Cultura

Heridas cotidianas

Conocida por sus trabajos con el grupo El bachín, la actriz estrena un unipersonal en el Centro Cultural de la Cooperación. «Los golpes de Clara» es una comedia que explora las distintas manifestaciones de la violencia. Desafío estético y compromiso social.

En el ring. La imagen de una boxeadora fue el punto de partida para la pieza de Guevara. (Gentileza CCC)

Desde hace 17 años, Carolina Guevara integra el grupo de teatro El bachín, con el que estrenó una decena de obras. Son espectáculos producidos con excelencia, capaces de ofrecer una reflexión sobre la historia y el presente a partir de una estética brechtiana. El humor de El bachín lleva la inconfundible marca de su dramaturgo y director, Manuel Santos Iñurrieta, siempre atento al cuidado del lenguaje y al lucimiento parejo de todos los actores. Por eso resulta tan singular el estreno de Los golpes de Clara, la primera obra en la que Guevara actúa por fuera del grupo y, además, sola. Es un unipersonal sobre una mujer que, harta de las diferentes manifestaciones de la violencia cotidiana, emprende la tarea de organizar una cuadrilla de congéneres.
La pieza la encuentra comprometida desde su propia génesis. «Me sentí atravesada por la situación coyuntural de la violencia, que provoca todo lo que sucede: las injusticias, el maltrato, el desempleo, el hambre. ¿Cómo canalizar esa violencia? Y me apareció la imagen de una mujer boxeando para poder redireccionarla», explica la actriz. Esa imagen fue el inicio, el impulso para sentarse a escribir. Un trabajo supervisado por el director Leandro Rosati, figura clave del mítico Parakultural, quien también abrió Medio Mundo Varieté. Rosati guió la escritura y se ocupó de la dramaturgia.
En Los golpes de Clara asisten, desde los rubros técnicos, Julieta Grinspan, Marcos Peruyero y Alfredo Aguirre, también integrantes de El bachín. «Aunque trabaje con amigos no es un espectáculo del grupo, fundamentalmente porque voy a trabajar otro lenguaje. La obra es una comedia y, más allá de que con El bachín tenemos un código de humor, el trabajo estético es otro», sostiene Guevara. Como no podría ser de otra forma, sabe muy bien que la concepción de Brecht sobre la relación entre el actor y su espectador implica un distanciamiento. El sentido de esta decisión estética y política tiene como principal objetivo la producción de un juicio crítico sobre lo que acontece allí, en el escenario. El rol del intérprete es decididamente activo.
Pero más allá de las nociones centrales del autor de La ópera de los tres centavos, el pasaje de una estética a otra le significó a Guevara un desafío aún mayor. «Me costó un montón, porque son 17 años de trabajar un lenguaje diferente. Y la verdad es que tenés el cuerpo moldeado a partir de eso. Y otro código en el actuar, el decir, en cómo entender los textos. Fue entenderme de nuevo como actriz, darle lugar a algo de lo que tenía ganas. Y todo lo demás suma, lo que uno trae se acumula para bien», reflexiona. Y profundiza: «En una comedia de este tipo, el personaje transita orgánicamente por todos los estados de ánimo, incluso la furia y la tristeza. En el teatro épico uno se distancia, mientras que lo que buscás acá es la identificación. No hay posibilidad de que uno se ría si no se ve identificado».
Además de los riesgos actorales asumidos, hay un compromiso con lo social que Guevara deseaba abordar desde la escena y que tiene que ver con revisar cuestiones de género vinculadas con la violencia. «Cuando se suceden los #NiUnaMenos o nos enteramos de un femicidio todos decimos: “¡Qué barbaridad!”. Y a veces el maltrato está en la violencia doméstica, como si fuera natural que las mujeres se encarguen de los hijos, de la casa, de los enfermos», reflexiona. Por último, pondera el encuentro íntimo entre el actor y el espectador. «Yo me sigo sorprendiendo de que aún con toda la explosión mediática y tecnológica, siga habiendo un grupo de gente que sigue yendo al teatro. Eso me parece increíble. Siguen eligiendo sentarse en una butaca para que le cuenten un cuento, viendo el aquí y ahora de esos actores. Algo seguimos aportando. Yo me considero una trabajadora que es actriz, un engranaje más de todo lo que se puede hacer para cambiar las cosas», concluye.