Cultura

Guerrero espiritual

El grupo Quinto de Cantares volvió a grabar la Misa para el Tercer Mundo escrita por el cura villero. Y también concretó su presentación en público. El registro original había sido destruido por la Triple A, la fuerza parapolicial que lo asesinó en 1974.


Buenos Aires. Este mes el conjunto interpretará la pieza en el Teatro La Casona. (Prensa)

Señor Dios, cordero de Dios/ que sigues desangrándote, en/ los hacheros del Norte/ En los mineros bolivianos, desangrándote/ En el frío de los pobres, desangrándote/ La carne del torturado, desangrándote». Así se escucha en la Misa para el Tercer Mundo, escrita por el padre Carlos Mugica. Y esto es posible gracias a la labor del grupo Quinto de Cantares, integrado por Fernando Collados, Galo García, Rodolfo Amy, Eduardo Rozas, Oscar Escalada y Guillermo Montecchia. Ellos han vuelto a grabar el disco, que lleva las letras de Mugica y la reconstrucción de las partituras perdidas de Roberto Lar. Además, el jueves 10 de este mes lo vuelven a presentar en el Teatro La Casona, ubicado en plena avenida Corrientes.
Se trata de un regreso, pues la pieza ya había sido registrada por el Grupo Vocal Argentino, junto con un conjunto de unos 50 músicos, entre 1973 y 1974 en los estudios de RCA Víctor. Pero las 50.000 copias y los masters fueron secuestrados y destruidos por presuntos policías y agentes de la Triple A. Solo se salvaron una veintena de ejemplares que los propios músicos llegaron a esconder en sus casas.
En la Misa… se conjugan el arte de la palabra y de la música; la mirada social, política y económica a las injusticias en América Latina; y una relectura del pensamiento cristiano y de la liturgia católica que organiza la composición en cinco segmentos: «Kyrie», «Gloria», «Credo», «Sanctus» y «Agnus Dei». Todo va teñido por el recuerdo y el dolor del asesinato de Mugica, también a manos de la Triple A, el 11 de mayo de 1974.

Voluntad y energía
Referente del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, fundador de la parroquia Cristo Obrero en la Villa 31 de Lugano, Mugica había nacido en 1930. Collados y García no solo lo conocieron, sino que también trabajaron con él, pues integraron aquel Grupo Vocal Argentino que grabó originalmente la Misa. «Era un hombre muy inquieto: daba misa en un lado, iba a la villa, hacía trabajo social, venía a los ensayos, modificaba algunas letras», cuenta Collados. «Era un tipo con mucha fuerza, voluntad, energía. Venía de una familia rica y se dedicó a luchar por la clase más necesitada. En el gobierno de Isabel Perón lo mataron vilmente. Era un hombre de paz, un guerrero espiritual incapaz de levantar un arma, pero su lengua era el arma más peligrosa para los poderosos de aquel entonces».


Autor. Las inquietudes sociales de Mugica.

Por su parte, García lo describe como «un tipo adorable, súper simpático, muy trabajador, bien concreto en sus inquietudes. Cuando estábamos haciendo la Misa, siempre pedía “Muchachos, que se entienda la letra”. Después, vinieron el asesinato y la prohibición de la Misa. El día del estreno, mientras yo probaba sonido en el teatro, cayeron las fuerzas del orden: “Esto no se puede hacer, desenchufen todo, está prohibida la obra”. Ese mismo día, cayeron a la RCA Víctor, rompieron todas las matrices, secuestraron todas las copias y la obra desapareció. Ahora tengo la alegría de volver a cantarla».
En la coyuntura que 2018 plantea para la Argentina y para América Latina, parece necesario regresar a Mugica y a su prédica. Se trata de una «misa testimonial, porque testimonia lo que les pasaba a los trabajadores y los pobres, a los que él se dirigía en su sacerdocio», dice García. Y Collados completa: «Esta misa no es una obra de protesta, es la voz de los necesitados, de los desposeídos. Es una problemática latinoamericana: la falta de inclusión, la dificultad para llegar a tener un estudio, una casa, un trabajo, seguridad, la posibilidad de crecer como ser humano».