Cultura | «ISRAFEL» EN EL CCC

El corazón delator

La obra escrita por Abelardo Castillo indaga en la atormentada e inspiradora vida de Edgar Allan Poe en busca de claves que permitan entender al genio.

Espíritu trágico. La pieza adaptada por Iparraguirre y dirigida por Marcove emplea todos los recursos de la sala Solidaridad.

Foto : Prensa

En una de las primeras funciones de Israfel, el director Daniel Marcove manifestó ante el público que este espectáculo que acaba de estrenarse en el Centro Cultural de la Cooperación refleja «la admiración de un gigante por sobre otro gigante». No se trata de una biografía, entonces, al menos en el sentido más literal del término. La obra escrita por Abelardo Castillo se nutre de la historia personal del gran poeta y narrador Edgar Allan Poe, para indagar en los demonios (los sociales, pero también los íntimos) que modelaron la obra del autor de textos clásicos como «El cuervo», «El corazón delator» o «El gato negro». Sylvia Iparraguirre fue la encargada de adaptar esta pieza de carácter expresionista. Iparraguirre se encontraba reeditando la obra completa de Castillo –a quien además conoció muy bien porque fue su esposo–, cuando fue contactada por Marcove. «Esta adaptación implicaba acortar la pieza, que el texto estuviera pasado al “voseo” y, lo más importante y brillante de la idea y adaptación de Marcove: el agregado del personaje de Abelardo en escena, como el autor que dialoga con su personaje, con Poe, y observa el desarrollo de la acción», reflexiona la escritora.
«La puesta configura una fuerte experiencia teatral y potencia la atmósfera de delirio y locura del mundo espiritual de Poe. El personaje de Abelardo, el narrador que recorre la escena e informa al espectador, pertenece a la idea original de Marcove y, naturalmente, no existe en el original de Israfel, así que tuve que escribir sus parlamentos. Recurrí a las propias palabras de Abelardo, tomadas de las didascalias y de los encabezados explicativos de la obra. El resultado me pareció deslumbrante, con enorme respeto por el texto y gran despliegue actoral y visual», describe.

Inquietante y sensible
En efecto, Marcove empleó todos los recursos que le provee una sala como la Solidaridad, la más grande del CCC; el trabajo con la iluminación es sobresaliente. En un amplio espacio negro se suceden cuadros de la vida de Poe presentados por Castillo, figura a la que le pone el cuerpo Aldo Pastur. Juan Manuel Correa es el responsable de interpretar al escritor estadounidense. Pero más allá de los protagonistas, se destaca un elenco homogéneo compuesto por nueve actores más. Otro mérito es el rol del violinista y compositor Ezequiel Moyano, presente en escena durante toda la representación.
Marcove señala que «concretar ese sueño y esa aventura compartida con Abelardo fue lo que más me sedujo de este proyecto». Y agrega que se trata  de «un material apasionado, de una gran potencia escénica y poética, frondosa teatralidad, delicado humor, donde se plantean viscerales temas existenciales que van reconstruyendo el doloroso camino del maestro del cuento moderno, un verdadero “suicidado por la sociedad”, que lucha incansablemente por su pasión por la escritura, aun en el desgarro y la desesperación de la necesidad económica, convirtiéndolo al fin en una feroz y profundamente vigente alegoría del hombre contemporáneo», concluye.
La materia prima que menciona el director adquiere una inquietante y sensible corporalidad en el trabajo de Juan Manuel Correa. Según el actor, «encarar un personaje que existió, y que como en este caso es parte de un imaginario global, por su aporte incalculable al arte de nuestro tiempo, da siempre cosquilleo y varias otras sensaciones. Poe es una figura del romanticismo tardío en Estados Unidos y padre de la literatura moderna. Por lo tanto, fue un hombre de corazón destrozado».
«Me propuse primero entender la dimensión de su espíritu», explica Correa. «Traté de sumergirme como pude en el océano de ese ser desgarrado, idealista e irrealista que buscó desesperadamente la belleza, o una de sus formas que es la ternura. Es cierto que muchas de sus biografías coinciden en él como un ser excitado y excéntrico. Pero esos estados son las consecuencias de las heridas y de la desdicha, más que la de un loco. Entonces, ¿cómo actuar este estado? ¿Cómo dar formar a la desdicha de un corazón partido?  Como se dice en las tragedias griegas, ¿cómo es el cuerpo de un “espíritu trágico”? En Poe existen, a mi entender, esas fuerzas. Y en la maravillosa obra de Castillo, se suma de manera magistral a la galería de los grandes personajes clásicos y de dimensiones místicas del teatro».


Ezequiel Obregón