Cultura | CENTENARIO DE JACK KEROUAC

Espíritu rebelde

Figura clave de la Generación Beat, el autor de En el camino produjo un sismo en el mundillo literario y dejó impresa su huella en el rock argentino.

Modelo. Nebbia, Spinetta, Manal, Moris y el Indio Solari reconocen su influencia.

Hace 100 años nacía Jack Kerouac. Fue el 12 de marzo de 1922 en Lowell, Estados Unidos. El escritor más reconocido de la llamada Generación Beat inició una fervorosa renovación en la literatura estadounidense, un sismo que produjo ondas expansivas en las letras, el cine y la música a nivel global.
En 1957, Kerouac publicó la que se considera su obra cumbre, En el camino, crónica salvaje de sus aventuras junto a Neal Cassady, héroe y encarnación de todo lo que el autor perseguía en su frenético andar por las rutas norteamericanas: desinhibición en la vida y la escritura, misticismo, jazz y consumo de alcohol y drogas. El legado de Kerouac en Argentina se percibe mejor en la literatura de Néstor Sánchez (Siberia blues, Diario de Manhattan), en esto de abrirse a lo desconocido en los laberintos de las grandes urbes.

Jóvenes mundanos
Beat (y el derivado beatnik) ha significado tantas cosas como personas han empleado el término. Los poetas y novelistas de Estados Unidos englobados por la etiqueta fueron llevados a juicio por obscenidad o resultaron víctimas del escarnio mediático. Para un argentino de los 60 y 70, la connotación más inmediata pudo haber sido con la música, ejemplificada en discos como Alta tensión en Sótano Beat. Pero tanto el programa de televisión como las canciones que promocionaba (con la digna excepción de Facundo Cabral, un beat auténtico) no espantaban a nadie. Era puro humo de colores y pantalones pata de elefante. 
Existen, sin embargo, una serie de grupos y solistas cuya obra está en deuda con Kerouac. La lista va desde Litto Nebbia hasta el Indio Solari, pasando por Spinetta, Manal y Moris. Consultado por la influencia del escritor, Nebbia recuerda que lo leyó en su adolescencia: comenzó con En el camino y más tarde siguió con Big Sur, relato del descenso al infierno del alcoholismo. El rosarino sintió especial afinidad por la «travesía beatnik» al leer a Allen Ginsberg, Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti, compañeros de vida y escritura de Kerouac. 
El compositor de «Solo se trata de vivir» comenta que se sintió atraído por su actitud bohemia y que, para alguien del Interior que se fue de su casa a una temprana edad, sus textos resultaron cercanos, reveladores. Nebbia señala que sus mayores influencias provienen de la música. «Concretamente de Bob Dylan, que amaba a Kerouac», dice. Y eso se puede comprobar en Rolling Thunder Revue, el documental de Martin Scorsese en el que Dylan y Ginsberg visitan la tumba del novelista. 
Por último, el cantante considera que Kerouac «dejó marcado un estilo, una huella, que siempre aparece de alguna manera o es tomada como referencia épica» y que se enmarca «dentro de un espíritu que nos pertenece a varias generaciones. Creo que de ahí es eso de Dylan de “Like a Rolling Stone”. Esa imagen ya casi clásica del joven mundano que decide hacer su vida rodando por el camino».
Moris cuenta que su acercamiento a Kerouac fue durante 1960 o 1961. Y no fue por una recomendación, sino que su literatura «estaba en el ambiente». Moris inició su carrera con Los Beatniks, cuyo nombre es lo suficientemente revelador, y observa que la influencia de Kerouac «fue más importante en la imaginación que en los hechos». El músico además considera que En el camino «sigue siendo una esperanza y un camino para los que vienen detrás» y que su nombre permanece «en la memoria colectiva».
Del single proto-punk «Rebelde» (1966) a la fábula-himno a la libertad «El oso» y el clásico desencantado «De nada sirve», Moris bien supo reflejar en su carrera las pasiones que movilizaron a Kerouac y sus cofrades. Una huella que recorrió el mundo y que también marcó a fuego el origen del rock argentino.


Matías Carnevale