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Evocación de carnaval

Santiago Arias
Shagrada Medra

Tilcareño y coplero. El intérprete, compositor y bandoneonista Santiago Arias lleva esas marcas como señal de identidad. Y en el reciente Evocación de carnaval todo ello está presente. Es un trabajo fino, territorial, melancólico, porque esa celebración aparece invocada desde cierta distancia. Y en un marco de intimidad: la dada por un disco hecho enteramente a bandoneón solo y voz, en su única canción cantada. Tanto en su debut solista Fuellisto como en el posterior Criollo ya se manifestaba su territorio musical: el folclore del noroeste argentino, cierto mundo andino, el resople de su bandoneón, las búsquedas en las tonadas de compositores no tan renombrados y las anónimas. Si en aquellos años demarcó el lugar, ahora su obra ya se construye desde ahí. Un nombre emerge allí como referencia: Dino Saluzzi. En Evocación de carnaval, ese festejo de febrero aparece como en una ensoñación. Entre unas pocas composiciones propias, el grueso está dado a la interpretación: «Elenita/Urpi» de Betancourt/Lazarte; «De sólo estar», «Chacarera del zorro» y «Zamba del mar» de «Cuchi» Leguizamón; «Basta corazón» de Bonny Alberto Terán; los aires tradiciones en «Sueños de Gualamba» y una selección de caporales, entre otros. Es sobre esa materia, sobre esos nombres que Arias traza, de algún modo, su propia cartografía, su lectura de un carnaval que no llega pero que él trae entre sus manos.


Juan Ignacio Babino