Cultura | PREJUICIOS EN PANTALLA

Espejo local

El cine argentino ha representado con cuentagotas el conflicto racial. Federico Figueiras y Matías Schenone son los autores de Los negros en el cine argentino, un trabajo académico que indaga en la poca cantidad de relatos sobre la población mulata que existió en la Argentina del siglo XIX. «A la hora de definir el denominado ser nacional, la élite buscó no hacerse eco de la diversidad étnica de la población argentina del periodo e impuso su discurso blanqueador a través de diferentes canales. El cine fue uno de ellos», sostienen en el texto. 

Estrenada en 2015, Los inocentes, de Mauricio Brunetti, es uno de los pocos ejemplos locales de cine de género (terror, en este caso) donde se representa a la población esclava, víctima de los abusos de un terrateniente interpretado por Lito Cruz. En cambio, existen infinidad de films sobre los denominados «cabecitas negras» entre las producciones contemporáneas, decididas a señalar el racismo que aparece asociado con una cuestión de clase. La recientemente estrenada Un crimen común de Francisco Márquez es uno de los exponentes más claros, al contar en clave de terror psicológico las dudas de una mujer de clase media, que decide no abrirle la puerta en la mitad de la noche al hijo de su empleada doméstica, debido al imaginario social construido alrededor de los sectores populares. 

El motoarrebatador (2018) de Agustín Toscano aborda la cuestión desde el melodrama, Marea alta (2020) de Verónica Chen lo hace también desde el terror, mientras que Crímenes de familia (2020) de Sebastián Schindel se apoya en el thriller judicial. Todas se suman a una larga lista de películas dispuestas a desnaturalizar, desde las reglas del género, un problema social de difícil resolución.