Cultura | Los escritores apuestan a twitter

Hilos literarios

Desde que la red social del pajarito amplió la cantidad de caracteres en los posteos de sus usuarios, los autores se volcaron a explorar el nuevo formato. Ariana Harwicz, Guillermo Martínez y Daniel Molina describen su experiencia en primera persona.

Textuales. Algunos de los tuits firmados por Harwicz, Molina y Martínez.

pesar de que Twitter está entre nosotros desde 2006, fue recién cinco años después, cuando se duplicó la cantidad de caracteres por tweet a 240, que la literatura empezó a tallar en esta red social. Claros ejemplos del movimiento y su impacto en las audiencias son los canadienses Jean-Yves Fréchette y Jean-Michel Le Blanc, quienes fundaron el primer Instituto de Twitteratura Comparada (ITC) de Burdeos-Quebec, que desde 2012 organiza el festival internacional del género.
Por otra parte, la primera novela reconocida de este tipo fue la española Serial Chicken, sobre una gallina asesina. Su autor es el escritor y periodista Jordi Cervera (@JordiCervera), que la divulgó en microcapítulos diarios a través de su cuenta.

Apuntes filosos
Con la entrada en escena de los hilos que la red social del pajarito habilitó a fines de 2017, la tarea del twitterato –por la combinación entre twittero y literato– se facilitó. Uno de los aprovechó la nueva herramienta fue Pablo Maurette (@maurette79), autor e investigador radicado en Estados Unidos desde 2004, conocido por tomar la iniciativa de publicar el libro La Divina Comedia en forma de tuit, a razón de un canto por día.
Otros escritores locales tomaron la posta de diversas maneras. Ariana Harwicz (@ariana harwicz), autora de Mátame, amor y La débil mental, se conecta desde su casa en París y dice haber encontrado en Twitter «un espacio diferente al que trabajo en mis novelas. Es como pensar en voz alta y derramar ideas que pueden estar relacionados con la literatura o no, pero debo decir que estoy atenta al modo en que lo expreso». Se nota en sus posteos el poder de su prosa y la violencia sin filtro de su pensamiento. Un ejemplo textual: «No hay que premiar a un escritor por su compromiso público, lo público es un engaño. Beauvoir/Sartre tiran a la boca de los nazis a su amante judía. Neruda, comunista, deja morir de hambre a su hija enferma. Malraux, héroe francés, llamará a su odiada hija Florence, “el objeto”».
Autor de Autoayuda para snobs, ensayo basado en sus reflexiones twitteras, el periodista y escritor Daniel Molina (@rayovirtual) asegura que «Twitter es el cerebro colectivo de nuestra época. Acá uno no solo se entera de qué sucede, sino que se elabora en conjunto un pensamiento, una escritura y una lectura. Estamos produciendo discursos nuevos, breves, instantáneos y relativamente efímeros, porque mucha gente copia los tuits que odia u ama y los guarda».
El escritor y matemático Guillermo Martínez (@leoysubrayo), galardonado con el Premio Planeta, probablemente haya sido el escritor más creativo durante la pandemia, aunque su afición por la red social data de hace años. «Durante la cuarentena, junto con Claudia Piñeiro y otros escritores, organicé unas simultáneas de narrativa en un hilo de frases, que salió muy bien. Y subí también una antología de cuentos para mí memorables que se llama Cuarenta más uno: cuentos de la cuarentena y que tengo todavía como tuit fijado en mi cuenta».
A su turno, Daniel Ducca (@dducca) comenta que «al igual que otras iniciativas que llevamos adelante, como el newsletter “Poesía por WhatsApp”, el “BorgesPalooza” por Instagram y ahora el “Diccionario de libros”, hay una búsqueda de promover la cultura y el acceso al conocimiento desde las nuevas narrativas digitales. Pero en este caso también se busca la participación directa de los usuarios en la producción de sentido y de contenido. Parafraseando a Jacques Rancière, es el espectador digital emancipado».
Twitter y el resto de las redes promueven aquí y ahora una experiencia inmersiva, donde la figura del autor se completa con la mirada de los lectores, generando así una nueva aproximación a la creación, más afín a las propuestas colectivas.


Cristina Civale