de su gira por Rusia en 2014 se ubica entre los más vistos de la plataforma en Latinoamérica y también a nivel global. «Es una locura cómo repercutió, no lo puedo creer. Que esté entre los treinta más vistos del mundo, en mercados que a mí no me registran, quiere decir que despierta interés más allá de mí», analiza.
–¿En serio sos más conocida que Messi en Rusia?
–Yo no lo podía creer, pero es cierto. En Rusia me sucede algo muy fuerte, pero desde hace muchísimo tiempo. Mi relación con ese país y con los rusos y rusas especialmente, trasciende lo cultural, la edad, el clima y el idioma. Me ven como una más de allá.
–Nasha Natasha significa «Nuestra Natalia». ¿Por qué creés que generás eso en Rusia?
–Es algo que muchas veces me pregunté y creo que tiene que ver con una confianza que se ha generado conmigo. Sucede con la gente de 15 años, de 30 y también de 40. Me ven como una amiga, como una prima, como un familiar cercano. Hace más de veinte años que voy a Rusia, pero mi vínculo todavía va más atrás, cuando hacía Muñeca brava, una tira rupturista, protagonizada por una heroína especial como era la Cholito, mi personaje de costumbres poco amaneradas. Esa novela fue esencial para que yo llegue al corazón del pueblo ruso.
–¿Cómo fue la experiencia de verte reflejada en el documental?
–Al principio me costó verlo completo porque se muestran muchas cosas que tienen que ver con mi vida personal, como el casamiento con Ricardo, declaraciones de él sobre nuestra relación, además aparece Atahualpa en el momento que llega a Rusia para visitarme. Hay otras escenas de la intimidad propia del camarín, que debo reconocer que me daba temor, inseguridad. Pero el trabajo de mi amigo Martín Sastre, con quien ya había trabajado en Miss Tacurembó y me conocía muy bien, fue brillante. Muchas veces hablamos con él sobre el fenómeno que yo vivía en Rusia y él siempre se mostró muy interesado, entonces lo invité y le dije que se sintiera libre de hacer lo que quisiera. Y realizó un trabajo espectacular, que no solo se trata de la aventura de una gira por Rusia, sino también de un viaje interior hacia mis inicios, hacia Montevideo, hacia Cerro, el barrio donde nací. Y mi partida a la Argentina, sola, teniendo apenas 16 años.

(Prensa Natalia Oreiro)
 

–Fue realizado en 2014, ¿por qué tardó tanto en estrenarse?
–Porque no estaba claro qué es lo que queríamos hacer, tampoco a mí me conformaba el material en crudo, siempre le encontraba algo que me hacía ruido y era un buen motivo para posponerlo. Hasta que después de un tiempo apareció Netflix y las negociaciones demoraron, se hicieron desear. La verdad es que yo pensaba que no se iba a estrenar, costó pero valió la pena la espera.
–¿Y qué te terminó convenciendo?
–La palabra de mi esposo fue fundamental. Ricardo me dijo textual: «Me emocionó, me movilizó mucho, es muy bueno». Y ahí pensé: «Listo, pal’ frente».

Horizonte cercano
Dependiendo de cómo evolucione la pandemia, la agenda laboral de Oreiro asoma cargada para el año que viene. «Voy a tener que hacer malabares, porque a todas las postergaciones de esta temporada, como giras y estrenos de cine, se van a sumar las cosas que vayan llegando», cuenta. «Hay tres películas que ya estaban en gateras: La noche mágica, Las rojas y Hoy se arregla el mundo. Todas historias bien distintas, que me tienen expectante», agrega.
–¿Podrías dar un pantallazo de cada una?
–Gastón Portal me hizo llegar el guion de La noche mágica, un thriller que es su ópera prima. Y me cautivó. Toda la historia transcurre en vísperas de Navidad, en una casa de familia en la que entra un ladrón con barba blanca que interpreta Diego Peretti, quien primero se topa con el amante de mi personaje en plena huida y luego con su hija, que lo confunde con Papa Noel y le pide una lista de regalos. Las rojas es una road-movie muy dinámica y atractiva, que se filmó en Mendoza y protagonizamos con la grossa de Mercedes Morán. Somos dos antropólogas que compiten por un valioso hallazgo, pero que están en pie de guerra y dispuestas a todo para perseguir el sueño de un mundo mejor. Mientras que Hoy se arregla el mundo es un drama sobre la paternidad, en la que Leonardo Sbaraglia es un hombre que nunca la había asumido. Yo interpreto a su pareja.

