Cultura

Estrellas en foco

Los profesionales de la imagen describen los pormenores de su experiencia a la hora de retratar a los exponentes consagrados del género. El auge de las muestras y las claves del oficio.

 

Cercanía. El retrato de Divididos, de Lezano, quien apunta que la relación con los músicos «crece y se mantiene cuando hay respeto». (Nora Lezano)

Rockeros bonitos, educaditos/ con grandes gastos, educaditos», cantaba el Indio Solari con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en una crítica feroz a los cambios que atravesaba el rock argentino promediando la década del 80. El género empezaba a crecer en cantidad de seguidores, en su peso dentro del panorama cultural y, con ese crecimiento, se imponían nuevas lógicas. La estrella de rock empezaba a ser como cualquier otra celebridad del mundo del espectáculo y, a sus preocupaciones artísticas, ahora se sumaba el cuidado por la gestión de la propia imagen.
Casi 30 años más tarde, es imposible separar el fenómeno rockero de la cuestión de la imagen. Ahí entra a tallar otro tema muy cercano, que es el de su registro a través de la fotografía. Pocas cosas parecen estar tan en boga como la fotografía «de rock». Hay talleres para principiantes que quieren desafiar la iluminación de los recitales y capturar a sus ídolos, hay exposiciones dedicadas tanto a las figuras más destacadas como al under más revulsivo. Y detrás de todo están los fotógrafos. Para bucear un poco en ese fenómeno, Acción se acercó a distintos profesionales de la cámara para que cuenten cómo es su relación con la música y, desde luego, con sus protagonistas.
Lo primero que llama la atención es que la mayoría de los consultados no se reconoce como «fotógrafo de rock». Ni Maximiliano Vernazza, que expuso ya dos veces una amplia muestra con momentos de intimidad de Charly García; ni Nora Lezano, de larga trayectoria en el circuito y con una muestra retrospectiva, Fan, que se presentará en junio en el Centro Cultural Recoleta; ni Cecilia Salas, que pone su ojo para las fotos del suplemento No de Página/12. La única que no reniega de la etiqueta es Natalia Motorizada, habitué de la movida indie porteña y lente casi exclusiva de los ascendentes El mató a un policía motorizado.
«No hago fotografía de rock, laburo en Gente y por medio de la revista lo conocí a Charly», explica Vernazza. Él reconoce que acercarse a una figura del género desde una revista de interés general lo pone en un lugar extraño. «Te miran medio medio, son reacios, pero te dan la nota porque le están haciendo prensa a un show o un disco», explica. Salas, en tanto, terminó haciendo fotografía de rock un poco de casualidad. Estudiaba fotografía, a secas, y el fortuito acceso a recitales la fue llevando profesionalmente por ese camino. Lezano es más tajante: «Antes de querer fotografiar músicos quise hacer fotografía».

Icono. Una de las fotos de Charly
que integró la exhibición de Vernazza.
(Maximiliano Vernazza)

Claro que, después de los recitales, llega el trabajo para los medios. Y eso suele significar entrevistas y otros contextos para capturar la imagen de las estrellas. A veces hay poco tiempo para hacer esas fotos. Otras, el trabajo sostenido rinde sus frutos. Lezano insiste en que es una cuestión de confianza, algo que debe ganarse. «Las relaciones crecen y se mantienen cuando hay respeto. Nunca la ambición de “hacer una foto más” me hizo cagar un vínculo: siempre supe y pude irme a tiempo», cuenta. Y reconoce que con algunos músicos llegó a construir vínculos de amistad duradera. «¡Aunque también es cierto que me costó bajarlos del póster!», confiesa.
«Laburar con Charly es muy divertido», compara Vernazza. «Al conocernos, el tipo no está cuidándose, se comporta naturalmente y me deja registrar todo lo que va haciendo. Pero eso lo logré con los años», agrega. Cuando la finalidad es llevar la imagen a un medio, todos parecen entender que se está trabajando. «Hay de todo, pero la verdad es que los rockeros, en mi experiencia, no se ponen en divas», cuenta Salas. «No tuve problemas, aunque sí te piden “tal cosa no”. Pero igual antes de hacer las fotos siempre se charla sobre qué les gustaría hacer, qué me gustaría a mí, ver qué permite el lugar».

