Cultura

Dimensión política

La escritora es una de las voces destacadas de la narrativa actual. Su nuevo libro de cuentos está habitado por personajes comprometidos con sus emociones. Impulsora del movimiento Ni Una Menos, tiende puentes entre la intimidad y el poder.

Contrastes. La autora narra con una precisión quirúrgica que no renuncia a la calidez. (Diego Martínez)

Me encanta este lugar porque te sirve una bochita de helado con el café», dice Florencia Abbate cuando llegan las dos tablitas con el pedido. En cada una, al lado de la taza, se sirve una bocha de helado de chocolate. Como si hubiera una necesidad de complementar lo caliente de la bebida con el frío de la crema: ese contraste sirve para pensar los relatos de su último libro, aparecido a finales del año pasado, Felices hasta que amanezca. Historias que parecen paisajes sentimentales capturados por el ojo atento de una escritora precisa, fría en la medida en que su prosa es exacta, pero que no por eso renuncia a la calidez. Digamos, contrastes en camino a reconciliarse en algún punto.
«Es la primera vez que publico narrativa en un mundo que tiene la lógica de las redes», señala Florencia. «Ahora hay una posibilidad de conexiones múltiples. En los libros hay una dimensión micro, que es ver cuál es la verdadera reacción que produce un texto. Me reí, lloré, no pude desprenderme de tus historias, ese tipo de cosas que me dicen algunos lectores por las redes sociales hacen que el libro tenga un sentido a partir de esas experiencias de lectura». Pero hay otro ingrediente en los relatos: la dimensión política. En cada uno de los cuentos, los personajes se encuentran metidos en una lucha particular que tiñe todo lo que puede sentirse y hacerse por el otro.

Sensatez y sentimientos
Abbate no es precisamente una persona desprovista de momentos de fuerte militancia. Toda su carrera literaria ha tenido que ver con la idea de que lo político forma la médula de la manera en la que elegimos vivir. Durante los 90, fue parte de toda una movida poética que implicaba armar canales de circulación de obras y poner el cuerpo en recitales o en librerías para mostrar lo que se estaba haciendo. Luego de la crisis de 2001, su novela El grito formó parte de esos libros que mostraban el impacto de lo que sucedía en la historia argentina dentro de una ficción literaria, complejizando la idea que se tiene de la autonomía de la obra con respecto a su contexto.
La escritora también formó parte del primer encuentro de periodistas e intelectuales, reunidas por María Pía López en el Museo de la Lengua en 2015, del cual emergió la convocatoria que luego adoptaría el nombre de Ni Una Menos. «A mí siempre me interesó el activismo en todas sus formas. En los años 90 estuve muy cerca de H.I.J.O.S., marchaba con ellos. Cuando escribí el libro sobre la cultura trans, por un encargo de María Moreno, me interioricé en toda la militancia travesti-trans de ese momento. Me identifico con todas las causas de derechos humanos, y la causa de las mujeres también lo es. Y dentro, específicamente, del campo cultural, cuando publiqué la antología de narradoras Una terraza propia, también lo hice con un objetivo polémico. Fue en 2006, mucho antes del Ni Una Menos, porque sentía que no había una igualdad de condiciones y de oportunidades entre los hombres y las mujeres en el campo literario. Son cosas que siempre me interesaron: creo en ese lema que dice que lo personal es político. Hay razones personales por las que uno se identifica con determinados temas».
Unos días después, durante el 8M, subió a su cuenta de Facebook videos de mujeres en la plaza de la avenida Las Heras, detrás de la Biblioteca Nacional, en la que transcurrió la nota con Acción. Abbate captura los pañuelos verdes, los bombos, las consignas. En la charla, comentó que se había desvinculado de la organización del colectivo Ni Una Menos porque consideró que ya estaba operando solo, de manera asamblearia. Que lo que había que hacer era seguir la lucha en lo cotidiano. Así se la ve, así se ve en sus cuentos: militar también es algo que tiene que ver con lo más íntimo, con lo de todos los días.