Al frente. Oreiro conduce Got Talent, el programa más visto de la tele uruguaya. (Gentileza Got Talent)
 

–Uno de los grandes proyectos para el año que viene será ponerte en la piel de Evita en la miniserie Santa Evita, basada en la novela de Tomás Eloy Martínez y dirigida por el colombiano Rodrigo García. ¿Cómo te tiene interiormente?
–¡Re loca! Me tiene preocupada y a la vez muy entusiasmada, porque se trata de uno de los desafíos más importantes de mi carrera actoral, con una puesta en escena enorme y con grandes actores como Darío Grandinetti, que hará de Juan Domingo Perón, Ernesto Alterio que será el coronel Moori Koenig y la mexicana Salma Hayek, que estará a cargo de la producción ejecutiva. Suena fuerte. Estamos hablando de Eva, una de las mujeres políticas de mayor trascendencia no solo en la Argentina sino en el mundo.
–¿Cómo te llegó la propuesta?
–A través de mi coach, que me contó que estaban audicionando para la miniserie de Rodrigo García, el hijo de Gabriel García Márquez. Y me insistió para que me presentara. Desde 2006, cuando filmé Las vidas posibles, que no hacía un casting: es un ejercicio que debería hacerse más seguido, estoy convencida de que es la mejor manera y también la más justa para acceder a un papel. Recuerdo que temblaba, pero logré convencer al director. No lo esperaba, pero me había presentado porque me permitía salir de mi zona de confort como actriz. Quería exigirme, sentir las inseguridades de mis comienzos, como una manera de volver a las fuentes. Y cuando Rodrigo me dijo «sos la elegida», me quedé helada. Creo que la alegría del momento se ensombreció con el cagazo que me vino inmediatamente después.
–¿Estás trabajando en la composición del personaje?
–Sí, claro, estoy estudiando con una fonoaudióloga, pero no para imitar a Evita sino para interpretarla. Yo no busco hacer una copia, ser un clon, no me interesa, pero sí necesito estudiar la gestualidad y los tonos vocales para acercarme a la impronta y a la época que describe Tomás Eloy Martínez en su novela. Me puse a rastrear documentales, ver películas, leer libros biográficos, estudiar a otras actrices que ya la han interpretado y muy bien. Quiero hacer una composición como la que hice con el personaje de Gilda, una construcción a partir de mí y de mis posibilidades.
–Si tuvieras que hacer un podio de tus trabajos más significativos, ¿cuáles elegirías?
–Muñeca brava, por todo lo que significó en mi carrera, sin duda fue un trampolín. Gilda costó sangre, sudor y lágrimas, pero pude darme el gustazo de interpretar a una mujer a la que admiro personal y musicalmente. Y elijo otras dos películas: Infancia clandestina, una historia dura y sensible de Benjamín Avila sobre la dictadura militar, que me dio la oportunidad de cambiar mi perfil como actriz y nadar en aguas revueltas. Algo parecido a Wakolda, de la genia de Lucía Puenzo, que recrea la figura del médico Josef Mengele, en la que me toca encarnar a una madre de ascendencia alemana que se relaciona con el médico por la baja estatura de su hija.

Princesa rusa. Una imagen del video de «United by Love», el exitoso tema que la cantante uruguaya le dedicó al Mundial de Fútbol de 2018. (Télam)
 

–¿Quiénes son tus referentes o tus influencias más importantes?
–El primero que me viene a la cabeza, por el aprendizaje que tuve, por su calidez y docencia, fue el director Eduardo Mignogna, quien me dio la oportunidad de trabajar en Cleopatra. Recuerdo que yo estaba nerviosísima, no me salían las cosas y me llamó aparte y me dijo: «Naty, sé vos, descomprimite, liberate y tratá de mirar de la manera más verdadera posible». Al día de hoy esas palabras me resuenan y me ayudan a ordenarme. Si hablamos de actrices, para mí la mejor de la Argentina es Mercedes Morán, de quien vi casi todo lo que hizo y me encanta, le creo hasta el papel más inverosímil, tiene una convicción y una versatilidad que le envidio. Y después aparecen otras grandes como Graciela Borges, una intérprete que trascendió a su belleza, y Ana María Picchio, dueña de una expresividad y una gestualidad sin igual.
–¿Y entre las cantantes?
–Para mí la voz femenina más importante dentro del rock nacional es Celeste Carballo, a quien me di el gusto de conocer en la película Re loca, título basado en ese temazo suyo que es «Me vuelvo cada día más loca». También me parece una cantante fabulosa Claudia Puyó.
–¿Qué preferís, la actuación o la música?
–Soy una actriz que ama cantar.