 

Detrás de escena
En el under la relación fluye con mayor naturalidad, considera Natalia Motorizada, acaso porque el centro de la escena está ubicado casi al ras del piso. «A todas las bandas les saco desde que empezaron y eso me da un lugar más cómodo, distinto que si te subís en la cresta de la ola», considera. «En las bandas más mainstream ya es otra la relación: sacás desde el lugar de un intruso, que es más distante».
En este espacio tampoco aparece la obsesión por la imagen. «Te diría que al contrario, me llama la atención el desinterés por la fotografía», destaca Motorizada. Y cuenta que algunas bandas incluso piden bajar las luces a los técnicos. «Hay excepciones, como los chicos de Perrodiablo, que se ocupan de subir fotos de distintos autores a las redes sociales, pero el resto no se preocupa si hay fotógrafo o no».

Juego. Walas de Massacre se disfraza
de rey frente a la cámara de Salas.
(Cecilia Salas)

En el circuito más comercial y establecido, con matices, todos sus colegas advierten la preocupación de los músicos por su imagen. Para Vernazza se limita a las grandes figuras: Charly o Fito Páez, por ejemplo, que se ocupan personalmente o cuentan con un asistente que lo hace por ellos. Para Salas, las figuras «no caen así nomás a la sesión de fotos, pero tampoco se vuelven locos». Esto, claro, en una situación «ideal». En los recitales, los fotógrafos suelen tener un par de temas para ensayar sus flashes y luego no pueden seguir trabajando. «La fosa es chica y somos muchos: solemos estar apretados y chocándonos», cuenta Salas.
En el otro extremo, Lezano no tiene dudas: a las celebridades les preocupa su imagen. Y mucho. Entonces cuenta una anécdota protagonizada por el líder de los Queens of the Stone Age. «Josh Homme antes de empezar me dijo que no le gustaba posar, que quería fotos más naturales. Y le contesté, con una sonrisa, claro: “¿De qué naturalidad me hablás cuando pidieron que contrate a una maquilladora?”».
«Esa imagen fuerte no puede verse amenazada por una mala iluminación, por una pose ridícula o por un maquillaje mal hecho, por eso creo que son hinchas a la hora de las fotos», analiza Lezano. «Pero acá es donde también empieza la responsabilidad del fotógrafo, porque puede haber una producción del carajo, pero si el ojo es pobre tampoco alcanza», dice. Y luego sentencia: «La fotografía es una representación de lo que somos. No somos lo que se ve. Pero para el rock sí es muy importante lo que se ve».

 

Postales en la pared
Dentro del auge de la fotografía de rock tiene lugar un fenómeno muy llamativo: las exposiciones. Desde luego, libros de fotografía rockera los hay desde hace décadas. No son nada nuevo, pero hoy por hoy abundan las muestras de todos los tamaños y formatos dedicadas a la imagen del género. Cada profesional consultado por Acción tiene una hipótesis distinta al respecto. Vernazza destaca que hay «mucha muestra de música en vivo», un aspecto de la disciplina que no le interesa, porque como fotógrafo apenas se controla el encuadre, pero no la luz y tampoco hay libertad para buscar el cuadro perfecto.
En el under, según Motorizada, esto se debe a una iniciativa del propio sector. En general, explica, se da en reductos pequeños que combinan en una misma noche «un mix de poesía con foto de rock y el recital de algún solista». El fenómeno, observa, «no se cruza mucho con la movida de los que tocan con bandas, aunque vaya la misma gente». También crecieron las facilidades para organizar muestras de este tipo: las cámaras digitales son mucho más accesibles y «si tenés un pared, potencialmente tenés una muestra», señala.
«No sé cuánto tienen que ver las redes sociales en esto», reflexiona Salas. «Hay más gente que saca fotos, pero hay una necesidad terrible de mostrarlas al toque, y eso pasa en las redes sociales. Luego aparecen las muestras, pero son muy pocas al nivel de las que puede organizar Nora o Maxi Vernazza», señala. Como aspecto positivo, Salas rescata «que la gente tenga muchas posibilidades de ver fotografía».
Para Lezano, la fotografía rockera goza de popularidad desde hace mucho tiempo. «Incluso los propios músicos traspasaron los escenarios y los vemos en realities, tienen sus marcas de ropa y hasta conducen programas de tele», observa. «También hay muchísimos más fotógrafos dedicados a esto que cuando yo empecé, y es algo que se enseña: hay talleres para fotografía en vivo o para arte de discos. Con todo ese consumo es lógico que haya más homenajes, más merchandising y más muestras, pero también es cierto que los fotógrafos necesitan sacar sus trabajos a la luz y compartirlos».

Andrés Valenzuela