Cultura

Escenarios reales

Una peluquería de barrio, el living de una casa, un garage o un taller mecánico, la pileta o el vestuario de un club: entre la necesidad y la innovación, las obras del circuito independiente encontraron espacios de representación poco convencionales.

Interiores. Mecánicas, El vértigo, Proyecto garage y el ciclo platense «Teatro íntimo». (prensa Mecánicas, prensa El vértigo, prensa Proyecto garage, prensa Teatro íntimo)

 

Hacer cola para sacar una entrada, sentarse en una sala con butacas y mirar una obra que se representa sobre el escenario es una práctica tradicional del teatro que se ha ido modificando en los últimos años. La entrada se reserva por mail, Facebook o Whatsapp; el espectador se sienta en una silla, sofá o en un almohadón en el suelo y la obra se vive a la par de los actores. Al menos esta es la propuesta de un grupo de autores, directores e intérpretes del circuito independiente, que montan sus obras en espacios que rompen con la estructura teatral clásica.
Entre las locaciones sobresalientes se pueden mencionar la pileta del Club Vasco-Argentino de Balvanera, en la que tuvo lugar la reciente Condición de buenos nadadores; la barbería de Caballito donde se montó la obra Proyecto Posadas; el vestuario del club Estrella de Maldonado, que fue el escenario de Un hueco; el taller mecánico de Palermo donde se pudo ver Mecánicas; el garage de Villa Crespo que albergó a Proyecto garage; el taller del orfebre Carlos Pallarols, en San Telmo, en el que se ambientó El vértigo; o las casas de La Plata en las que se lleva a cabo el ciclo «Teatro íntimo».
Una de las obras con más éxito de este estilo fue Mecánicas. «Buscamos narrar desde un espacio lo más verosímil posible y dimos con este taller de Palermo donde los espectadores podían sentir el olor a grasa, ver una fosa, las autopartes, las herramientas», describe la dramaturga y actriz Celina Rozenwurcel.
Otra pieza destacada fue Proyecto Posadas –que estuvo tres años en cartel–, donde un grupo de militantes aguarda la llegada del líder del movimiento, el mismísimo Posadas, para festejarle su cumpleaños en una vieja peluquería de barrio. «Era la excusa perfecta para montar la obra en el mismo lugar donde sucedían la narración y no salir a la búsqueda de una sala y ambientarla para que parezca una barbería», cuenta la directora Michelle Wejcman. «Los actores ingresaban desde la calle, se generaba un clima intimista, de reunión, y nos dimos cuenta de que era una experiencia distinta, donde se mezclaban el adentro y el afuera», agrega.

 

Cercanía e intimidad
Más recientemente, la dupla Wejcman-Binetti repitió la experiencia del espacio real con Proyecto garage, una obra centrada en Los Monos, una banda de rock que se enfrenta a dilemas artísticos y personales. «Es más esfuerzo de todo el equipo, más trabajo para armar la escenografía, vender las entradas, hacer la prensa. Todo lo hacemos nosotros, pero el premio es la libertad», afirma Wejcman.
Siguiendo los pasos de su hermana pero desde arriba del escenario, Yésica Wejcman es una de las protagonistas de El vértigo, dirigida por Matías Leites y Leopoldo Minotti. Ambientada en el taller de Juan Carlos Pallarols, cuenta la historia de una familia de orfebres que transcurre en la Buenos Aires de 1920. «Fuimos a hablar con Pallarols para que nos enseñara algunos secretos del oficio, tener una idea básica de la orfebrería y terminamos haciendo la obra en su taller», cuenta Yésica a Acción.
En La Plata, el ciclo «Teatro íntimo» se ha convertido en un clásico, con 37 funciones encima. «No disponíamos de espacio y había un hambre personal de comunicar de otro modo», dice Juan Manuel Mannarino, dramaturgo y director. Todo comenzó en casas de amigos y, con el tiempo, mucha gente se puso en contacto para ofrecer su vivienda. «Es un intercambio, las casas modifican su espacio por un día, se mueven muebles y se genera un clima intimista, porque la dirección es solo para las 35 personas que reservan», cuenta Mannarino. Al igual que con los ejemplos mencionados más arriba, un mundo nuevo se abre con esta clase de espacios. Pocos espectadores, otros escenarios para un teatro independiente que –por innovador y por necesidad– se adapta a los nuevos tiempos.